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Editorial & Columnas

Un Magdalela con solidez

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza

Hoy podemos decir que tenemos una historia tergiversada en el departamento impuesta por quienes pretenden reescribirla política y mentirosamente con un libreto en el que la desmemoria democrática muestra unas realidades a su manera, elaborando relatos partidistas que confunde a las sociedades sanas, transparentes y justas. Se soportan con sonrisas forzadas y caras que delatan el presente del departamento subrogándose el porvenir, lo que ya empieza a no tener eco, así los aúlicos de quien gobierna y sus mediocres asesores se esfuercen en querer mostrar escenarios de felicidad, cuando la realidad es que a su líder se le vuelven en contra los datos objetivos de la economía y la propia verdad. 

En lugar de evolucionar, involucionamos, no se ve reforzada la vocación democrática del pueblo magdalenenses. Se ha pretendido un populismo intelectual miope y simplificador, sin rigor histórico ni lucidez, amén que tratan de imponer una lógica de cambio y alternancia como modificación intencionada del querer popular, lo que no les está funcionando y antes por el contrario se les empieza a desmoronar la patraña. El relato gubernamental pretende igualmente decir e imponer cómo tienen que pensar los magdalenenses. cómo obrar; y de cara a las próximas elecciones, cómo hay que votar para seguir ellos sosteniendo su relato abusivo de democracia a golpe de mentiras, que empieza a no alcanzarles para sostener un andamio que amenaza con derrumbarse con todos sus engañados colgados de la brocha, pero agarrados desesperadamente a la cuerda de la nada. 

El inquilino del Tayrona, no consiente aún que su incidencia es cada vez menor, no se resigna a ello y acude con desespero a su coro mediático y a la utilización de los incautos que aún le quedan, con una visión seudo democrática, razón por la que su actuar rechina incluso en quienes creía de su lado en el orden ejecutivo central, del que lo tienen ignorado, al tiempo que lo califican como desobediente, desafiante e incapaz de  resistir el filtro de los entes  de control y el rigor fundamental para responder al interés partidista que debe cobijarlos. Poco a poco la degradación se va apoderando del Mandatario del Magdalena, empeñado en fomentar polarizaciones porque encuentra en la confrontación la movilización de su electorado, mientras los magdalenenses sensatos contrarios a sus caprichos están apesadumbrados ante la inercia de su gobierno. 

Nos han querido imponer criterios para nada valederos impulsados en los últimos años desde los propios resortes del poder, lo que nos ha obstaculizado progresar hacia un mejor porvenir. Creo firmemente que todo cambiará y que todo será posible, porque el departamento del Magdalena, además de ser una unidad territorial diferente, es único, debe y tiene que ser sólido, so pena de sucumbir irremediablemente de seguir como mal vamos.