Editorial & Columnas
Que no se nos desborde más la violencia
Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza
No pueden permitirse más nuestras autoridades evidenciar tibias posturas, ni que la ciudadanía y comunidad perciban como lo viene percibiendo, que poco o nada se haga frente a la inseguridad galopante e inmisericorde de violencia que padeciendo estamos en nuestro seno, menos cuando ya conmemoramos 499 años de existencia fundacional. Con el paso de los días, movidos no se sabe por qué incentivos, ni por quiénes impulsados, se vienen dando cambios de poder delincuencial en espacios citadinos, mismos que la colectividad traduce como que se viene actuando ente lo cual con debilidad y temor ante la delincuencia organizada, y que quizás se estaría siendo dependiente de ella.
De destacar, la valiente y patriótica actuación de nuestro burgomaestre, que bajo ninguna circunstancia, ha dicho, permitirá la expansión de tan graves desmanes, del afianzamiento de la narco delincuencia, lo que debe y tiene que ser posible con el concurso de todos los sectores públicos, privados y fuerzas vivas que actúan e interactúan en la ciudad y nacionalmente, que reciban de contera un claro padrinazgo que además sirva de soporte para adelantar actuaciones honestas y decididas en claro contexto de proseguir sin miedo, con prisa y sin paisa, en esta tarea que debe ser más que decidida y definitivamente encomiable.
Tenemos la obligación de reaccionar de manera contundente. No puede más la ciudad seguir desbordada por la delincuencia común y organizada de distinto origen, naturaleza, objetivos y propósitos, como tampoco seguirse permitiendo que continúen controlando sinnúmero de escenarios y con múltiples prácticas de terrorismo, como lo ha evidenciado el Gobierno Distrital, que ha calificado la situación como una orquestación de y con muy claros tintes políticos, para la que hay que tener en la sala de operaciones, como señalara un gran cirujano hispano: Ojos de águila, por cuanto hay que considerar el universo en que debe actuarse. Corazón de león, para que haya firmeza con convicción. Manos fina, para cortar lo que se deba, con el menor riesgo.
Igual como definitivo y efectivamente importante sobremanera es en esto de la violencia, tener la serenidad para no caer en banalidades, sino ocuparse de lo esencial, confrontarnos de manera consciente, ojalá sin agravios, burlas ni desprecios; pero en todo caso, debe ser una serenidad que no debe nutrir impunidad ni encubrimiento. Así mismo, tener en cuenta que intereses y conveniencias muchas veces estarán en contradicción, y en ese escenario se van a generar argucias, artificios, sutilezas, tergiversaciones, sofismas y apariencias; razón por la que quienes ejercen en espacios de poder deben tenerlo meridianamente claro, so pena de permitir que los asuntos en cualquier momento o evento se salgan de madre, lo que es a todas luces catastróficas y desde luego nada beneficioso para la comunidad.
