La Firma
¿Acuerdo Nacional?
Por: Iván David Correa Acosta
En el marco del Festival de las Ideas, en Villa de Leyva, el ministro del Interior Juan Fernando Cristo logró aterrizar el famoso Acuerdo Nacional, al cual él presidente Petro ha hecho referencia en infinidad de ocasiones, vociferando gran cantidad de ideas, algunas difusas, otras veces hasta refiriéndose a las condiciones en las que estaría enmarcando el pacto.
Por fin el ministro Cristo logró sintetizar casi dos años de ideas etéreas y complejas de discutir, en 5 principales, qué resumidas, hablan de la importancia de la deliberación argumentada, de la erradicación de la violencia política, del abordaje del posconflicto en el marco del Acuerdo de Paz con las FARC, la transformación económica y la aprobación de las reformas sociales, los ejes de la propuesta del presidente, traídas de nuevo a colación en este Acuerdo.
Ideas que han sido sintetizadas también por sus ministros estos dos años, en especial por la cartera del Interior, claves que siempre estuvo mirando el anterior responsable de la cartera, Luis Fernando Velasco y ahora Cristo, que fue traído especialmente para ello, para llevar el mensaje de la conciliación y de la paz política que tanto se necesita en estos momentos. Sin embargo, se ve lejana la posibilidad de un Acuerdo Nacional a tan poco tiempo del calendario electoral del 2026 y con unas declaraciones controversiales del presidente que terminan de dinamitar los puentes que a menudo tienden sus ministros y Laura Sarabia, con globos que buscan capturar la atención de la opinión pública pero que se llevan por delante la gestión tras bambalinas conciliadoras que emprenden los responsables de cada cartera. En especial hago alusión a un despropósito como lo dicho esta semana con la alusión a la elección popular de jueces y magistrados, que aleja por completo a los integrantes de la Rama Judicial, entre ellos a los magistrados de las Altas Cortes, que lo consideran una afrenta tanto a la Constitución de 1991, como a la independencia del poder judicial respecto al Ejecutivo, dos situaciones consignadas en el borrador de Cristo y que tiran la borda, de por lo menos su adhesión a la conversación nacional, y que evidencia que el presidente Petro va, por un lado, y la conciliación de Cristo, por otro, una desarticulación entre dos frentes que se tensionan entre sí.
Definitivamente, aspectos como el des escalamiento de la violencia política es necesaria en un debate cada vez más polarizado, más deshumanizante y más amenazante para cualquiera de los actores políticos, pero precisamente las amenazas y el discurso golpista ya son parte del panorama político por parte del presidente, las teorías alrededor del lawfare y los señalamientos, muchas veces calumniosos o injuriosos (Hay fallos del Consejo de Estado que han obligado al presidente a retractarse), mientras que los ministros se han convertido en bomberos de cada una de las declaraciones del presidente con los gremios, los empresarios, los medios, la ciudadanía en general.
El Acuerdo Nacional se avizora como una diatriba entre el mismo presidente y sus ministros que casi nadie parecería entender, el mismo presidente incendia el debate con sus declaraciones y sus ministros intentan aminorar o contener los daños ocasionados, llamando al diálogo o a tratar de servir de traductores de las declaraciones que ya son más
control de daños que otra cosa.
Así es muy difícil llegar a un Acuerdo en cualquier sentido, mientras haya una relación de pirómanos y bomberos, en cualquier ámbito y cualquier sentido del debate, ya sea Gobierno u Oposición (habrá espacio para eso en una columna venidera), mientras tanto el ministro Cristo sigue llamando a conversar, a cafés, a sentarse con actores disímiles de la política colombiana pero que por ahora conduce a nada, a un simple borrador de buenas intenciones.
