Editorial & Columnas
Los 500 años de atipicidad: El alcantarillado
Por: Wesley Campo
No había otra forma de empezar un año atípico como lo son los 500 años de la ciudad que con un aguacero que se extendió por varios días. Tormentas eléctricas y brisas que hacían honor al remoquete del equipo de la tierra. Las condiciones climatológicas nos tomaron por sorpresa, pero la emergencia subyacente no debería. Inundaciones masivas colapsaron calles, avenidas y barrios enteros. La incapacidad del sistema de alcantarillado para evacuar el agua refleja no solo el déficit de infraestructura —que se conoce desde hace años—, sino también un modelo de gestión hídrica obsoleto que está lejos de responder a las necesidades actuales.
El sistema de alcantarillado de Santa Marta enfrenta múltiples problemas: capacidad insuficiente, falta de mantenimiento, obstrucciones por desechos sólidos debido a una gestión ineficaz de residuos, y la ausencia de campañas educativas sostenidas que fomenten un uso responsable de los recursos hídricos. A esto se suma el crecimiento urbano descontrolado, sin una adecuada planificación territorial, y los efectos del cambio climático. El resultado: una ciudad que no está preparada para afrontar ni siquiera las lluvias moderadas, mucho menos tormentas de gran magnitud.
A lo largo de los últimos años, hemos visto múltiples proyectos anunciados con bombos y platillos que no se materializan o fracasan en su ejecución. Por ejemplo, el constante estudio de la solución del agua que carecía de un plan de alcantarillado adecuado, o la intención de construir una planta desalinizadora que nunca llegó a concretarse y nada se supo de ese prespuesto. Mientras tanto, los ciudadanos enfrentan inundaciones que afectan sus viviendas, comercios y medios de transporte. El agua estancada, además, se convierte en un caldo de cultivo para enfermedades como el dengue y la leptospirosis, añadiendo un componente de salud pública a esta crisis.
Hablaba con parte de mi equipo sobre lo fácil que sería quedar en la historia de Santa Marta. Imaginemos a un mandatario que, en una misión diplomática, se traslade a Tokio para estudiar su sistema G-CANS o a Singapur para aprender de su sistema NEWater. Estas son ciudades que no alcanzan los 500 años, pero que parecen llevarnos 500 años de ventaja en infraestructura y gestión del agua. Firmar acuerdos de cooperación internacional, establecer relaciones de ciudades hermanas, atraer inversión extranjera y desarrollar alianzas público-privadas podría ser un camino viable para transformar nuestra realidad. Un proyecto de alcantarillado que no solo funcione para la población actual, sino que esté planificado para los próximos 100 años, sería el tipo de visión que Santa Marta necesita.
El cambio climático hace urgente una infraestructura más robusta y resistente. Ciudades como Tokio y Singapur han demostrado que es posible enfrentar estos desafíos con tecnología e innovación. Tokio, por ejemplo, cuenta con el sistema G-CANS, una red de mega túneles que desvía el exceso de agua de lluvia hacia ríos y embalses. Singapur, por su parte, ha desarrollado NEWater, un sistema de tratamiento y reutilización de agua que no solo asegura el suministro, sino que también protege a la ciudad de inundaciones. Estas soluciones, adaptadas a nuestro contexto, podrían ser clave para Santa Marta, en vez de como sucede ahora, todas la aguas sucias terminan en el mar sin ningún tipo de tratamiento. Sin embargo, hablar de soluciones también implica reconocer los errores del pasado. La transición de una empresa privada a una pública para la gestión del agua que terminó quebrada, desfalcada y, quizás en medio de la atipicidad, como una cartera menor, lejos de mejorar la situación, ha incrementado la crisis y los costos para los usuarios. Esto demuestra que no se trata solo de quién gestiona, sino de cómo se gestiona. Necesitamos un plan integral que aborde el problema desde todos los ángulos: infraestructura, educación, legislación y cooperación internacional.
Un componente crucial de este plan debe ser la educación. Sin una ciudadanía informada y comprometida, cualquier esfuerzo será insuficiente. Campañas sostenidas para sensibilizar sobre el manejo de residuos, el ahorro de agua y la importancia de no arrojar desechos a los drenajes son fundamentales. Además, debemos fomentar una cultura de participación ciudadana que exija transparencia y resultados a las autoridades.
El impacto de esta crisis va más allá de lo tangible. Las inundaciones también generan estrés y ansiedad en la población, afectando su bienestar emocional. Las familias que pierden sus pertenencias, los comerciantes que ven sus negocios afectados son ejemplos de cómo esta situación afecta cada aspecto de nuestra vida diaria.
La solución a esta problemática no será sencilla ni rápida, pero es posible. Necesitamos liderazgos comprometidos, alianzas estratégicas y una ciudadanía activa. Santa Marta, con sus 500 años de historia, merece una visión de futuro que honre su legado y prepare el camino para las generaciones venideras. No podemos permitir que la inercia y la falta de voluntad política sigan definiendo nuestro destino.
La voluntad política no está sobrevalorada. Es el motor que puede transformar ideas en acciones y proyectos en realidades. Hagamos que estos 500 años sean un punto de inflexión, el momento en que decidimos construir una ciudad resiliente, sostenible y digna de su historia. Porque hablar de soluciones no es engorroso: es necesario, es urgente, es inevitable.
