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Salud

El sedentarismo y los estigmas sociales frenan la actividad física en Colombia

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Por: Dra. Liliana Lozano.

El sedentarismo está asociado al desarrollo de al menos 35 enfermedades, entre ellas afecciones cardiovasculares, metabólicas y musculoesqueléticas. En contraste, la actividad física es reconocida como uno de los mecanismos más efectivos para la prevención y tratamiento de múltiples patologías. Sin embargo, en Colombia persiste una barrera menos visible pero profundamente arraigada: los estigmas culturales alrededor del ejercicio.

Especialistas advierten que uno de los principales obstáculos para promover hábitos saludables no es la falta de información, sino una percepción social que desvaloriza el movimiento corporal. Caminar como medio de transporte, por ejemplo, continúa siendo visto como una práctica asociada a personas de bajos recursos, más que como una actividad placentera, sostenible y beneficiosa para la salud.

Situaciones similares se presentan con el levantamiento de pesas, especialmente en adultos mayores, donde aún prevalece la idea de que esta práctica está reservada exclusivamente para hombres o para mujeres que rompen con los roles tradicionales. Estas creencias limitan el acceso de muchas personas, en especial mujeres de la tercera edad, a ejercicios clave para la prevención de la osteoporosis y la pérdida de masa muscular.

A ello se suma la carga histórica y social que rodea la apariencia física. Tener la piel bronceada, producto de actividades al aire libre, sigue siendo asociado en algunos sectores con estratos sociales bajos o con oficios manuales, una visión heredada de generaciones anteriores. En el caso de los baby boomers y generaciones previas, incluso se mantenía la noción de que una mujer que permanecía en espacios públicos no era considerada “digna”.

El baile, una de las actividades físicas más completas desde el punto de vista cardiovascular y cognitivo, tampoco escapa a estos prejuicios. En muchos casos se le vincula exclusivamente con el consumo de alcohol y el trasnocho, ignorando su valor como herramienta de recreación, bienestar mental y ejercicio integral.

Este conjunto de estigmas configura una barrera cultural difícil de romper al momento de promover o prescribir actividad física como parte de una vida saludable. Expertos coinciden en que el desafío va más allá de las recomendaciones médicas y requiere estrategias sociales y culturales innovadoras que permitan transformar estas percepciones.

Ante este panorama, se plantea la necesidad de impulsar experimentos sociales y campañas educativas que resignifiquen el ejercicio, lo desvinculen de prejuicios de clase, género y edad, y promuevan una sociedad más activa, consciente y saludable.