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Editorial & Columnas

La geografía de la vida

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Abrazados por el sosiego, una vez superadas las inusitadas precipitaciones en el Caribe colombiano, repentinamente la Geografía de la Vida, se transforma en un escenario en el que discurren coincidentes un plural de decisiones judiciales, políticas y administrativas que conciernen al territorio Samario. Entonces, a la excesiva pluviosidad, que no fue ajena al macizo que conecta la montaña con el litoral, se agregan las trascendentales decisiones que comentaremos en lo sucesivo. Una de estas es la sentencia del Consejo de Estado, que declara nulo el decreto 1500, acto administrativo suscrito el 6 de agosto de 2018, expedido en el epilogo del segundo periodo Santos, que determina en 348 hitos la forma para la salvaguardia, protección y conservación del territorio tradicional y ancestral, que es algo así como el reconocimiento a la comunicación milenaria de la Ancestralidad, por los senderos que conducen de la Sierra Nevada de Santa Marta a las bahías y ensenadas en el litoral Caribe.

Las otras decisiones que modulan la ocupación del espacio geográfico que gestiona parcialmente el Distrito de Santa Marta, se refiere a la firma del acuerdo socio jurídico autorizado por el gobierno nacional e involucra a los grupos armados ilegales asentados en la Reserva de Biosfera que es la Sierra Nevada de Santa Marta, y, también, la decisión de Parques Nacionales de restringir el acceso de turistas al Parque Tayrona. No sorprende que la asociación de las capitales del país sea la nefanda protagonista por su coadyuvancia a la demanda que culmina en la decisión el Consejo de Estado, que como consecuencia estrafalaria redefine La Cartografía de La Vida en la Cartografía del Desastre, decisión que resucita el desajuste que se creía superado por las justas actuaciones en el Gobierno Pastrana Arango, que se profundizo en el periodo Santos II, en que se concertó con Los Pueblos Originarios, las líneas de la Ancestralidad entre la montaña y el litoral, ajustando la historia a que Los Pueblos descendientes de los Tayrona, están presente desde siempre. Estos coincidentes eventos nos convocan a revisar La Geografía de la Vida, y de paso contrastarla con lo que expertos han llamado la geografía de la violencia. En consecuencia, nos resistimos a insinuar que el escenario de la vida esta indefectiblemente asociado a la muerte o a la violencia.

El corazón del Mundo, es un poderoso mensaje para la transformación que implica reconocer las circunstancias muy particulares que se presentan en el litoral Caribe y la montaña en múltiples escenarios Samarios, que atañe no solo al territorio desde el punto de vista jurídico-político, pues lo trasciende, va más allá del límite geográfico y cartográfico, arte este que se modernizó apenas años previos a la presencia hispana en Tierra Firme. Entonces, un poco para concebir la columna, que iniciamos a instancia de la invitación que nos hiciese el director de Opinión Caribe, el análisis semanal sobre La Geografía de la Vida, enfatizará en los aspectos problemáticos y en los factores de la violencia que acicatean a la sociedad Samaria, Magdalenense y el Magdalena Grande.

Diría un acucioso lector que de suyo los factores de la violencia estarían identificados, y que solo se reeditaría lo realizado por otros, luego, el desafío que orienta la reflexión es que ésta contribuya a dilucidar que elementos impactan convivencia en el territorio y como los múltiples actores inciden en la cotidianidad de la capital del Magdalena, que conmemoro reciente, el momento quingentésimo, por lo tanto es precursora de lo que la CAF llama ciudades quingentésimas, que lo serían próximamente, Riohacha y Valledupar.

Los territorios de La Cartografía de la Vida, están poblados por Pueblos indígenas que se resisten a ser parte del paisaje, pues, son actores importantes y son parte de la dinámica de las ciudades y sus entornos, los que las urbes no alcanza su comprensión ni logran gestionarlo eficientemente. Finalmente, transitaremos por los caminos de la Ancestralidad en procura que las decisiones judiciales, políticas y administrativas que conciernen al territorio interpreten adecuadamente al profesor Francisco Gutiérrez Sanín, que en columna reciente en El Espectador, estimula a que los operadores judiciales incorporen en las decisiones, a guisa de aplicar el aforismo que en la interpretación de la Constitución prima lo sustancial sobre las formas y en este caso La Geografía de la Vida, que es la historia de los Pueblos Originarios.