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Del diagnóstico a la acción: el reto del nuevo Plan Decenal en Santa Marta

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Durante años, la educación en Santa Marta ha sido diagnosticada, analizada y debatida sin que los cambios estructurales logren impactar de fondo la realidad de miles de estudiantes.

Hoy, con nuevos informes sobre la mesa y el anuncio del Plan Decenal 2025-2035, la ciudad vuelve a situarse en un punto crítico: reconocer sus avances sin ignorar que las brechas siguen marcando el rumbo del sistema educativo.

En ese contexto, el Informe de Calidad de Vida 2025 de Santa Marta Cómo Vamos revela una realidad compleja. Aunque se registran mejoras, como la reducción del analfabetismo al 2,2 % y el aumento del puntaje en las pruebas Saber 11 hasta 254 puntos, la tasa de deserción escolar se mantiene en 4,34 %, lo que significa que más de 5.000 niños y niñas siguen fuera del sistema educativo.

El dato, más allá de lo estadístico, evidencia que el problema de fondo no ha sido resuelto: la permanencia escolar continúa siendo una de las principales fracturas del sistema. A esto se suma una desigualdad persistente en la calidad educativa. Mientras más de 15 colegios privados alcanzan la categoría A+, solo una institución oficial logra ese nivel, dejando en evidencia una brecha que sigue reproduciendo inequidad.

Asimismo, el informe presentado en 2024 por Santa Marta Cómo Vamos ya anticipaba este escenario. Si bien se reconocían avances en algunos indicadores, el sistema educativo continuaba mostrando dificultades para garantizar condiciones equitativas.

La ciudad mejoraba en cifras, pero no en profundidad. El rezago frente al promedio nacional persistía y las condiciones entre lo público y lo privado seguían marcando diferencias significativas en los resultados académicos.

En 2023, la alerta fue aún más contundente. Más de 5.015 estudiantes abandonaron las aulas, y el 86 % de ellos pertenecía a primaria y secundaria. El informe de Santa Marta Cómo Vamos no solo evidenció un problema educativo, sino una crisis social: cada niño que deja la escuela representa una cadena de oportunidades truncadas.

La deserción dejó de ser un indicador aislado para convertirse en el reflejo de múltiples factores: condiciones económicas, falta de acompañamiento y debilidades institucionales.

Los problemas de calidad tampoco son nuevos. En 2022, cifras del Ministerio de Educación Nacional ubicaron a Santa Marta con un puntaje global de 248, por debajo del promedio nacional (254), posicionándola entre las ciudades con peor desempeño educativo del país.

Este resultado no fue un hecho aislado, sino la evidencia de fallas acumuladas durante años en aspectos como infraestructura, formación docente y gestión educativa.

El Plan Decenal:

Frente a este panorama, la administración distrital ha presentado el Plan Decenal de Educación 2025-2035 como la gran apuesta para transformar el sistema. Articulado con el programa Santa Marta 500+, este instrumento promete trazar una hoja de ruta clara en temas clave como calidad, cobertura, infraestructura y permanencia.

La iniciativa cuenta con el respaldo de Cenit y el acompañamiento técnico de la Universidad del Magdalena, e incluye un proceso participativo con diagnósticos, visitas a instituciones educativas y la vinculación de la comunidad.

Sin embargo, el reto no está en la formulación. Santa Marta ha tenido diagnósticos suficientes. El verdadero desafío es la ejecución sostenida, la continuidad en el tiempo y la capacidad de traducir la planeación en resultados tangibles.

La secretaria de Educación, Sandra Muñoz, ha señalado que el Plan priorizará la formación docente, la inclusión y la calidad educativa. Pero el éxito dependerá de que estas apuestas no se queden en el papel.

Más que un plan, una prueba de voluntad

La firma del Manifiesto por la Educación simboliza un compromiso colectivo, pero también abre una pregunta inevitable: ¿será este el momento en que Santa Marta pase del diagnóstico a la transformación real?

La ciudad no parte de cero. Tiene avances, talento docente y una comunidad educativa activa. Pero también carga con una deuda histórica que no admite más aplazamientos.

Hoy, el Plan Decenal 2025-2035 representa una oportunidad. La diferencia estará en si logra romper el ciclo de promesas y convertirse, por fin, en el punto de quiebre que la educación samaria lleva décadas esperando.