Metrópolis
Las autoridades competentes se declaran incompetentes
En la capital del Magdalena existe una problemática ambiental que está siendo pasada por alto por quienes se supone deben velar por el bienestar de los samarios.
En el sector de Brisas del Nevado, ubicado en la parte de atrás del barrio Santa Cruz, sobrevive una comunidad que ha permanecido a la espera de ayuda por parte de quienes, en algún momento, se comprometieron a velar por los intereses de los más necesitados. Sin embargo, hoy en día esa obligación parece haberse convertido en un ruego, una petición constante que no ha sido atendida.
La situación es insostenible. Los dos últimos frentes fríos que dejaron estragos en barrios de la zona urbana y rural de Santa Marta, también arrastraron ramas de árboles, basura y plásticos hacia la Quebrada Tamacá, un afluente que continúa agonizando y evidenciando la cruda realidad de un “río de basuras” que, hasta hoy, sigue acumulándose en su cauce.
Sandra Vargas, moradora preocupada del sector anteriormente mencionado, relata cómo la comunidad ha permanecido a la espera de una intervención inmediata por parte de la administración distrital, la empresa Atesa o, en su defecto, la Essmar.
“Como personas que vivimos alrededor de la quebrada, hemos tocado puertas en entidades ambientales como el Dadsa, en la Alcaldía, en la alcaldía menor y ante el edil del barrio Santa Cruz.
En algunas ocasiones, la entidad encargada de la recolección de basuras nos ha brindado apoyo, pero no ha sido suficiente. Incluso, la comunidad ha tenido que reunir recursos propios para cortar árboles, pero la quebrada no mejora; al contrario, está peor. Frente al anuncio de una próxima temporada de lluvias, tememos un represamiento mayor al que ya se ha presentado, lo que podría generar perjuicios tanto para este sector como para otras comunidades”, afirmó.
Al consultar Opinión Caribe con el Departamento Administrativo de Sostenibilidad Ambiental (Dadsa) sobre la posibilidad de intervenir con personal para la limpieza de los troncos, cortados por la comunidad, tras el temor colectivo por un posible colpaso, se indicó que atenderían lo correspondiente a su competencia. No obstante, también señalaron que parte de la responsabilidad recae en la Oficina de Gestión del Riesgo y Cambio Climático (Ogricc). El medio intentó comunicarse con su director; sin embargo, no se obtuvo respuesta.
A pesar de la zozobra manifestada por los moradores, Sandra explicó que, aunque las crecientes súbitas de la quebrada no son frecuentes, cuando ocurren generan afectaciones significativas.
“Hemos tenido crecientes súbitas en las que la quebrada arrastra basura y árboles, lo que genera taponamientos en el sector. Esto ha ocasionado que el agua se desborde hacia las zonas donde vivimos. Es una problemática de hace mucho tiempo, pero en las últimas ocasiones ha sido más fuerte: la quebrada se salió de su cauce, los terrenos se han debilitado y se han presentado grandes represamientos de basura”, expresó.
“Frente a la creciente reciente, evidenciamos pérdida de los bordes de la quebrada, afectando las raíces de un árbol de jobo, bastante grande y antiguo. Este comenzó a perder hojas y representa un riesgo, ya que si cae, el daño sería enorme. Logramos cortar varias ramas grandes y retirar algunas, pero otras permanecen en la parte baja de la quebrada desde hace casi dos semanas. La entidad encargada de la recolección de basuras recogió hojas y ramas pequeñas, pero los troncos más grandes siguen allí. Como comunidad, no contamos con el tiempo, las herramientas ni el conocimiento para retirarlos, lo que podría generar una problemática mayor”, indicó Vargas.
Sin embargo, según Vargas, la empresa Atesa ha brindado apoyo en un porcentaje mínimo en la limpieza del árbol que la comunidad consideró en riesgo por el frente frío. No obstante, Opinión Caribe también consultó a dicha empresa, sin obtener respuesta.
De igual forma, se consultó a la Essmar a través de su oficina de comunicaciones, desde donde indicaron que la recolección corresponde al Dadsa, al tratarse de una quebrada y no de una situación relacionada con el sistema de alcantarillado o acueducto.
Más allá de lo anterior, la comunidad hace un llamado urgente: piden ser escuchados, visibles, reconocidos. Aseguran que también resultaron afectados por los recientes fenómenos climáticos.
“Tenemos escasez de herramientas, ya que los troncos son demasiado pesados y no contamos con la capacidad para retirarlos, además de toda la basura que quedó tras la creciente. Solicitamos una mesa de trabajo en la que cada entidad asuma su responsabilidad y se coordinen acciones de limpieza. También necesitamos campañas de sensibilización que promuevan el cuidado de la quebrada Tamacá”, señaló la moradora.
Finalmente, la comunidad insiste en la necesidad de implementar medidas preventivas ante la próxima temporada de lluvias, con el fin de evitar una emergencia mayor.
