Geopolítica Parroquial
El Magdalena calienta motores pa’l 2027
Cepeda ganó el departamento, Abelardo ganó el país, y la política parroquial empezó a mover la hamaca
Por: Víctor Rodríguez Fajardo
¡Pónganse cómodos, ajústense el sombrero y vayan chiflando iguana, porque lo que dejó la segunda vuelta presidencial en el Magdalena no fue un simple resultado electoral: fue el primer campanazo de la pelea grande que viene en 2027!
Según el mapa publicado por Opinión Caribe, Iván Cepeda ganó en el Magdalena con 347.228 votos, frente a 255.098 de Abelardo de la Espriella. Cepeda se impuso en 16 municipios, mientras De la Espriella ganó en 14. La participación subió a 56,25 %, con más de 612 mil votantes en las urnas.
A nivel nacional, De la Espriella terminó arriba en una elección apretadísima, con una diferencia cercana a los 250 mil votos. Algunos dirán que es un atrevimiento, pero con esas cuentas los votos que Abelardo pescó en el Magdalena le completaron la faena al Tigre. Aunque aquí Cepeda ganó el pulso departamental, el nuevo presidente también sacó de esta tierra una tajada clave para llegar a Palacio.
Y aquí empieza lo sabroso.
Porque una cosa es elegir presidente y otra muy distinta es elegir gobernador, alcalde, diputado, concejal y hasta al que manda en la esquina del barrio. Pero no se hagan los de la vista gorda: las presidenciales dejaron marcado el croquis de las fuerzas que se van a medir en el Magdalena en 2027.
Aquí ya no estamos hablando de corazonadas de tienda. Aquí hay números, municipios, maquinarias, heridas abiertas y egos políticos calentando en la banda.
El primer campanazo: Cepeda ganó el Magdalena, pero Abelardo llega con Palacio
Lo de Cepeda en el Magdalena no fue cualquier brisa. Ganar Santa Marta, Ciénaga, Zona Bananera, Fundación y varios municipios más muestra que el voto progresista, caicedista y petrista todavía tiene músculo en el departamento. Ese resultado le permite a ese bloque decir: “aquí estamos, y todavía movemos pueblo”.
Pero ojo con la otra cara de la moneda: Abelardo ganó la Presidencia. Y eso, en política parroquial, pesa más que saco de yuca mojado.
Desde agosto, el abelardismo no va a llegar al Magdalena a pedir permiso. Va a llegar con relato de ganador, con Palacio, con ministros, con burocracia y con ganas de montar tolda propia. Y ese aterrizaje tendrá operadores, intérpretes y emisarios. Entre ellos, Joaco Gutiérrez Caballero, llamado a traducir el triunfo nacional en conversaciones locales, acercamientos con jefes políticos y medición real de quién se monta temprano en el bus del nuevo gobierno.
Porque una cosa es celebrar en la plaza nacional y otra muy distinta es caminar la trocha parroquial del Magdalena. Aquí no basta con tener viento de Palacio: hay que saber quién mueve votos, quién mueve ruido y quién solo mueve cadenas de WhatsApp.
En un departamento donde más de uno cambia de camiseta más rápido que pescao en Semana Santa, ese viento puede mover más de una hamaca.
La lectura parroquial: el 2027 no será izquierda contra derecha
El error sería creer que el 2027 se va a jugar igualito a la segunda vuelta. Aquí el voto presidencial no se transfiere con escritura pública.
En 2027, la pelea será de estructuras: alcaldes, exalcaldes, concejales, líderes barriales, iglesias, sindicatos, clanes, jóvenes indignados, viejos zorros e influencers de pueblo.
Y ahí, mi gente, aparecen cinco fuerzas que ya están sacando la cabeza como babilla en caño seco.
Las cinco fuerzas que van a sacudir el Magdalena
Primero: el caicedismo. No lo den por muerto, porque esa es la equivocación que más caro les ha salido a sus contradictores. El caicedismo, con Carlos Caicedo como jefe natural, conserva narrativa, base política y presencia fuerte en Santa Marta. Pero para 2027 necesitará algo más que memoria de victorias pasadas: unidad, disciplina interna y menos pelea entre los de la misma casa. Si llega dividido, puede terminar viendo pasar la procesión desde el balcón.
Segundo: el petrismo. Aquí no se puede leer solo a Cepeda. En el Magdalena, el resultado fue de Cepeda en el tarjetón, sí, pero el petrismo tiene un dueño simbólico y político: Gustavo Petro.
Aunque diga que el jefe de la oposición es el pueblo, en la política colombiana ya muchos aprendieron a leer entre líneas cuando Petro invoca al pueblo. Después de la derrota nacional, el petrismo no se va a conformar con ser convidado de piedra. Buscará representación, vocería y espacio en la toma de decisiones.
Y ahí vendrá una tensión sabrosa: ¿quién manda la oposición en el Magdalena? ¿Petro desde el relato nacional o Caicedo desde la estructura regional?
Tercero: el abelardismo. Con la Presidencia en la mano, buscará aterrizar poder territorial. Pero en el Magdalena tendrá que aprender rápido que esta política no se maneja solo con comunicados de prensa ni discursos de plaza grande. Aquí hay que sentarse con líderes, negociar con alcaldes, mirar a los ojos a los concejales y distinguir al dirigente que pone votos del que solo posa bonito en la foto.
Si el abelardismo entiende esa diferencia, puede crecer. Si no la entiende, se le puede volver espuma la ola presidencial.
Cuarto: el pinedismo. Este sector puede ser clave en un 2027 fragmentado. No siempre necesita ser protagonista para terminar decidiendo la película. Puede actuar como socio, árbitro o beneficiario del desorden ajeno. Si la izquierda se divide y el abelardismo todavía no aprende a caminar el territorio, el pinedismo puede aparecer como jugador decisivo, de esos que no hacen tanto ruido al principio, pero terminan sentados en la mesa donde se reparte el sancocho.
Quinto: el guerrerismo. Aquí entran SuperMargui y los amigos de la gobernadora. Y cuidado: no van a ir de relleno ni de chofer de nadie. El guerrerismo tiene agenda propia, relaciones, estructura y ganas de cobrar protagonismo. Puede ser sorpresa en alcaldías, corporaciones y, sobre todo, en la Gobernación.
Su valor no está solo en cuántos votos ponga, sino en para dónde los incline. En una elección cerrada, ese grupo puede ser el “jolly” que decida si la balanza se va hacia la izquierda, hacia el abelardismo o hacia una tercera jugada.
Santa Marta y Ciénaga: las joyas de la corona
En 2027, Santa Marta será el premio mayor. Quien gane la capital saldrá con media Gobernación conversada. No porque la capital lo sea todo, sino porque desde Santa Marta se marca relato, se mueve opinión y se mide músculo.
Y Ciénaga será el termómetro. El que quiera hablar en serio de poder departamental tiene que mirar a Ciénaga con lupa. Allí se cruzan estructuras, inconformidades, liderazgos viejos, liderazgos nuevos y apetitos políticos que no caben en una sola foto.
La Gobernación: tres caminos posibles
Uno: la izquierda se une. Si caicedismo, petrismo y sectores alternativos logran candidato único, arrancan con ventaja. Pero esa unidad no se decreta con comunicado bonito. Necesitará sacrificios, garantías y una jefatura clara. El problema será el de siempre: demasiados generales para un solo mapa. En ese escenario, el guerrerismo podría jugar como aliado clave si recibe espacio, respeto y garantías reales.
Dos: el anti-caicedismo se junta. Si abelardismo, pinedismo, clanes locales y sectores inconformes encuentran una candidatura competitiva, la pelea se pone brava. Ese bloque intentaría convertir el 2027 en un plebiscito contra el caicedismo. Y ahí el viento de Palacio, los operadores territoriales y una eventual cercanía con el guerrerismo podrían convertir esa candidatura en una amenaza seria.
Tres: todos se dividen y gana el que mejor organice el desorden. Este sigue siendo el escenario más probable. Varias candidaturas fuertes, cada una jalando su pedazo, mientras los votos se parten como patilla en mesa larga. Al final, puede ganar no el más querido, sino el que mejor junte retazos, aguante traiciones, cierre acuerdos y sepa contar hasta el último líder de barrio.
La advertencia final: el 2026 fue el ensayo, no la obra completa
Lo sucedido en 2026 dejó claro que el Magdalena no está alineado automáticamente con el poder nacional. Cepeda ganó el departamento, pero Abelardo ganó el país. Esa contradicción convierte al Magdalena en territorio de disputa, no en tierra conquistada.
Así que, mi gente Caribe, vayan sacando la mecedora y el abanico, porque lo que viene no es una novela de las seis: es política parroquial en estado puro.
Aquí habrá sombrero, puñal de sonrisa, abrazo con cálculo, discurso de plaza, reunión de madrugada y candidato que hoy dice “yo no aspiro”, pero ya mandó a hacer la encuesta.
El 2027 ya empezó. Y en el Magdalena, el que pestañea… amanece pegando afiches del contrario.
