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ESO QUE LLAMAN ESTUPIDEZ
Por: José Manuel Herrera Brito
Oí una vez decir al gran Maestro León de Greiff, en el Café Automático, sitio de reunión de intelectuales en Bogotá, qué de 100 personas normales, 99 embestía, lo que me llamó poderosamente la atención, y a renglón seguido añadió que el mundo estaba lleno de estúpidos, incluyendo a Colombia, pero que no todos los estúpidos eran iguales, que había estúpidos a medio tiempo y otros a tiempo completo. Hoy me convenzo qué ello es cierto, al comprobar que son más los de a tiempo completo, sobre todo cuando los escucho perorando sus preferencias políticas, no obstante, el fracaso de a quienes apoyan en su aspiración o en su paso por la administración pública.
La llegada de la masa a la vida política y su progresiva transformación en clase dirigente es, sin duda, una de las grandes malas transformaciones sociales de los últimos tiempos y razón por la que muchos sostienen que los votos deben ser ponderados, puesto que no pueden vales igual el sufragio de una persona entendida respecto de otra que no lo es, lo que puede ser discutible; pero de todas formas arguyen que hace unos siglos atrás la opinión de la masa no contaba prácticamente para nada, y que por ello sucede hoy todo lo contrario, merced de las redes sociales. Y como la masa es estúpida, lo lógico es que la tendencia natural de cualquier sociedad sea adaptarse a una mayoría de estúpidos, hecho que refrenda Facundo Cabral, cuando afirma que le tiene pavor a los estúpidos por cuanto son más y hasta eligen presidente, como aconteció en el país cuatro años atrás, pero que por la gracias de Dios no se repetirá este 21 de junio en nuestro país.
Se ha dicho siempre que la masa es impulsiva, cambiante y que al igual que los animales salvajes, no admite frustración alguna y exige que sus deseos, así sean ellos los más irrealizables, se cumplan. Exigen protagonismo de y en los asuntos públicos y privados, prevalidos que nadie puede contra una masa desquiciada dispuesta a lanzarse contra todo y contra todos como una tormenta desatada de la que solo queda huir para no ser engullido por ella. Es un todo amorfo nutrido por los primitivos sentimientos y su fuerza crece exponencialmente cuanto mayor es el protagonismo que le concede el poder político; de ahí que si se pudiera escoger entre suprimir la maldad o la estupidez, sin duda la segunda sería la mejor opción porque el malvado, el demagogo y el charlatán se quedarían sin armas para llevara feliz término sus malhadados delirios. Más sabio es el hombre común semianalfabeto que se deja guiar por la lógica, la razón y el sentido común, que el académico urbano, que cree poder reformar la naturaleza humana a través de un Parlamento.
Imperativo tener en cuenta siempre que un Estado que aspira a progresar, desarrollarse, crecer, debe contar con gobernantes y servidores públicos idóneos, de primera condición, con vocación de servicio, cualidades morales, convicciones y determinaciones; más, por cuanto la complejidad que supone gobernar un Estado requiere especialización y la masa solo puede especializarse como especializada está, en una sola cosa, la estupidez que es su estado natural. La clase media otorga cohesión, lo que es fundamental, pero sin personas talentosas no hay nada. Sin embargo, el nivel del individuo decrece a gran velocidad en cuanto este pasa a conformar la masa y ésta a multiplicarse, en lo que tiene experticia.
Lo verdadero y bueno son independientes del número de hombres que sean capaces de reconocerlo. La tesis mayoritaria prevalece no porque sea infalible y certera, sino porque es impuesta desde una superioridad numérica a una minoría. Hay que combatir la estupidez, y debemos rechazar el mundo consumista moderno que genera una sociedad de fracasados. Mientras las generaciones pasadas consideraban progresar, mejorar su situación profesional, formar una familia, aumentar sus ingresos trabajando duro sin reducir la jornada laboral, tener una casa en propiedad, ahora nos enfrentamos a una miseria que tratan de disimular con un número interminable de nombres ridículos como coliving, coworking, nesting y un largo etcétera, lo que no tiene nada de progresista sino de retroceso, lo que de manera vital impone acabar de tajo con el poder otorgado a la masa estúpida y que esta vuelva a su lugar natural. De ahí que desde distintas tribunas de opinión reconocidos tratadistas de la sociología afirman que no conviene desesperarse ni exaltarse en el proceso de reajuste que antes o después llegará, dado que el desastre está garantizado bajo la senda de la estupidez.
Siempre será preferible belleza a fealdad, inteligencia la estupidez, bondad la maldad, sofisticación a vulgaridad, prosperidad a pobreza, conocimiento a ignorancia. Dios no dotó a ningún humano de plena inteligencia, pero sí de plena estupidez y decidió por tanto dejar a un grupo reducido la genialidad humana para así poder demostrar cómo unos pocos son capaces de hacer que la humanidad, a pesar de todo lo malo, siga evolucionando y cosechando grandes logros. Lo peor de todo es que cualquier parecido con nuestra realidad, es pura coincidencia. El Todopoderoso y eterno nos libre de otro cuatrienio parecido, semejante, igual o peor que este que desgraciadamente aún estamos padeciendo. saramara7@gmail.
