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El Magdalena profundo: la educación, el gran reto de un departamento en busca de ser competitivo

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Un departamento con talento, voluntad institucional y apuestas de largo plazo, pero con indicadores que lo ubican en el puesto 26 de 32 en calidad educativa. Esta es la historia de un rezago estructural que ninguna administración ha logrado romper del todo, y de las voces que advierten que sin articulación, sin pertinencia y sin equidad territorial, las obras no serán suficientes para cambiar el fondo de la tabla.

 

Por: Arnol Sarmiento & Alexandra Martínez

Mientras el Magdalena busca consolidarse como un departamento competitivo, con apuestas en infraestructura, turismo, desarrollo económico y fortalecimiento institucional, la educación continúa siendo su mayor deuda histórica. Los indicadores son contundentes: el departamento permanece entre los de más bajo desempeño académico del país y las brechas en calidad, cobertura y permanencia educativa siguen limitando las oportunidades de miles de estudiantes. Detrás de las cifras existe una realidad que se ha mantenido durante décadas. Las dificultades para garantizar una educación de calidad en las zonas rurales, la insuficiente infraestructura escolar y los bajos resultados académicos evidencian que el rezago educativo no es un problema coyuntural, sino estructural. Pese a los cambios de gobierno y a las inversiones anunciadas en los últimos años, el Magdalena continúa enfrentando uno de los mayores desafíos para construir un desarrollo verdaderamente sostenible e incluyente.

Y es que hablar de educación en el Magdalena es hablar de una deuda histórica que trasciende gobiernos, planes de desarrollo y periodos administrativos. Durante años, los diagnósticos se han repetido con una preocupante consistencia: bajos resultados académicos, dificultades para garantizar la permanencia escolar, brechas significativas entre la educación urbana y rural, deficiencias en infraestructura educativa y enormes desigualdades entre municipios. Pese a las inversiones anunciadas y a las diferentes estrategias implementadas, el departamento continúa ocupando los últimos lugares del país en materia de calidad educativa.

Las cifras revelan que el problema no es coyuntural. Por el contrario, se trata de un rezago estructural que ha acompañado al Magdalena durante décadas y que hoy se convierte en uno de los principales obstáculos para su desarrollo. La educación no solo determina las oportunidades individuales de quienes pasan por las aulas; también define la capacidad de un territorio para innovar, generar empleo de calidad, reducir la pobreza y competir en un país cada vez más exigente en términos de capital humano.

La evidencia más visible de esta realidad aparece en las pruebas Saber 11, el principal instrumento utilizado en Colombia para medir las competencias adquiridas por los estudiantes al finalizar la educación media. En 2025, el Magdalena obtuvo un puntaje promedio global de 233,5 puntos, ubicándose 22,8 puntos por debajo de la media nacional, establecida en 256,3 puntos. Según los reportes agregados y el monitoreo de ICFES Analytics, el departamento ocupa el puesto 26 entre las 32 entidades territoriales del país, situándose en el grupo de las 10 regiones con puntajes más rezagados a nivel nacional, por encima únicamente de La Guajira, Amazonas, Guainía, Vichada, Vaupés y Chocó. Más allá del lugar que ocupa en un ranking nacional, estos resultados plantean una pregunta fundamental para el futuro del Magdalena: ¿cómo construir un departamento competitivo cuando una parte importante de su capital humano continúa rezagada frente al resto del país?

El comportamiento por áreas confirma que las dificultades son estructurales. En Lectura Crítica, Matemáticas, Ciencias Naturales y Sociales y Ciudadanas, los estudiantes del Magdalena obtuvieron promedios inferiores al nacional. Ninguna de las competencias evaluadas logra superar el referente colombiano, lo que indica que el problema no se concentra en una asignatura específica, sino en la formación integral. Estos resultados sugieren que las dificultades se originan desde los primeros años de escolaridad y se acumulan a lo largo del proceso educativo, hasta hacerse visibles en el último grado de la educación media.

Este panorama coincide con el diagnóstico que la propia Gobernación del Magdalena plasmó en su Plan Departamental de Desarrollo 2024–2027, donde reconoce rezagos en calidad educativa, cobertura, permanencia e infraestructura, además de brechas significativas entre municipios y entre los sectores urbano y rural. Es decir, la administración parte de la premisa de que los problemas no son recientes ni coyunturales, sino el resultado de una acumulación de déficits que exige intervenciones de largo plazo.

Dos Magdalenas dentro de uno

Uno de los hallazgos más reveladores de los resultados 2025 no surge de comparar el departamento con el resto del país, sino de mirarlo por dentro. El distrito de Santa Marta, medido de forma independiente por el ICFES, obtuvo un promedio de 252,1 puntos, quedando a apenas 4,2 puntos de la media nacional. El resto del departamento, en cambio, arrastra un promedio que lo ubica entre los más rezagados del país.

Los datos municipales lo confirman con precisión. Fundación obtuvo 238,2 puntos, San Sebastián de Buenavista 237,5, Plato 231,6, San Zenón 229,1, Ciénaga 227,5, El Banco 225,7, Pivijay 225,5 y Aracataca 225,3. Ninguno de estos municipios supera el promedio departamental. Todos están a más de 25 puntos por debajo del promedio nacional. Y varios de ellos son precisamente los territorios donde la Gobernación ha concentrado sus apuestas de infraestructura y expansión universitaria.

Esa diferencia no es menor. Significa que dentro del Magdalena conviven dos realidades educativas radicalmente distintas: una capital que se acerca al promedio nacional y un departamento profundo que sigue rezagado. La brecha no es solo entre el Magdalena y Colombia; es también entre Santa Marta y los municipios que la rodean.

El contraste se profundiza al analizar los resultados por tipo de institución. Los cinco mejores colegios del departamento en 2025 son todos privados y están ubicados en Santa Marta: el Colegio IDPHU Bilingüe encabeza la lista con 339,3 puntos, seguido por el Colegio Bureche con 332,6, el Colegio Bilingüe Elisa Diazgranados con 329,3, el Colegio Zoe School con 328,5 y el Colegio San Luis Beltrán con 324,5. En el sector oficial, la IED Escuela Normal Superior María Auxiliadora de Santa Marta lideró con 314,0 puntos, un resultado destacable pero que también pertenece a la capital.

Lo que estos datos revelan es que la excelencia educativa en el Magdalena está concentrada geográficamente y es, en buena medida, un privilegio de quienes pueden pagar por ella o de quienes tienen la suerte de vivir en la ciudad capital. Para los estudiantes de municipios como Aracataca, Pivijay o El Banco, las condiciones de partida son radicalmente diferentes.

La cobertura y la deserción: el otro rostro del rezago

Uno de los indicadores que más preocupa es la cobertura en educación media. Según el diagnóstico oficial, la cobertura neta apenas alcanza el 38,89 %, lo que significa que una proporción importante de los jóvenes que deberían cursar décimo y undécimo permanece por fuera del sistema educativo. La cobertura bruta, que incluye también a estudiantes fuera de la edad oficial, llega al 68,7 %, una diferencia que evidencia cuántos jóvenes cursan la educación media con rezago de edad o en condiciones irregulares. Ambas cifras, leídas juntas, revelan un sistema que no logra retener a tiempo a su población estudiantil.

La permanencia escolar tampoco ofrece un panorama alentador. El mismo documento oficial registra que 8.580 estudiantes abandonaron el sistema educativo oficial durante 2022. Los municipios de Salamina, Pivijay, Sitionuevo, Zapayán y Santa Ana concentran algunos de los mayores niveles de deserción del departamento. Detrás de esas cifras aparecen factores como la pobreza, las dificultades económicas de las familias, la ruralidad, las largas distancias entre las viviendas y las instituciones educativas, el trabajo infantil y la violencia que históricamente ha afectado varias zonas del Magdalena.

Sin embargo, reducir el análisis únicamente a los resultados de las pruebas Saber 11 sería simplificar un problema mucho más complejo. Las evaluaciones nacionales muestran el desenlace de un proceso educativo, pero no explican por sí mismas las razones del rezago. Para comprender por qué el departamento continúa entre los más rezagados del país es necesario mirar lo que ocurre a diario dentro de las aulas, donde docentes y estudiantes enfrentan desafíos que las estadísticas, por sí solas, no alcanzan a revelar.

Cuando estudiar también depende del lugar donde se nace

Las cifras tienen nombre y tienen kilómetros. En marzo de 2024, una denuncia pública sacudió al corregimiento de Los Pozos, municipio de Plato: los niños caminaban alrededor de cinco kilómetros bajo el sol para llegar a la escuela. Sin transporte escolar. Sin ración alimentaria. Las familias, de escasos recursos, debían conseguir entre ocho mil y diez mil pesos diarios para pagar una moto que los llevara, una carga que muchas veces no podían asumir.

“Con tremendo sol nuestros hijos tienen que caminar ese trayecto. Nosotros somos personas de escasos recursos y a poco nos alcanza para medio comer.” — Padre de familia, corregimiento Los Pozos, Plato, marzo de 2024

Lo más revelador no era solo la distancia, sino la recurrencia: el año anterior, una situación idéntica había ocurrido en otro corregimiento del mismo municipio. El problema no era un accidente. Era un patrón que se repetía. Y Plato, con 231,6 puntos en las pruebas Saber 11 de 2025, sigue siendo uno de los municipios más rezagados del departamento. Una denuncia de 2024 y un indicador de 2025 cuentan la misma historia con un año de diferencia.

Las causas de la deserción son múltiples y se retroalimentan entre sí. Las dificultades económicas obligan a muchos adolescentes a incorporarse tempranamente al mercado laboral o a asumir responsabilidades familiares. En las zonas rurales, las largas distancias entre las viviendas y las instituciones educativas incrementan el riesgo de abandono. A ello se suman la pobreza multidimensional, la inseguridad alimentaria, las limitaciones del transporte escolar y, en algunos territorios, las afectaciones derivadas de la violencia.

En este contexto, la deserción deja de ser únicamente un indicador educativo para convertirse en un reflejo de las condiciones sociales que enfrenta buena parte de la población del Magdalena. Y no es un fenómeno nuevo. Ya en febrero de 2025, Opinión Caribe documentó cómo en la Institución Educativa Isabel de La Trinidad, en el corregimiento de Palmor, zona rural de Ciénaga, más de 500 estudiantes estaban en riesgo de perder el año escolar por la ausencia de docentes y personal de aseo. La comunidad denunció que los estudiantes no recibían jornada completa y que el problema había sido reportado repetidamente a las autoridades sin obtener respuesta efectiva. Dos municipios distintos, dos denuncias distintas, el mismo patrón de abandono institucional en las zonas rurales del Magdalena.

Una deuda que comienza desde los primeros grados

Cuando se publican los resultados de las pruebas Saber 11, el debate suele concentrarse en los puntajes del último grado. Sin embargo, detrás de cada resultado existe una historia educativa que comenzó más de una década atrás. La calidad de la educación no se define en el momento de presentar un examen, sino durante todo el proceso de formación que reciben los niños y adolescentes desde la educación inicial.

Ese es precisamente uno de los principales hallazgos de esta investigación: el rezago educativo del Magdalena no nace en el grado once; se construye progresivamente desde los primeros años de escolaridad.

La propia Secretaría de Educación Departamental lo reconoce. Según la secretaria Betty Horta, las debilidades en comprensión lectora, razonamiento matemático, argumentación y pensamiento científico se reflejan inevitablemente en los resultados de las pruebas Saber 11 cuando no son atendidas a tiempo. Para la funcionaria, el departamento necesita consolidar una cultura institucional basada en el análisis permanente de los resultados académicos, fortalecer la formación docente, reducir las brechas entre instituciones urbanas y rurales, y promover un liderazgo más activo por parte de los directivos docentes.

Desde una perspectiva más amplia, el analista y columnista Saúl Herrera Henríquez advierte que el problema educativo trasciende los muros del aula. Para él, la educación en Colombia enfrenta una crisis estructural alimentada por el centralismo, la injerencia política, el monopolio en la formación de maestros y la desconexión entre el currículo y las necesidades reales de las comunidades. “La educación debe responder a las necesidades nacionales, departamentales, municipales y a las necesidades de la población”, señala, en una crítica que resuena con fuerza en un departamento donde los datos del ICFES confirman que la calidad educativa varía drásticamente según el territorio y el tipo de institución.

Lo que ven los docentes

Gladys Zapata lleva varios años acompañando procesos de formación en el departamento y asegura que el perfil de los estudiantes ha cambiado significativamente. Hoy observa jóvenes con mayores dificultades para mantener la atención, una creciente dependencia de los dispositivos tecnológicos y necesidades cada vez más marcadas de acompañamiento emocional.

Pero las transformaciones van más allá. Desde su experiencia, las principales falencias académicas se concentran en cuatro competencias fundamentales: comprensión lectora, escritura, resolución de problemas matemáticos y pensamiento crítico. Las mismas, precisamente, que evalúa el ICFES en las pruebas Saber 11 y en las que el Magdalena sigue por debajo del promedio nacional.

“Muchos estudiantes llegan al último grado con vacíos acumulados desde la educación básica, por lo que requieren procesos permanentes de refuerzo y preparación mucho antes de enfrentarse a la evaluación nacional.” — Gladys Zapata, docente y formadora departamental

Su diagnóstico también apunta hacia factores que están fuera del aula. Los problemas de convivencia escolar, la baja motivación hacia el estudio y el escaso acompañamiento familiar terminan afectando directamente el rendimiento académico. En muchos casos, afirma, las condiciones del hogar condicionan las oportunidades de aprendizaje tanto como los recursos disponibles dentro de la institución. Por eso, considera que cualquier estrategia orientada a mejorar la calidad educativa debe ser integral: formación permanente para los maestros, fortalecimiento de los procesos de lectura y matemáticas, atención psicosocial para los estudiantes y mejores condiciones de infraestructura y dotación.

El reto no es preparar para un examen

Durante años, muchas instituciones educativas concentraron sus esfuerzos en intensificar la preparación de los estudiantes pocas semanas antes de las pruebas Saber 11. Sin embargo, tanto la Secretaría de Educación como los docentes y analistas consultados coinciden en que esa estrategia resulta insuficiente.

Betty Horta explicó que la nueva apuesta consiste en iniciar la preparación desde el grado noveno, implementar rutas de mejoramiento para cada institución, fortalecer la formación docente en evaluación por competencias, aplicar evaluaciones diagnósticas periódicas, crear redes de intercambio entre instituciones y realizar seguimiento mediante indicadores trimestrales. La estrategia incorpora además un componente poco frecuente en los planes tradicionales de mejoramiento: el acompañamiento socioemocional de los estudiantes, reconociendo que las condiciones emocionales también inciden en el aprendizaje y en el desempeño durante las evaluaciones.

El analista Herrera Henríquez coincide en ese diagnóstico y va más lejos: sostiene que enseñar a memorizar no es lo mismo que enseñar a pensar, y que mientras el sistema educativo no priorice el pensamiento crítico, la capacidad de análisis y la resolución de problemas reales, los resultados de cualquier prueba estandarizada seguirán siendo un reflejo superficial de un aprendizaje incompleto. “Uno de los principios fundamentales de la educación es enseñar a pensar”, afirma, una premisa que debería estar en el centro de cualquier estrategia de mejoramiento educativo en un departamento que se ubica en el grupo de los más rezagados del país.

Una realidad que la propia administración reconoce

Quizá el aspecto más revelador de la entrevista con la Secretaría de Educación no sea el conjunto de estrategias anunciadas, sino la admisión de que el desafío supera las metas inicialmente planteadas. Betty Horta reconoció que, aunque el departamento ha mostrado una mejora gradual en los resultados de las pruebas Saber 11, el comportamiento actual indica que no sería posible alcanzar la meta de 233 puntos fijada para el cuatrienio únicamente con las acciones previstas, por lo que será necesario implementar medidas adicionales.

La declaración adquiere especial relevancia cuando se contrasta con los datos del ICFES: el departamento obtuvo 233,5 puntos en 2025, rozando técnicamente la meta numérica, pero sin reducir de manera significativa la brecha frente al promedio nacional ni mejorar su posición relativa entre los departamentos. Alcanzar un número no equivale a transformar un sistema. La administración lo sabe y lo reconoce.

De los diagnósticos a las obras: ¿está respondiendo el Gobierno al rezago?

Durante décadas, los diagnósticos sobre la educación en el Magdalena han sido reiterativos. Bajos resultados académicos, infraestructura deteriorada, dificultades para garantizar la permanencia escolar y profundas desigualdades entre municipios aparecen una y otra vez en los documentos oficiales. La diferencia con la actual administración radica en que, además de reconocer el problema, ha planteado un conjunto de metas y proyectos que buscan modificar esa realidad.

La pregunta que orienta este capítulo es sencilla, pero determinante: ¿esas acciones guardan proporción con el tamaño del rezago que enfrenta el departamento?

El Plan Departamental de Desarrollo convirtió la educación en uno de los ejes estratégicos del Gobierno. Entre los principales compromisos aparecen el fortalecimiento de la calidad educativa, el incremento de la cobertura, la disminución de la deserción escolar, la ampliación de la infraestructura, el fortalecimiento de la educación superior y la reducción de las brechas entre municipios. Compromisos ambiciosos para un departamento que, según ICFES Analytics, ocupa el puesto 26 de 32 en el ranking nacional y acumula décadas de déficit educativo.

Educación y competitividad: lo que dicen quienes conocen el territorio desde adentro

Los números del ICFES y los diagnósticos oficiales describen el tamaño del problema. Pero para entender por qué ese problema importa más allá del aula, es necesario escuchar a quienes han dedicado su vida a construir educación y desarrollo en el Magdalena desde adentro.

Joceline Azar Nigrinis, exrectora fundadora de la Institución Universitaria de Santa Marta, es una de las voces más autorizadas del departamento en materia de educación superior. Su diagnóstico es directo y sin eufemismos:

“La mayor deuda que tenemos es que aún existen demasiadas diferencias entre los territorios y el lugar donde nace un niño lamentablemente todavía determina en buena medida las oportunidades educativas que ese niño tendrá. Esa es una desigualdad que debemos corregir con mucha más presencia institucional, con más inversión y con una mejor planeación que piense en el departamento como si fuera un solo sistema educativo y no como unas instituciones aisladas, así se ve hoy.” — Joceline Azar Nigrinis, exrectora fundadora, USM

Para Azar, la clave no está en los recursos naturales sino en el talento humano: “Los territorios que son más competitivos en el mundo no son los que más recursos naturales tienen, sino los que desarrollan mejor el talento de su gente. Y ahí está el gran desafío del departamento del Magdalena. Aquí hay talento. El departamento tiene instituciones que están comprometidas y tiene una enorme voluntad de salir adelante, pero lo que todavía nos hace falta es lograr que todos estos esfuerzos se trabajen de manera articulada alrededor de una visión de largo plazo.”

Desde su experiencia al frente de la USM, Azar identifica cinco frentes que el Magdalena debe fortalecer de manera simultánea: garantizar educación inicial y básica de mayor calidad, porque las brechas comienzan desde los primeros años de vida; conectar mejor la educación media con la formación técnica, tecnológica y profesional según las necesidades productivas del departamento; ampliar el acceso a la educación superior especialmente en zonas rurales; fortalecer la innovación, la ciencia y la transformación digital; y consolidar una alianza real entre el sector educativo, el empresarial y las administraciones locales.

“El empleo y el desarrollo también son políticas educativas. Si un joven encuentra una educación de calidad y luego tiene oportunidades para trabajar y construir su proyecto aquí mismo, no solo va a cambiar la historia de él y la historia de su familia, sino que va a cambiar el futuro del departamento. Esa es la verdadera competitividad de un territorio.” — Joceline Azar Nigrinis

En esa misma línea, Azar destaca que la USM ya avanza en uno de esos frentes críticos: la construcción de un multicampus universitario en Buritaca, una zona rural donde miles de jóvenes han abandonado históricamente su proyecto de vida por falta de oportunidades cercanas.

Esa visión encuentra un respaldo preciso en los datos que maneja Carlos Jaramillo Ríos, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena. Desde el sector empresarial, Jaramillo aporta una radiografía que complementa y profundiza el diagnóstico académico: el Magdalena ocupa el puesto 18 en el Índice Departamental de Competitividad, con una calificación de 5,06, pero se ubica en el puesto 26 en educación básica y media y en el puesto 27 en calidad educativa, posiciones que coinciden con precisión con el lugar que ICFES Analytics le asigna al departamento en el ranking nacional de resultados académicos. La brecha entre la posición general del departamento y su desempeño educativo específico revela que la competitividad del Magdalena está siendo sostenida por otros factores —su posición geográfica, su infraestructura portuaria, su potencial turístico— mientras la educación sigue siendo su talón de Aquiles.

Para Jaramillo, la solución no pasa únicamente por ampliar la cobertura:

“El principal desafío no es únicamente ampliar la cobertura, sino mejorar los aprendizajes y su pertinencia frente al mercado laboral.” — Carlos Jaramillo Ríos, presidente ejecutivo, Cámara de Comercio de Santa Marta

Desde la Cámara de Comercio, la educación forma parte de una misma cadena: educación, formación para el trabajo, empleo, emprendimiento y productividad. Y en esa cadena, el eslabón más débil del Magdalena es precisamente la conexión entre lo que se aprende en las aulas y lo que demanda la economía regional.

El presidente de la Cámara identifica sectores concretos hacia los cuales debe orientarse la oferta educativa del departamento: turismo y bilingüismo, agroindustria, logística portuaria y aeroportuaria, industrias 4.0, economía azul, energía, salud y mantenimiento industrial. Y advierte que el indicador que realmente importa no es cuántos estudiantes están matriculados, sino “cuántos acceden a empleos formales, pertinentes y mejor remunerados”. Una métrica que hoy el sistema educativo del Magdalena no está en condiciones de responder con satisfacción: el departamento ocupa el puesto 24 en vinculación laboral de egresados del SENA, lo que evidencia una débil conexión entre la formación y el mercado laboral.

Jaramillo también aporta un dato que golpea con fuerza: el 76,75 % de las sedes educativas oficiales del Magdalena está localizado en zonas rurales, pero solo el 49,4 % se encuentra en buenas condiciones. Más de la mitad de las escuelas rurales del departamento opera en instalaciones deterioradas, lo que convierte la infraestructura no solo en un problema de dignidad, sino en una barrera directa para el aprendizaje.

Para superar ese rezago, Jaramillo propone cuatro acciones estratégicas que el departamento debe asumir con urgencia: conectar la oferta técnica, tecnológica y universitaria con los sectores que realmente generan empleo y valor en el territorio; fortalecer la transición entre la educación y el mundo laboral mediante prácticas, formación dual, orientación vocacional y programas de primer empleo; cerrar las brechas territoriales y digitales con inversión pública, privada y de cooperación, priorizando los municipios rurales donde hoy más de la mitad de las escuelas opera en malas condiciones; y construir una gobernanza educativa orientada a resultados, que articule a la Gobernación, alcaldías, universidades, SENA, empresas y gremios alrededor de metas verificables en calidad, permanencia y empleabilidad.

Tanto Azar como Jaramillo coinciden en un punto que ningún indicador captura por sí solo: el Magdalena no podrá ser competitivo mientras su sistema educativo siga funcionando como un conjunto de instituciones aisladas, desconectadas entre sí y desconectadas de las necesidades reales del territorio. La articulación no es un detalle administrativo. Es la condición de posibilidad de cualquier transformación real.

La voz de la universidad privada: entre el diagnóstico nacional y el reto del Caribe

La conversación sobre educación en el Magdalena no puede cerrarse sin escuchar a quienes forman profesionales en el territorio desde la universidad privada y que, al mismo tiempo, tienen acceso directo a los debates de política pública que se avecinan con el nuevo ciclo de gobierno nacional.

En entrevista con el director de Opinión Caribe, Víctor Rodríguez Fajar, Camilo Noguera Abello, vicerrector general de las sedes Caribe de la Universidad Sergio Arboleda, ofreció uno de los diagnósticos más completos y francos sobre el estado de la educación superior en Colombia y en la región. Su análisis arranca desde una premisa que sintetiza el desafío del país:

“El futuro inmediato de Colombia es la educación superior. Se ha logrado ampliar la matrícula y avanzar en gratuidad, pero todavía se enfrenta una realidad incómoda: millones de jóvenes no llegan a la universidad y muchos de quienes ingresan terminan desertando, endeudados o graduándose de programas que no siempre responden a las necesidades del mercado laboral.” — Camilo Noguera Abello, vicerrector general sedes Caribe, Universidad Sergio Arboleda

Para Noguera, el desafío ya no consiste únicamente en abrir cupos. Implica garantizar calidad, permanencia, financiación sostenible y pertinencia. Y plantea una pregunta que incomoda a todo el sistema: ¿las universidades están preparando profesionales para el país que viene, o continúan formando para un mundo que la tecnología y la inteligencia artificial están dejando atrás?

La pregunta no es retórica. Noguera es categórico al responder: “El que no dé el paso a las nuevas tendencias de la educación, a las nuevas formas de investigación, desaparece. La inteligencia artificial ya viene en el chip de los niños. Ya uno habla con un niño de siete u ocho años y habla de inteligencia artificial sin ningún problema. Entonces, las universidades que no den el paso se van a quedar y quien va a terminar dominando el aula de clase va a ser el niño.”

 

Esa advertencia cobra especial relevancia en un departamento como el Magdalena, donde los resultados de las pruebas Saber 11 revelan que las competencias de pensamiento crítico, lectura y razonamiento matemático siguen siendo las más débiles entre los estudiantes que egresan de la educación media.

El problema no empieza en la universidad

Uno de los aportes más valiosos de Noguera al debate regional es su insistencia en que el rezago universitario no se origina en las aulas de pregrado. Comienza mucho antes.

“Nunca es suficiente. Hay que trabajar mucho por la calidad, no solo en las universidades, sino en los colegios. En las universidades la calidad también está sujeta a la calidad con que entra el estudiante, y nos hace falta mucho. Hay que fortalecer e incentivar los cuerpos docentes, que se sientan motivados no solamente con la remuneración, sino también con la calidad que están recibiendo en su propia formación.” — Camilo Noguera Abello

El diagnóstico es preciso y coincide con lo que revelan los datos del ICFES: cuando un estudiante llega a la universidad con vacíos acumulados desde la educación básica, la institución de educación superior se ve obligada a refrescar contenidos que debieron haberse consolidado años atrás. “Hay veces que en la universidad le toca refrescar muchas cosas del colegio”, reconoce Noguera, con una franqueza que pocas veces se escucha desde el sector universitario privado.

El Caribe ya no mira solo hacia el interior del país

Sobre la brecha histórica entre la educación superior del Caribe y la de ciudades como Bogotá, Medellín o Cali, Noguera ofrece una lectura que combina optimismo con exigencia:

“Eso ha ido cambiando. El Caribe tiene universidades muy buenas y ya es menos la preocupación de los padres de familia de tener que enviar sus hijos al interior del país. Ya tenemos universidades acreditadas en alta calidad en Santa Marta, en Barranquilla, en Montería, en Cartagena. El Caribe colombiano se ha venido fortaleciendo y son cada vez más las oportunidades de quedarse en su ciudad natal.” — Camilo Noguera Abello

Y va más lejos: “Incluso el interior del país ya está mirando el Caribe. Nosotros particularmente tenemos estudiantes que vienen de Bogotá. Yo creo que con el favor de Dios el Caribe va a jugar un papel fundamental a futuro en la educación.”

Esa transformación, sin embargo, exige que la oferta universitaria de la región esté conectada con las apuestas productivas del territorio. Noguera lo plantea sin rodeos cuando se le pregunta por las líneas de estudio que el Magdalena necesita fortalecer:

“Las principales apuestas de nuestra región son el sector agroindustrial, el turismo y la actividad portuaria. Son tres apuestas productivas que deben permear los contenidos académicos para que nuestros estudiantes salgan preparados. En el turismo todavía se ejerce con grandes líderes, pero que no fueron educados para el turismo. Si queremos ser competitivos como ciudad, tenemos que reducir la informalidad.” — Camilo Noguera Abello

La coincidencia con el diagnóstico de Carlos Jaramillo desde la Cámara de Comercio es casi textual: turismo, agroindustria y logística portuaria como ejes sobre los cuales debe construirse la pertinencia de la educación superior en el Magdalena. Dos voces distintas, desde el sector privado universitario y desde el empresarial, apuntando en la misma dirección.

Financiación: el nudo que el sistema no ha logrado desatar

Noguera también aborda con claridad uno de los temas más sensibles del debate educativo nacional: la financiación. Reconoce que la gratuidad en las universidades públicas ha ampliado el acceso, pero advierte que el modelo genera tensiones que el sistema aún no ha resuelto:

“El aprieto lo tienen las universidades privadas, que no reciben ni un solo tipo de financiación por parte del Estado. Hay que ser muy eficientes, muy estratégicos para la sostenibilidad en el tiempo.” — Camilo Noguera Abello

Sobre el ICETEX, instrumento central para el acceso de estudiantes de bajos recursos a la educación privada, su posición es clara: “El ICETEX hay que modernizarlo, hay que fortalecerlo, hay que darle mayor promoción. Que las universidades tengan la tranquilidad de que a través del mecanismo de financiación que ofrece el Estado podamos tener ingreso de estudiantes con financiación un poco más flexible.”

Y rescata la experiencia del programa Ser Pilo Paga como un modelo que, más allá de los debates políticos que generó, demostró que los estudiantes de bajos recursos pueden rendir con excelencia en universidades privadas de alta calidad: “Los resultados del Ser Pilo Paga fueron positivos. Entraron en las universidades muy buenos estudiantes y hoy son grandes profesionales. Esa ventana tiene que continuar.”

Una voz con acceso al nuevo gobierno

La entrevista adquiere una dimensión adicional cuando se considera que Noguera no es solo un directivo universitario con experiencia en el sector educativo y en la Procuraduría General de la Nación. Es también un amigo cercano del presidente electo Abelardo de la Espriella, egresado de la Universidad Sergio Arboleda, y participó en la mesa de educación durante la elaboración de los contenidos programáticos del nuevo gobierno.

Desde esa posición, Noguera resume en cuatro palabras lo que considera la agenda mínima que el nuevo gobierno debe asumir con urgencia en materia educativa: cobertura, calidad, financiación y pertinencia con el sector productivo. Y añade una condición que considera innegociable antes de cualquier decisión de política pública:

“Obtener un diagnóstico real. Real, no político. Para saber qué antídoto vamos a inyectarle a ese enfermo. La propuesta para los primeros 100 días es que se sienta que hay un cambio no solamente de cara en la Casa de Nariño, sino de estilo de gobierno. Con la voluntad que tiene este gobierno de sacar las cosas de manera exitosa, va a trabajar sobre una realidad y no sobre hipótesis ni sobre comentarios ni sobre chismes.” — Camilo Noguera Abello

Una declaración que, leída desde el Magdalena, suena como una invitación directa a que el nuevo gobierno nacional mire con atención los indicadores de un departamento que lleva décadas esperando que alguien, desde Bogotá, tome en serio la magnitud de su rezago educativo.

La infraestructura como motor del cambio

Si la Secretaría de Educación concentra sus esfuerzos en transformar los procesos pedagógicos, la administración departamental ha demostrado con hechos que la infraestructura constituye otro pilar fundamental para reducir el rezago. En el marco del Plan Departamental de Desarrollo 2024–2027 de la gobernadora Margarita Guerra, se han intervenido más de 70 sedes educativas en los municipios donde la Gobernación tiene competencia, mediante obras de adecuación, mejoramiento y recuperación. Es una de las apuestas más concretas y verificables de la actual administración en materia educativa, y busca garantizar que niños y adolescentes desarrollen sus procesos de formación en espacios más seguros y adecuados, reduciendo uno de los déficits históricos más visibles del sistema educativo departamental.

El dato cobra mayor relevancia cuando se contrasta con la radiografía que aporta la Cámara de Comercio: solo el 49,4 % de las sedes educativas oficiales del Magdalena se encuentra en buenas condiciones. Eso significa que las intervenciones realizadas no son un gesto simbólico, sino una respuesta directa a una emergencia de infraestructura que afecta a miles de estudiantes, especialmente en las zonas rurales.

La apuesta por la educación superior: campus, alianzas y una ordenanza que abre camino

Una de las novedades más significativas de la política educativa departamental es la expansión de la infraestructura universitaria hacia las subregiones. La administración sostiene que no basta con mejorar las instituciones de educación básica y media si los estudiantes continúan encontrando barreras para acceder a la educación superior. Con ese propósito, el Gobierno impulsa la construcción y operación de campus universitarios subregionales que buscan descentralizar la oferta académica y acercarla a municipios históricamente apartados de los principales centros urbanos.

Campus de El Banco y Plato amplían su oferta académica con nuevos programas en alianza con Unimagdalena

La estrategia responde a una lógica territorial de tres zonas: El Banco cubre el sur del departamento, Plato el centro y Ciénaga el norte. En los dos primeros municipios el servicio universitario ya opera de manera presencial. Durante el mes de junio, ambos campus mantuvieron abiertas sus inscripciones y desarrollaron actividades articuladas con instituciones educativas para acercar la oferta a estudiantes próximos a culminar su bachillerato. La iniciativa, impulsada por la gobernadora Margarita Guerra, incluye más de 40 programas presenciales y a distancia disponibles para jóvenes y adultos del departamento.

La oferta académica se amplió recientemente mediante una alianza con el Centro para la Regionalización de la Educación y las Oportunidades —CREO— de la Universidad del Magdalena. Los nuevos programas disponibles en El Banco y Plato incluyen el Técnico Profesional en Prevención de Riesgos Laborales, el Técnico Profesional en Procesos de Gestión Pública Territorial, la Tecnología en Atención Integral a la Primera Infancia, la Tecnología en Educación Física, Recreación y Deporte y la Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana, con inicio de clases previsto para el 15 de agosto. La asesora de Despacho para la Agencia de Educación Superior, Ingris Padilla, destacó que los estudiantes que ingresen a través del CREO contarán con el respaldo del programa Becas del Cambio, que cubre inscripción, seguro estudiantil, carné, pruebas de Estado y derechos de grado, mientras el valor de la matrícula será asumido por el Gobierno Nacional a través de la política de gratuidad en educación superior.

La sede de Ciénaga, por su parte, avanza en su construcción con un progreso cercano al 70 %. Y el horizonte de expansión no se detiene ahí. El pasado 14 de julio, la Comisión de Hacienda de la Asamblea del Magdalena aprobó en primer debate el Proyecto de Ordenanza No. 145, mediante el cual se conceden facultades a la gobernadora para enajenar varios bienes inmuebles del departamento con el propósito de financiar la construcción del campus universitario en Fundación. La iniciativa, cuya ponencia estuvo a cargo del diputado Yohan Pinedo Panetta, recibió el respaldo unánime de los cinco integrantes de la comisión.

El proyecto contempla la venta, a título oneroso y mediante subasta pública, de inmuebles que permanecen desde hace años en estado de deterioro y sin utilidad para el departamento, entre ellos la Antigua Licorera, la Casa de la Cultura, el Archivo Histórico, la sede de la Secretaría de Educación Departamental, el antiguo edificio de Cajanal, Punta Betín y el antiguo Hospital San Juan de Dios. Según el diputado Pinedo, estos predios generan costos al departamento por concepto de impuestos, vigilancia, servicios públicos y administración, sin producir ningún beneficio.

“Con los recursos producto de su enajenación será construida la sede universitaria en el municipio de Fundación, que beneficiaría a más de 4.500 estudiantes del departamento del Magdalena, en cumplimiento del Plan de Desarrollo Departamental.” — Diputado Yohan Pinedo Panetta, Asamblea del Magdalena

Asamblea respalda proyecto que financiaría campus universitario en el municipio de Fundación

Pinedo aclaró que la aprobación del proyecto no implica la venta inmediata de los inmuebles, sino la autorización para que la administración departamental adelante el respectivo proceso administrativo. El costo estimado de la obra es de 50.000 millones de pesos. Con la aprobación en primer debate, el proyecto deberá surtir la discusión y votación en plenaria para convertirse en ordenanza departamental.

El alcance de esta apuesta ha trascendido las fronteras del departamento. En la VI Cumbre Académica de América Latina y el Caribe – Unión Europea, celebrada en Bogotá, el rector de la Universidad del Magdalena, Pablo Vera Salazar, lideró la delegación institucional y participó en la mesa sobre construcción de un espacio común de educación superior, ciencia y tecnología entre ambas regiones. El propio viceministro de Educación Superior de Colombia, Ricardo Moreno Patiño, destacó la presencia de Unimagdalena y subrayó sus avances en regionalización y acceso:

“Consideramos que una universidad como la del Magdalena tiene mucho que mostrar en el concierto internacional, especialmente en los avances en regionalización y acceso a la educación superior.” — Ricardo Moreno Patiño, viceministro de Educación Superior de Colombia

Un reconocimiento que, sin embargo, contrasta con los indicadores que aún ubican al departamento en el puesto 26 de 32 en calidad educativa y con una cobertura en educación media que no supera el 38,89 %.

La apuesta tiene además una dimensión regional: los campus no solo atienden a estudiantes del municipio donde operan, sino también a jóvenes provenientes de poblaciones vecinas e incluso de departamentos como Cesar y Bolívar, ampliando así la cobertura de la educación superior más allá de las fronteras del Magdalena.

Alfabetizar para cerrar otra brecha

La política educativa departamental también incorpora acciones dirigidas a una población que normalmente permanece por fuera de los análisis sobre calidad: quienes nunca lograron completar su educación básica. A través de un proyecto financiado con recursos del Sistema General de Regalías, la Gobernación puso en marcha un programa de alfabetización para jóvenes y adultos basado en el modelo educativo flexible A Crecer.

El proyecto contempla la identificación de población en condición de analfabetismo, la entrega de materiales pedagógicos, kits educativos, procesos de acompañamiento y certificación de los participantes. Aunque esta estrategia no tendrá un impacto directo sobre los resultados de las pruebas Saber 11, sí busca atender una de las deudas históricas del departamento con quienes el sistema educativo dejó atrás.

¿Las inversiones responden al mapa del rezago?

A pesar de los avances presentados por la administración, la pregunta central de esta investigación permanece abierta. Los resultados del ICFES muestran que los municipios con mayores rezagos educativos coinciden en muchos casos con aquellos que enfrentan mayores niveles de pobreza, dispersión rural y dificultades de acceso a los servicios públicos. No deja de ser significativo que precisamente El Banco y Plato, dos de los municipios con puntajes más bajos en las pruebas Saber 11, sean también los territorios donde la Gobernación ha apostado con mayor fuerza por la expansión universitaria. La pregunta que queda abierta es si esa apuesta llegará a tiempo para transformar las condiciones de quienes hoy cursan la educación básica y media en esos mismos territorios.

La ausencia de cifras detalladas de inversión por municipio dificulta evaluar si los recursos están siendo distribuidos con criterios de equidad territorial. Sin conocer el monto exacto asignado a cada territorio, el porcentaje de ejecución financiera de los proyectos en curso y los cronogramas de entrega de las principales obras, resulta imposible determinar con certeza si la inversión pública está logrando reducir las desigualdades que durante décadas han limitado las oportunidades educativas de miles de estudiantes del Magdalena.

El departamento sí está avanzando

Negar los avances encontrados durante esta investigación sería desconocer la evidencia recopilada. El Plan Departamental de Desarrollo incorpora metas específicas para mejorar la calidad educativa. La Secretaría de Educación diseñó una estrategia basada en el fortalecimiento de competencias desde los primeros grados, el uso permanente de indicadores, la capacitación docente y el acompañamiento socioemocional de los estudiantes. La Gobernación intervino más de 70 sedes educativas en el marco de su Plan de Desarrollo, opera campus universitarios en El Banco y Plato con más de 40 programas disponibles, avanza en la construcción de la sede de Ciénaga y tramita en la Asamblea la autorización para construir el campus de Fundación con una inversión estimada de 50.000 millones de pesos. La USM avanza en la construcción de un multicampus en Buritaca que llevará educación universitaria a una zona rural históricamente desatendida. Todo ello representa un cambio frente a administraciones anteriores. Hoy existe una hoja de ruta institucional más clara, con una lógica territorial que reconoce que la educación superior no puede seguir siendo un privilegio de quienes viven en las ciudades principales. Eso cuenta.

Pero las cifras siguen marcando distancia

Sin embargo, el análisis de los indicadores muestra otra realidad. Según los reportes agregados y el monitoreo de ICFES Analytics, el Magdalena ocupa el puesto 26 de 32 en el ranking nacional, ubicándose en el grupo de las 10 regiones con puntajes más rezagados del país, por encima únicamente de La Guajira, Amazonas, Guainía, Vichada, Vaupés y Chocó. Su puntaje de 233,5 puntos lo ubica 22,8 puntos por debajo del promedio nacional. Municipios como Aracataca, Pivijay y El Banco no superan los 226 puntos, mientras Santa Marta llega a 252,1. La brecha interna es tan profunda como la brecha frente al país. En el Índice Departamental de Competitividad, el Magdalena ocupa el puesto 26 en educación básica y media y el 27 en calidad educativa, confirmando que el rezago no es solo académico sino económico y estructural.

Educación, educación, educación

Como advierte Herrera Henríquez, mientras el sistema no logre responder a las necesidades reales de cada territorio y superar las lógicas del centralismo y la injerencia política, las transformaciones seguirán siendo parciales. Y como señala Jaramillo desde la Cámara de Comercio, el indicador que realmente importa no es cuántos están matriculados, sino cuántos acceden a empleos formales, pertinentes y mejor remunerados. Esa es una pregunta que el Magdalena todavía no puede responder con satisfacción.

Al finalizar esta investigación, la evidencia permite responder la pregunta que le dio origen. Sí existen avances. Las entrevistas, los documentos oficiales y los proyectos en marcha muestran que la educación ocupa un lugar prioritario dentro de la agenda del Gobierno departamental. Los campus universitarios de El Banco y Plato funcionan y tienen estudiantes. La sede de Ciénaga avanza. La Asamblea tramita la autorización para construir el campus de Fundación con una inversión estimada de 50.000 millones de pesos. El multicampus de Buritaca llevará educación universitaria a una zona rural históricamente excluida. El programa de alfabetización llega a quienes el sistema dejó atrás. Las Becas del Cambio reducen las barreras económicas para acceder a la educación superior. Más de 70 sedes educativas han sido intervenidas en el marco del Plan de Desarrollo. Son avances reales y verificables.

Sin embargo, los indicadores disponibles son contundentes: según ICFES Analytics, el Magdalena ocupa el puesto 26 de 32 en el ranking nacional, en el grupo de las 10 regiones con puntajes más rezagados del país, con un puntaje de 233,5 puntos frente a una media nacional de 256,3. El departamento se ubica en el puesto 26 en educación básica y media y en el 27 en calidad educativa dentro del Índice Departamental de Competitividad. La brecha entre Santa Marta y municipios como Aracataca, Pivijay o El Banco revela que la mejora no ha llegado de manera uniforme. Más de la mitad de las sedes educativas rurales opera en condiciones deficientes. La deserción escolar, la baja cobertura en educación media y la débil conexión entre la formación y el mercado laboral confirman que el rezago es estructural y no se resuelve en un solo periodo de gobierno.

En marzo de 2024, un padre de familia del corregimiento de Los Pozos, en Plato, resumió sin saberlo la deuda más profunda del sistema educativo del Magdalena: sus hijos caminaban cinco kilómetros bajo el sol para llegar a una escuela que no siempre tenía docentes, sin transporte, sin comida y sin certeza de que alguien en alguna oficina estuviera mirando. Un año después, Plato sigue entre los municipios más rezagados del departamento en las pruebas Saber 11. La distancia entre ese corregimiento y el promedio nacional no se mide en kilómetros. Se mide en años de abandono acumulado.

Como lo dijeron con claridad Joceline Azar, Carlos Jaramillo y Camilo Noguera desde sus distintas trincheras: el Magdalena tiene talento, tiene voluntad y tiene instituciones comprometidas. Lo que todavía le falta es articulación, visión de largo plazo y la capacidad de medir su éxito no por cuántos estudiantes están sentados en un aula, sino por cuántos de ellos construyen desde el Magdalena el futuro que merecen.

El departamento avanza. Pero el país también avanza. Y mientras esa velocidad no cambie, el Magdalena seguirá cerca del fondo de la tabla.

La educación del Magdalena atraviesa hoy una etapa decisiva. Los próximos años demostrarán si las políticas anunciadas consiguen traducirse en mejores aprendizajes y oportunidades reales para miles de niños y jóvenes en municipios que los números del ICFES hoy ubican entre los más rezagados del país, o si, una vez más, las metas oficiales terminarán siendo superadas por la magnitud de los desafíos.

Fuentes consultadas

Fuentes institucionales y documentos oficiales

  • Plan Departamental de Desarrollo 2024–2027, Gobernación del Magdalena
  • Resultados pruebas Saber 11, 2025 — Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (ICFES) / ICFES Analytics
  • Índice Departamental de Competitividad 2024 — Consejo Privado de Competitividad
  • Proyecto de Ordenanza No. 145 — Comisión de Hacienda, Asamblea del Magdalena, 14 de julio de 2025
  • Informe de ponencia, diputado Yohan Pinedo Panetta, Asamblea del Magdalena

Fuentes entrevistadas

  • Betty Horta — Secretaria de Educación Departamental del Magdalena
  • Ingris Padilla — Asesora de Despacho, Agencia de Educación Superior del Magdalena
  • Joceline Azar Nigrinis — Exrectora fundadora, Institución Universitaria de Santa Marta (USM)
  • Carlos Jaramillo Ríos — Presidente Ejecutivo, Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena
  • Camilo Noguera Abello — Vicerrector General sedes Caribe, Universidad Sergio Arboleda
  • Saúl Herrera Henríquez — Analista y columnista
  • Gladys Zapata — Docente y formadora departamental
  • Pablo Vera Salazar — Rector, Universidad del Magdalena
  • Ricardo Moreno Patiño — Viceministro de Educación Superior de Colombia

Denuncias y testimonios documentados

  • Padres de familia, corregimiento Los Pozos, municipio de Plato — denuncia pública, marzo de 2024 (Alianza informativa Impacto News – Infórmate Plato Colombia)
  • Comunidad educativa, Institución Educativa Isabel de La Trinidad, Palmor, Ciénaga — denuncia pública, febrero de 2025 (Opinión Caribe)

Eventos y referencias adicionales

  • VI Cumbre Académica de América Latina y el Caribe – Unión Europea, Bogotá, 2025
  • Programa de alfabetización A Crecer — Gobernación del Magdalena, financiado con recursos del Sistema General de Regalías
  • Programa Becas del Cambio, versión Campus Universitarios — Fondo de Educación Superior del Magdalena (FONGES)
  • Alianza CREO — Centro para la Regionalización de la Educación y las Oportunidades, Universidad del Magdalena
  • Entrevista a Camilo Noguera Abello — Opinión Caribe, director Víctor Rodríguez Fajar, julio de 2026

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