Geopolítica Parroquial
LARA SALVÓ EL TURNO
Tras dos derrotas en el Congreso, el ministro del Interior reunió 169 votos y aseguró seis magistraturas del CNE. Cambio Radical consiguió la séptima ficha favorable al Gobierno por cuenta propia y el Pacto Histórico conservó dos sillas. No fue jonrón, pero Lara evitó el tercer strike.
Por Víctor Rodríguez Fajardo, El Man del Sombrero
Rodrigo Lara llegó a la elección del Consejo Nacional Electoral con la cuenta en tres y dos.
El primer strike había sido la Presidencia del Senado. El Gobierno apostó por Alfredo Deluque, pero terminó viendo cómo el Centro Democrático y el Pacto Histórico, adversarios en público y socios cuando conviene, juntaron votos para elegir a Honorio Henríquez por 56 contra 45.
El segundo llegó en la Comisión Sexta. Óscar Patiño, candidato liberal respaldado por la coalición oficialista, aparecía en las cuentas con ocho votos y el cargo prácticamente escriturado. Cuando abrieron la urna, el elegido fue Jaime Alberto Sepúlveda Muñetón, postulado por el Pacto Histórico.
Dos partidos que figuraban dentro del acuerdo gubernamental se hicieron los locos y Lara volvió al camerino con el bate debajo del brazo.
Un tercer fracaso habría dejado de ser accidente para convertirse en diagnóstico. El ministro del Interior podía terminar reducido a funcionario de comunicados, pésames y apretones de mano.
Esta vez conectó.
El acuerdo en la oficina de Honorio
La paradoja política ocurrió en la oficina de Honorio Henríquez, el mismo presidente del Senado cuya elección había representado la primera derrota del Gobierno entrante.
Allí permaneció Lara durante más de tres horas con delegados de los partidos, organizando el orden de la plancha, cuadrando apoyos y evitando que la disputa por los últimos cupos hiciera volar el acuerdo completo.
La decisión más delicada fue asegurar dentro de los seis puestos principales a José Antonio Parra, candidato de Salvación Nacional. Para abrirle espacio, Cambio Radical terminó por fuera de la plancha grande y tuvo que buscar votos por su cuenta.
El bloque articulado por Lara reunió al Centro Democrático, liberales, conservadores, La U, Salvación Nacional, MIRA, las curules de paz y otros sectores minoritarios. La plancha consiguió 169 votos y eligió a sus seis candidatos.
Ese fue el hit del ministro.
El Pacto soñó con tres y despertó con dos
La segunda plancha reunió al Pacto Histórico, En Marcha y AICO. Alcanzó 77 votos y obtuvo dos magistraturas: Cielo Rusinque y Ana Jimena Bautista, ambas respaldadas por el sector político de Gustavo Petro.
La izquierda aspiraba a sumar una tercera silla con el exministro Guillermo Rivera, de En Marcha. No le alcanzó. Tampoco entraron Alirio Uribe ni Gabriel Bustamante.
El Pacto no quedó expulsado del organismo electoral, pero perdió la posibilidad de ampliar su representación. Conservó dos puestos y dejó a En Marcha mirando el reparto desde afuera.
Cambio Radical entró por la rendija
Cambio Radical no consiguió espacio dentro de la plancha de Lara. Armó candidatura propia, salió a recoger respaldos y terminó reuniendo 28 votos, suficientes para entrar en la cifra repartidora.
El elegido fue Gersel Pérez, exrepresentante a la Cámara por el Atlántico y dirigente cercano al sector charista.
La operación funcionó gracias al respaldo de algunos sectores de la Alianza Verde. Los verdes se dividieron entre quienes acompañaron a Guillermo Rivera y quienes ayudaron a Cambio Radical.
El resultado fue típicamente parroquial: pusieron los votos, pero no pusieron magistrado.
Cambio Radical, declarado partido de Gobierno, salvó su silla por fuera del acuerdo principal. Lara no lo llevó dentro de su plancha; Gersel llegó por otra vía.
Así quedó el nuevo CNE
El Consejo Nacional Electoral para el periodo 2026-2030 quedó integrado por:
Centro Democrático: Nubia Stella Martínez.
Partido Liberal: Silvio Carrasquilla.
Partido Conservador: Juan Carlos Wills.
Partido de La U: Juan Felipe Lemos.
Salvación Nacional: José Antonio Parra.
MIRA: Plinio Alarcón.
Pacto Histórico: Cielo Rusinque y Ana Jimena Bautista.
Cambio Radical: Gersel Pérez.
La distribución final fue de seis magistraturas para la plancha principal, dos para el Pacto Histórico y una para Cambio Radical.
La cuenta política resulta favorable al Gobierno: siete sillas quedaron en manos de partidos que lo acompañan o mantienen canales de entendimiento con la Casa de Nariño, mientras las otras dos corresponden a la oposición petrista.
Eso describe el origen político de los elegidos. No convierte a los magistrados en delegados del Ejecutivo ni permite anticipar jurídicamente el sentido de sus futuras decisiones.
Pero tampoco obliga a fingir que llegaron por generación espontánea.
Los quemados vigilarán las urnas
La composición del nuevo CNE confirma una vieja costumbre de La Patria Milagro.
Silvio Carrasquilla, Juan Carlos Wills, Juan Felipe Lemos y Gersel Pérez fueron congresistas y no regresaron al Capitolio después de las elecciones de marzo.
La democracia representativa les cerró una puerta y la política electoral les abrió una ventana.
Las urnas los sacaron del Congreso y el Congreso los sentó en el organismo encargado de vigilar las urnas.
José Antonio Parra pasó de dirigir la oficina de Vigilancia e Inspección Electoral del propio CNE a convertirse en magistrado. Cielo Rusinque y Ana Jimena Bautista llegan después de ocupar cargos durante el Gobierno Petro. Nubia Stella Martínez aterriza como figura histórica de la dirección del Centro Democrático.
Nadie llegó en paracaídas. Todos traen partido, trayectoria, padrino o combinación completa.
Y el asunto no es decorativo.
El CNE vigila la financiación de las campañas, investiga a partidos y candidatos, decide asuntos relacionados con personerías jurídicas y conoce procesos capaces de alterar el tablero político nacional.
Por eso cada silla fue disputada como la última botella fría de la tienda.
Hit, no jonrón
Rodrigo Lara no sacó la pelota del parque.
No consiguió una plancha única. No incorporó a Cambio Radical dentro del acuerdo principal. Tampoco convirtió en coalición estable a un grupo de partidos que un día vota con el Gobierno y al siguiente aparece abrazado con la oposición.
Cambio Radical tuvo que jugar por separado. Los verdes se partieron. El Centro Democrático volvió a demostrar que puede pactar un día con Petro para derrotar al Gobierno y sentarse al siguiente con Lara para repartirse el CNE.
Aquí no hay matrimonios. Hay cuentas, turnos y necesidad.
Pero Lara logró lo que necesitaba: reconstruyó el bloque central, aseguró seis magistraturas y evitó que el Pacto Histórico llegara a tres.
Después de perder con Honorio Henríquez y quedar mirando para el páramo en la Comisión Sexta, el ministro tenía que demostrar que todavía podía leer el lanzamiento.
Lo hizo.
Quedó en primera base, vivo y respirando, para el próximo turno. En la geopolítica parroquial no siempre gana quien manda la pelota a las gradas. A veces basta con pegar el hit cuando el árbitro ya tenía la mano levantada para cantar el tercer strike.
Esta vez la iguana chifló para Lara.
