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Editorial

Editorial: “Hay un niño en la calle”

Opinión Caribe

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Víctima de la indiferencia hay un niño en la calle, un niño muerto en la calle, una noticia que podría parecerse a tantas otras y que interpreta muy bien la canción de Mercedes Sosa y Calle 13. Producto de la insensibilidad que hemos venido desarrollando en nuestro cotidiano mundo personal, hoy hay muchos niños y niñas en las calles latinoamericanas, en Colombia, y con dolor debemos reconocer que en nuestras calles de Santa Marta la cual muchos describen como “el mejor vividero del mundo” o como, abarcando todo “La magia de tenerlo todo”. Todos los vemos, a todos nos duele, nos llenamos de buenos sentimientos por ellos, que cuando mueren, deben ser enterrados como N.N.

El día 7 de diciembre, temprano a las 9:00 am, muere quien para muchos seria otro N.N. y que después nos enteraríamos que era “el manizalita”. En ese momento publicamos en nuestra web
opinioncaribe.com: “Hoy un inocente niño de la calle murió ahogado en la bahía de Santa Marta. Nadie sabe su nombre, solo le decían ‘el Manizalita’, vendía chicles en las calles, su hogar era un escalón de una construcción abandonada del Centro Histórico. El escape a su dura realidad era consumir bazuco, ante la indiferencia de la sociedad; pero, aun así, siempre fue de delicados modales, respetuoso mostrando que su espíritu estaba intacto sin dejarse permear por la dura crueldad de la calle. Ante la opulencia y la agitada vida diaria de la ciudad, muere este niño de apenas 12 años. Qué ironía, morir en las velitas, morir en navidad, morir cuando nos sentimos tan llenos de amor, pero de un amor que se comparte de las puertas hacia adentro pues se lo negamos a quienes más lo necesitan…”

Nosotros conocimos de cerca el caso del niño que vendía chicles, por esos azares de la vida murió en una de las bahías más publicitadas en Colombia para el turismo, murió en una ciudad que tiene el encanto de un mar, y en ese mar encantador, este niño falleció, lejos de los suyos, en una situación que representa la muerte de muchos niños y niñas a los que les pasa lo mismo y terminan siendo sepultados como N.N. (Término que se origina en la expresión latina nomen nescio (literalmente “desconozco el nombre”) término que persiste en nuestro planeta, pese a que en esta sociedad cada vez más globalizada y unificada por la tecnología y los avances en comunicación todos pertenecemos a una familia, a un entorno, a una aldea global y que particularmente en Colombia se ha convertido en un término bastante común, en un término que da cuenta de nuestra propia vergüenza y del que deberíamos hacer lo necesario por que dejara de ser válido por el puro y físico avance de la humanidad.

El impacto de la ironía en que se registra frente a un fabuloso crucero en la bahía de Santa Marta, la muerte de uno de nuestros pequeños, conocido en todo el entorno del Centro Histórico, a escasas cuadras de las principales instituciones de gobierno, tanto distrital, como departamental y de los órganos de control, vigilancia, protección, especialmente aquellos que velan por la integridad de la niñez y la infancia, nos llevó a compartir el siniestro desenlace de la criatura, con el reconocimiento triste de la indiferencia que nos carcome como sociedad y ha desbalanceado nuestro sentido de las prioridades.

Nuestro Manizalita, gracias a la tecnología, a las redes sociales, a los medios modernos de comunicación pasó, aunque de manera tardía, a ser una persona con nombre, apellidos, con una historia que contar, desde que pudimos entrar en contacto con una familia que también lo conoció de cerca, que también fue impactada por la nobleza que se vislumbraba a través de esos ojos que se negaban a apagarse y que todavía guardaban la esencia del buen ser humano con que empezamos todos esta carrera de la vida. Esta familia que acogió en su hogar a este niño durante 15 días, nos compartió que el Manizalita se hacía llamar “Máicol”. Que en su fantasía de niño fugado había inventado en parte una vida, una historia acerca de sus orígenes a los que no pudo regresar luego de verse atrapado por las crueles garras de la vida en la calle.

Al conversar con las personas de esa familia que lo acogieron, con Jessica, con Alexandra, quienes acudieron a nosotros desde España luego de la nota publicada en nuestras redes sociales. Compartimos información, fotografías, recuerdos, que nos llevaron a conocer un poco más de este ser humano que perdimos. De igual manera en la búsqueda de sus familiares, el reportero gráfico de OPINIÓN CARIBE, José López, envió a “La Patria” de Manizales, una breve reseña con imagen del niño ahogado; la publicación atrajo la atención de una persona, el padre del niño, cuya esperanza de localizar a su hijo se mantuvo siempre viva. Producto de un hogar destruido, este doloroso hecho fue el motivo del padre para volver a comunicarse con la madre del niño, quienes viven en ciudades distantes, y fue así como la madre de “Máicol”, cuyo verdadero nombre era Bryan Steven López Durán, se entera de su muerte. Rosalba Duran emprendió el triste viaje desde Valledupar hacia el reconocimiento del cadáver de su pequeño hijo desaparecido años atrás.

El mensaje es claro, en esta navidad, en este paraíso de contrastes, en medio de tanta individualidad, nos unimos al doloroso y sentido llamado que tantas personas, artistas, escritores, filántropos han hecho desde siempre para sensibilizarnos frente a esta terrible realidad. Es nuestro principal deber cuidar la vida que crece. Nos unimos a este tan acertado mensaje de “Mercedes Sosa y Calle 13”:

A esta hora exactamente,
Hay un niño en la calle….
¡Hay un niño en la calle!
Es honra de los hombres proteger lo que crece,
Cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
Evitar que naufrague su corazón de barco,
Su increíble aventura de pan y chocolate
Poniéndole una estrella en el sitio del hambre.
De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo
Ensayar en la tierra la alegría y el canto,
Porque de nada vale si hay un niño en la calle.
Todo lo tóxico de mi país a mí me entra por la nariz
Lavo autos, limpio zapatos, huelo pega y también huelo paco
Robo billeteras pero soy buena gente soy una sonrisa sin dientes
Lluvia sin techo, uña con tierra, soy lo que sobro de la guerra
Un estómago vacío, soy un golpe en la rodilla que se cura con el frío
El mejor guía turístico del arrabal por tres pesos te paseo por la capital
No necesito visa pa volar por el redondel porque yo juego con aviones de papel
Arroz con piedra, fango con vino, y lo que me falta me lo imagino.¨

Hasta Siempre, Manizalita, hasta siempre, Máicol, hasta siempre Bryan Estiven López Durán. Es nuestro deber tomar conciencia y no ser indiferentes a esta cruda realidad, aun en nuestras calles, hay mucho niños y niñas que esperan ser rescatados. Maicol pudo cambiar lo que para muchos sería su destino: ser enterrado como N.N. Ahora depende de nuestro compromiso cambiar la realidad de quienes aún continúan en la calle.

 

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