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Deberes ciudadanos: un buen negocio

Opinión Caribe

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Por: Marcela Escandón Vega

El conocimiento y ejercicio responsable de los derechos de los ciudadanos es muy importante. Muchos colombianos estamos en capacidad de identificar abusos, pues a diario discutimos y criticamos casos como, por ejemplo, cuando se viola el derecho a la educación a un niño al negarle un cupo escolar o cuando se atenta contra la salud y la vida de alguien al impedirle la atención médica en un hospital.

Sin embargo, muy poco se habla sobre los deberes ciudadanos. Estos también son muy importantes porque promueven la convivencia y el bien colectivo. ¿Esto qué significa? que cumplir con los deberes nos conviene a todos. Es un buen negocio. No es cuestión de unos pocos tontos que siguen las reglas. Es un asunto de ciudadanos responsables que están aportando a su sociedad. Así que, vale la pena preguntarse, ¿usted qué tanto está aportando?

Al respecto, la Constitución política de Colombia señala varios deberes ciudadanos, los cuales se enumeran a continuación con algunos ejemplos y comentarios que resaltan su importancia.

  •  Acatar la Constitución y las leyes, y respetar y obedecer a las autoridades (art. 4). Cuando no respetas a un policía bachiller porque no tiene un arma, cuando usas la mal llamada “malicia indígena” para no pagar el pasaje en el transporte público, o cuando robas objetos en un almacén, estás debilitando las instituciones y normas que nos permiten convivir, ganar el dinero para nuestras familias, generar empleo, acceder a un buen servicio de transporte público y llegar a casa sanos y salvos.
  •  La paz es un deber de obligatorio cumplimiento (art. 22), la paz no es solo un derecho sino un deber, no es algo que se discute en La Habana sino algo que construimos TODOS desde nuestros hogares, salones de clase, oficinas, calles, entre otros espacios.
  •  La familia se basa en la igualdad de derechos y deberes, así como el respeto recíproco entre todos sus miembros (art. 42). Es tu deber tratar con igualdad y respeto a tus hijos, padres, pareja, abuelos, entre otros. Cuando maltratas o discriminas en tu hogar, le enseñas a tus hijos a reproducir esa violencia y probablemente, a maltratarte en un futuro.
  •  Toda persona tiene el deber de procurar el cuidado integral de su salud y la de su comunidad (art. 49). La salud no es solo un problema de hospitales, médicos, EPS y políticos. Es nuestro deber aportar, por ejemplo, llevando a vacunar a nuestros hijos o evitando la reproducción de mosquitos para prevenir la proliferación del Zika, el Dengue o el Chikunguña.

Adicionalmente, el título II de la Constitución (art. 95) incluye los siguientes deberes y obligaciones de los ciudadanos:

1. Respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios;

2. Obrar conforme al principio de solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias ante situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas;

3. Respetar y apoyar a las autoridades democráticas legítimamente constituidas para mantener la independencia y la integridad nacionales.

4. Defender y difundir los derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica;

5. Participar en la vida política, cívica y comunitaria del país;

6. Propender al logro y mantenimiento de la paz;

7. Colaborar para el buen funcionamiento de la administración de la justicia;

8. Proteger los recursos culturales y naturales del país y velar por la conservación de un ambiente sano;

9. Contribuir al financiamiento de los gastos e inversiones del Estado dentro de conceptos de justicia y equidad.

Así que la próxima vez que nos indignemos por la corrupción, la ineficiencia del Estado, la inseguridad, la pobreza y todo ese largo etcétera de problemas que aquejan a nuestro país, preguntémonos nuevamente, ¿qué tanto estoy aportando?

¿Denuncié el caso de corrupción del que me enteré? ¿Pagué mis impuestos? ¿Le hice caso al Policía que me pidió que usara casco al montar bicicleta? ¿Devolví el dinero cuando una mesera me entregó mal los vueltos? ¿Le cedí mi puesto en el bus a aquel anciano que estaba de pie? ¿He donado ropa o comida a alguien que lo necesita?

Si la respuesta a todas las anteriores preguntas es no, nunca es tarde para empezar. Las pequeñas acciones cambian el mundo, nuestro pequeño universo, que es el entorno en el que vivimos.

Si dejo de utilizar un lenguaje homofóbico, tal vez en un futuro no ofenderán a un amigo o familiar homosexual. Si respeto las señales de tránsito, así sea de noche y nadie me esté viendo, promuevo un ambiente más seguro para mí y mi familia. Si reviso las promesas de campaña de mi candidato antes de votar y luego verifico que las cumpla, aporto a mi sistema político. Si apoyo a una fundación, político o líder social que trabaje por una causa que me interese, cualquiera que esta sea, permito que mi sociedad avance. Si rechazo el acoso callejero (mal llamado “piropo”), reduzco y prevengo la violencia contra las mujeres. Si ayudo a un desconocido desinteresadamente, promuevo la bondad en quienes me rodean. Si me atrevo a pensar en otros y no solo en mí o mi familia, soy una mejor persona.

En síntesis, debemos cumplir nuestros deberes para vivir en una mejor sociedad. Debemos hacer algo más que indignarnos todos los días. Conocer y cumplir los deberes ciudadanos es un buen negocio. Lo es para nosotros, nuestros hijos y nietos. Lo es para alguna persona que no conocemos, pero que sin saberlo, ayudamos con esas pequeñas grandes acciones. Lo es para nuestro país y su futuro.

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