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¿El sur sin norte?

Opinión Caribe

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Por Cecilia López Montaño

La situación del Sur del Atlántico es un buen ejemplo de la forma como se solucionan los problemas en Colombia. De nuevo, después de las consecuencias devastadoras del fenómeno de la Niña 2010-11, hoy, sus habitantes, la mayoría, en condiciones de extrema pobreza, vuelven a vivir con el temor de que se repita esta tragedia.

No se puede afirmar que no se han hecho obras, porque eso sería injusto, pero la pregunta es, ¿sí se hicieron las que tocaban para impedir que se repitieran las inundaciones? ¿Se hicieron bien? Lo grave es, que quienes sufren las consecuencias no son los funcionarios que se llenaron de buenas intenciones, pero fueron ineficientes, sino sus habitantes, la mayoría, muy pobres.

El país ha desarrollado una cierta capacidad para reaccionar ante las emergencias, y eso debe abonársele a los responsables de esta tarea, especialmente, en el Gobierno Nacional. La población es solidaria con las emergencias y recoge alimentos, mantas, agua y pare de contar, con el apoyo de las grandes empresas del país. Pero en lo que seguimos muy mal, es en hacer las cosas bien de manera que no se repitan los episodios donde muchos de nuestros conciudadanos se enfrentan a verdaderas tragedias que se hubiesen podido evitar. Es decir, no sabemos manejar el riesgo, elemento crítico ahora que el cambio climático se nos vino con todo.

Recuerdo muy bien la gran preocupación de Jorge Londoño cuando dirigía Colombia Humanitaria, que, como banquero brillante que había sido, insistía todo el tiempo en que esa dolorosa experiencia de las inundaciones, debería generar precisamente eso de lo que aún carecemos, la prevención. De esa experiencia salieron lecciones valiosas como el éxito de las pequeñas obras de infraestructura para mejorar la vida de la población afectada y el fracaso de las estrategias para quienes perdieron sus viviendas. Ahora es bueno recordar los graves problemas que se generan en los albergues cuando se llevan allí los damnificados.

Ante la inminencia de que se vuelva a inundar el Sur del Atlántico y que siga sin Norte, es necesario prender las alarmas; pedirle al Fondo de Adaptación, creado para este tipo de problemas, una buena explicación sobre la situación del Canal del Dique y sobre las posibilidades de que se repitan las inundaciones, a ver si por fin entendemos qué se hizo mal y qué se hizo bien. Lo que es inaudito, es volver a someter a estas poblaciones del Sur del departamento a riesgos, cuando los costos de la emergencia anterior no se han terminado de subsanar.

¿Recuerdan cuando el Sur del Atlántico sembraba tomates que alimentaban la producción de una agroindustria? ¿Recuerdan cuando allí se construyeron distritos de riego para desarrollar el Sur? Hoy no queda nada de eso y el Sur perdió su Norte ¿Es eso justo con estos habitantes, tan ciudadanos como cada uno de nosotros?

Si se vuelve a inundar el Sur del Atlántico, se reitera que hacemos las cosas simplemente a medias.

 

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