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Opinión: ¡Yo, yo y solo yo!

Opinión Caribe

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Por Guillermo Reyes Fierro

Alguna vez en televisión, vi una entrevista que le hacían a un sociólogo sobre el tema del desarrollo de los países latinoamericanos, en la cual el periodista le preguntó sobre cuáles eran las diferencias más relevantes entre un país desarrollado y uno subdesarrollado, a lo cual el entrevistado respondió, que solo existía una diferencia muy puntual: mientras en los países desarrollados su gente pensaba en el bien común, en los subdesarrollados predominaba el bien individual.

En un principio me pareció una respuesta un poco osada, en la que no se tuvieron en cuenta los factores económicos, sociales, políticos o culturales, que generalmente se utilizan para dar una respuesta a este tipo de preguntas, y más en una entrevista a nivel internacional. Sin embargo, viéndolo desde otra perspectiva, se puede apreciar lo acertado que estaba ese entrevistado en dar esta respuesta.

Cuando observamos a nuestro alrededor, podemos ver un sinnúmero de ejemplos que reflejan lo individualistas que podemos ser en muchos casos, e incluso pasar al nivel de egoístas con los demás: ¿Cuántas veces no vemos carros parqueados en los principales centros comerciales, en los lugares exclusivos para personas con discapacidad? o ¿Cuántas veces al día vemos motos pasar semáforos en rojo sin importarles los demás?

Estos dos ejemplos son un pequeño “abrebocas” de lo que se vive a diario en las diferentes ciudades del país, y de lo individualistas que podemos ser cuando prima el interés individual sobre el colectivo. También podemos ver este fenómeno desde un punto de vista más delicado y es el de la corrupción, el cual se presenta gracias a la ambición de las personas por el dinero y el poder, sin importar llevarse por delante el bienestar de la sociedad.

Pero este individualismo no es un problema propio de la esencia de la persona, sino parte de la formación que se da en el hogar y se consolida, muchas veces, en la academia. Como docente que he sido en diferentes universidades del país, siempre he visto un problema constante en mis alumnos, comprender la importancia del trabajo en equipo; en donde se ven casos que, por encima del esfuerzo colectivo para lograr un objetivo en común, el estudiante busca “destacar” lo que aportó para el cumplimiento de dicho objetivo, pero sin tener en cuenta el aporte, ya sea mínimo, de sus compañeros.

En la actualidad, existe la necesidad inminente de comenzar a pensar en equipo, de tal forma, que contribuyamos al progreso del país. En el camino para lograr dicho proceso, siempre encontraremos personas que van en contra de este pensamiento; aun así, se hace necesario plantearnos como sociedad, objetivos comunes para ayudar a sacar adelante a nuestras comunidades.

Y este proceso comienza en casa, lugar en el que se debe inculcar valores para el desarrollo de procesos en equipos de trabajo, respetando siempre las opiniones de las personas, sus creencias, su trabajo, y la manera cómo piensan para cumplir objetivos a nivel social, educativo y empresarial.

La invitación, en especial a los padres de familia, a los establecimientos educativos y a las empresas, es, que comiencen a pensar seriamente en fomentar el trabajo en equipo. No es solo poner actividades que involucren a varias personas, sino entender su importancia para el desarrollo de las comunidades y de la sociedad; esto solo se logra si creamos conciencia en las personas que no todo funciona bajo el principio del “yo, yo y solo yo”, sino que se debe pensar en un concepto más de desarrollo como es el de “yo, ellos y los demás”.

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