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Solamente el pueblo puede blindar

Opinión Caribe

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Por Carlos Holmes Trujillo

El Gobierno y las Farc pueden inventarse lo que se les ocurra para conseguir aquello de la seguridad de lo acordado, y poner a lúcidas mentes jurídicas a explicar el resultado del ejercicio de prestidigitación que están haciendo, pero no conseguirán garantizar la sostenibilidad de los acuerdos recorriendo el camino que han escogido ¡Así de claro!

El acto legislativo al que le van a meter un orangután a última hora podrá ser reformado mañana.

La ley que los constituyentes de 2016, reunidos en Cuba, le ordenan aprobar al Congreso, revocado y convertido en despacho notarial, será susceptible de cambios en cualquier momento.

Y el otro acto legislativo que la asamblea constitucional de hecho, que sesiona en la isla de los Castro, dispone que tiene que incorporarse a la Carta, para que haga parte de su texto la jurisdicción especial para la paz, también puede modificarse.

Por otro lado, pretender que la radicación de las hojas rubricadas por el Presidente Santos y ‘Timochenko’ en Ginebra y Nueva York, les dé el carácter de instrumento internacional con fuerza de tratado, así no tengan esa naturaleza, es apenas algo que envidiaría la imaginación de García Márquez. Realismo mágico nada más.

Cómo será de frágil todo, que la complejidad del diseño que se les ocurrió se asemeja a un garabato sin verdadera fuerza normativa constitucional o legal, a la luz del propósito de que lo firmado en Cuba sea seguro, sostenible y pétreo. Estamos viviendo un episodio lamentable.

Se sigue jugando con la ilusión de alcanzar la paz que acariciamos todos los colombianos, porque el engendro se construye sobre la base del supuesto desarrollo del derecho a la paz, que está consagrado en la Constitución.

Pero la engañosa argumentación se monta en la falacia, repetida por los pretendidos voceros de la reconciliación, según la cual, este país está dividido entre amigos y enemigos de la paz.

Fracturando artificialmente a los colombianos y difamando a quienes ejercen democráticamente su derecho a la crítica y la propuesta, dizque buscan construir un edificio de convivencia y armonía ¡Vivir para ver!

Lo más sorprendente es,que si se quiere que los acuerdos tengan legitimidad popular y sostenibilidad, no se acuda al camino institucional contemplado en nuestro estatuto básico. Esa ruta es el referendo.

Muchas veces se ha hablado en este espacio de las dificultades prácticas que tendría y se ha propuesto un gran acuerdo político y de Estado sobre un mecanismo de refrendación nuevo. Esa propuesta sigue vigente.

No obstante, de cara al afán del blindaje que muestran los constituyentes de 2016, es urgente recordarles que la herramienta ya existe.

Es innecesario que actúen como fabulistas o como sastres de un traje hecho a la medida del momento, no del porvenir de la nación.

Basta recordarles que el único y verdadero blindador autorizado de lo que él mismo apruebe, es el pueblo colombiano.

 

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