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Columnistas

Juventud, progreso e inclusión social

Opinión Caribe

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Por Saúl Alfonso Herrera

Importante sobremanera para los jóvenes, la procura de oportunidades y posibilidades de progreso, paz y prosperidad, en lo que es determinante velar para que no se den más desmanes indiscriminados contra los recursos naturales que atentan contra el porvenir de la humanidad, abrirles espacios en la política, en la economía y en el activismo social. Apartarlos del hambre, la pobreza, la inseguridad, la delincuencia, el narcotráfico y las desiguales condiciones de vida. Queremos una juventud, y en ellos venimos trabajando, para que tengan acceso y se le den las condiciones para construir su propio bienestar y el de su entorno.

Interesa hacerlos protagonistas de una cultura de paz, reunirnos más con ellos, reflexionar, compartir, socializar experiencias y aprendizajes, encontrar respuestas y facilitarles herramientas para su propio desarrollo, y que entiendan la necesidad de nuestras realidades para su transformación. Fortalecerlos en aires de progreso que los motive cada día y cada vez más a construir unos mejores municipios, subregiones, departamento, región y país.

La juventud es un concepto que debemos construir permanentemente al ser más un estado de la mente, que un asunto biológico. Sufre la juventud muchas limitaciones para el acceso a oportunidades de trabajo, encuentra dificultades para generar los ingresos que aseguren su bienestar y el de sus familias. Somos un departamento con una gran masa de jóvenes a la que hay que encaminar hacia el logro de nuestras metas como municipios y departamento. Propiciarles empleo, mejores ingresos, superior calidad de vida, extraerlos de la marginalización y exclusión social; garantizarles servicios básicos (salud, educación, agua y saneamiento ambiental).

Abordar la desigualdad social no es posible sin los jóvenes, quienes desde ya deben darse a la tarea de trabajar por sus barriadas, veredas, corregimientos, localidades, municipios y departamento. Enfrentar los grandes retos que los amenazan, tales como supervivencia, desempleo, hambre, desnutrición, educación y salud de calidad; aspectos que no les permiten dedicarse como debe y tiene que ser la construcción de ciudadanía y a forjar lazos familiares y comunitarios en la procura de una mejor sociedad. Sin unas necesidades básicas aseguradas, los jóvenes se alejan de los intereses cívicos y de la discusión de los problemas que afectan a nuestros entes territoriales, convirtiéndose en presa fácil de viciosy de quienes viven de la violencia y el terror.

Visto lo antecedente, es claro que se aplica a los jóvenes, trabajar por su inclusión social, su entorno, sus familias, contribuir al robustecimiento de su núcleo familiar y de los valores, hacerlos partícipes del sistema educativo y laboral. Evitemos costos mayores para la integración social a futuro y para la sostenibilidad de las transformaciones y la estabilidad democrática. Los jóvenes, dijo Juan Pablo II, deben ser los protagonistas generosos de un cambio que marque vuestro futuro”.

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