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Opinión Caribe

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Por Cecilia López Montaño

Colombia no sería la misma sin la Región Caribe. Sus playas, sus parques naturales, su carnaval, su música y su arte en general, le dan sabor a ese país tan agresivo que hemos vivido durante décadas. La alegría de su pueblo y su capacidad para ser feliz en medio de la pobreza es una lección permanente de cómo vivir la vida, probablemente con demasiada resignación, pero contentos. Bailando champeta en Cartagena, escuchando vallenatos en Valledupar y divirtiéndose con esos maravillosos porros sabaneros que se merecen una mayor valoración de este país. ¿Habrá algo igual a una fiesta con un papayera de esas que proliferan en el Valle del Sinú?

Por todo lo anterior y mucho más, no hay derecho a que a la Región Caribe se la sigan robando de esa manera. Y no porque la corrupción sea exclusiva de esa parte del país, ni más faltaba. Toda Colombia, incluyendo los sectores que por tener tanto deberían dar ejemplo, hoy son parte del saqueo permanente a los recursos públicos y sin duda, también a los recursos privados.

El problema no es el robo, que es un mal nacional, que, además, no tiene fronteras. El problema de nuestros departamentos caribeños es otro.

Se trata de que son los mismos de siempre quienes no dejan de apropiarse de los ajeno, especialmente si de las escasas propiedades de los pobres se trata. Ahora resulta que un hermano de la ex senadora Piedad Zuccardi está detenido y acusado de quitarle tierra a los campesinos de esa región y entregársela no a otros campesinos. La justicia se encargará de declararlo o no culpable, pero lo que increíble es, que este clan que forma parte de los García Romero, no solo sigue vinculado a posibles ilícitos, sino que, y esto es lo dramático, sigue siendo elegido por los habitantes de Bolívar, Sucre y probablemente de todos los demás que conforman el Caribe colombiano.

Es este el tema: ¿hasta cuándo seguirán estos miembros de estos grupos políticos ocupando posiciones donde han demostrado hasta la saciedad que su transparencia consiste en que se sabe de antemano quien hará mal uso de esos cargos públicos?¿Hasta cuándo un poco de dinero, una bolsa de alimentos, obnubilará a los electores de este tipo de políticos y políticas?

Claro que la profunda desigualdad y pobreza de millones de caribeños ha sido un campo fértil para este tipo de clientelismo, porque gracias a la insolidaridad de muchos de sus dirigentes, solo reciben algo en elecciones. Pero esa no debe ser la excusa y menos cuando se supone que en el posconflicto nada debería ser igual, incluyendo la indiferencia de quienes más tienen.

Robar a un Estado de un país tan injusto y de una región entre las más desiguales de todas, es realmente una violación a los derechos de esos millones de hombres, mujeres y niños que no tienen derecho a nada. Por ello, no más paciencia y tolerancia con esta cuadrilla de políticos que entran y salen de la cárcel como Pedro por su casa. Nada los toca, nadie los censura. Sus amigos tienen memoria de mirlo y literalmente se hacen los locos, porque, quien lo creyera, a pesar de todo tienen mucho poder y dinero.

Señores del Gobierno central que siguen dándole poder a estos clanes familiares, llegó la hora de apoyar su desaparición de la política colombiana, no nombrarlos, sino juzgarlos realmente. Recuerden ustedes los del Gobierno central: muchos de estos gamonales son importantes en su pueblo porque los escuchan en Bogotá. Que eso no se les olvide. Y finalmente a sus clientelas locales: es el momento de quitarles su corona no votando por ellos, no eligiéndolos. Gente buena y con voluntad de servir hay y mucha, pero este tipo de políticos no la dejan llegar.

 

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