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Columnistas

Derecho al agua

Opinión Caribe

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Por Saúl Alfonso Herrera

A la par de estar sufriendo calamitosamente nuestros pobladores la carencia casi que absoluta de este preciado como vital líquido, fuente natural de vida, derecho fundamental y humano; no piensan con seriedad nuestros dirigentes y autoridades en la necesidad imperiosa de revertir los descomunales errores hidráulicos, con el fin de, sino de sanear y recuperar fuentes naturales de abasto, al menos estructurar y acogerse a las mejores y más adecuadas soluciones de las ya existentes; y no estar pendiente, como dicen algunos desde distintas tribunas de opinión, que se sospecha para el caso Santa Marta a lo cual me resisto a creer, cual ‘decisión’ habrá de dejarles los mejores dividendos personales hablando de pecunio.

La importancia del agua dulce y su defensa sostenible, es mandato irrenunciable. Estudiar, analizar y sopesar todo en favor de cuanto traduce y representa el agua, es compromiso institucional. Considerar su mejor manejo, gestión y administración, obligación ineludible, así como velas por superar la denominada ‘cultura del no pago’, y convertir en lo posible preservar nuestras fuentes y ríos, y constituirlos en sitios de recreación y centros ecológicos y turísticos. Es pensar como arriba anotaba, en corregir los mayúsculos errores hidráulicos cometidos, con el propósito de depurar y rescatar los orígenes naturales de abasto, que junto con las aguas lluvias, muchas o pocas, que deberíamos atesorar, seguramente ayudarían a resolver en alguna medida las necesidades de agua de Santa Marta.

Bien dice y reconoce la ONU (resolución 64/292, Asamblea General), el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que el agua potable limpia es esencial para la realización de los Derechos Humanos. En el derecho internacional, también los Estados asumen obligaciones para respetar y proteger los Derechos Humanos, incluido el del uso del agua saneada, para que todos los seres humanos gocen de estas obligaciones que entrañan a los gobiernos, como es atender a sus gobernados en sus necesidades fundamentales para la vida, como es disponer de agua suficiente (cantidad), salubre (que no sea una amenaza para la salud), aceptable (en color, olor y sabor para uso humano), accesible (en el hogar, trabajo, escuela, hospital, entre otros) y asequible (a la mano) para el uso personal y doméstico, lo cual traduce que hasta el más pobre o desprotegido económicamente tenga posibilidad de su usanza y disfrute.

Hay que entender sin más dilaciones, que el agua es el componente más abundante en los medios orgánicos, fundamento de la vida, recurso crucial para la humanidad y para el resto de los seres vivos, bien de primera necesidad para los seres vivos y un elemento natural imprescindible en la configuración de los sistemas ambientales; siendo además, un elemento de la naturaleza, integrante de los ecosistemas naturales, esencial para el sostenimiento y la reproducción de la vida en el planeta ya que constituye un factor indispensable para el desarrollo de los procesos biológicos que la hacen posible; y lo más importante, todos la necesitamos, y no solo para beber. Es el grande y valioso recurso que es preciso proteger.

 

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