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Análisis

Salud mental, todo un desafío en el Magdalena

Opinión Caribe

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Por: Paola Ramírez Caballero

Aunque el factor de riesgo para la salud mental y los problemas sociales aumenta, el Magdalena se encuentra entre los departamentos con menor número de atenciones por depresión, es necesario que la entidad territorial haga seguimiento al comportamiento epidemiológico de este evento.

El 20 de septiembre de 2016 quedó marcado en la vida de cientos de samarios que vieron llenos de impotencia como sus sueños se redujeron a cenizas debido a un incendio que había devorado una parte del Mercado Público de Santa Marta.

Una de las afectadas fue María Martínez Gómez, administradora desde hacía once años de uno de los locales que se incendió y en el que laboraban 156 personas.

Con el pasar de los días, el pánico y la ansiedad se fueron apoderando de María, quien se iba sintiendo en un callejón sin salida y sin recursos para alimentar a su hijo, además de las frustraciones causadas por el fracaso de su matrimonio, encuentra la solución para aliviar este gran dolor en la muerte. En diciembre del año pasado se ahorcó, pero no era la primera vez que ella intentaba acabar con su vida, su madre en noviembre la había salvado de morir en estas mismas condiciones.

“Su muerte nos sorprendió, porque nunca mostró comportamientos extraños, eso sí, la notábamos muy triste, pensamos que era algo normal debido a su separación y a la pérdida de su trabajo, todo estaba supuestamente bien”, relata su madre, Fabiola Gómez.

Esta situación pudo haberse dado por problemas anímicos como la depresión, que es un evento muy frecuente, que si no se trata como es debido, genera alta discapacidad. Puede ser prevenido, diagnosticado y atendido exitosamente contando con apoyo de los servicios de salud, pero también con el de las personas que rodean al que la padece. Aunque los sistemas de salud no han respondido adecuadamente a la carga de los trastornos mentales. Como consecuencia, la brecha entre la necesidad de tratamiento y su disposición es amplísima.

Además, se debe superar el estigma que existe sobre la depresión relacionado con la debilidad o la flaqueza del carácter y con la locura, solo es un trastorno que requiere asistencia permanente y atención social.

María hace parte de un número más de las estadísticas de suicidios reportados en el Magdalena que no fueron atendidas como debía ser para impedir que atentara contra su vida. Según sus familiares, la atención psicológica se limitó a medicamentos, pero nunca hubo seguimiento a su estado mental por parte de la EPS.

El psicólogo, Roberto Carlos Palacio, director de la Fundación Agape, indicó, que las Entidades Promotoras de Salud, se vuelven puro reporte de suicidios, pero la pregunta es ¿cómo está el reporte de intentos de suicidio? Las EPS no intervienen a los pacientes que han intentado quitarse la vida, sabiendo que la probabilidad que se repita es mucha”.

El especialista en psicología explica, que las EPS están en la obligación de remitir a la familia y a la persona afectada a una intervención psicoterapéutica sin importar en que entidad se encuentren los padres afiliados, mientras que el Estado debe vigilar que este proceso se cumpla adecuadamente.

“Hoy, la atención psicoterapeuta a la familia está en el POS, pero las EPS lo que hacen es remitir al afectado a un psicólogo para que le dé dos orientaciones y no lo remiten a psiquiatría porque el servicio es externo, haciendo un filtro para no mandar la atención por fuera y así economizar gastos”, explicó el director de la Fundación Agape.

La Nueva EPS ha indicado que las políticas públicas se emanan desde las secretarías de salud, donde se definen directrices, pero independientemente la EPS le presta la atención que requiere el afiliado a través de una cita.

La falta de control por parte del ente territorial a la gestión que hacen las EPS frente a la problemática de salud mental es que se presentan casos como el de María Martínez, que deben poner a reflexionar no solo a la población sino a las entidades gubernamentales sobre cómo se encuentra el estado mental de los magdalenenses, un departamento por más de cincuenta años golpeado por el conflicto armado, donde la falta de oportunidades laborales lo mantiene sumergido en la pobreza extrema y donde va en aumento la violencia intrafamiliar.

LA FRAGILIDAD MENTAL

En este contexto se identifica que la salud mental de la población magdalenense cada vez es más frágil y, a pesar de que existen políticas públicas focalizadas en la prevención, la situación sigue siendo alarmante, naciendo el interrogante, ¿hasta dónde llega la responsabilidad del Estado?

Hasta el 2013, con la Ley 1616 de Salud Mental, fue que el país le prestó la atención que requería la salud mental de los colombianos, como un trabajo de política pública. “Anteriormente lo que se venía haciendo era poner pañitos de agua tibia, sin tener una legislación que orientara, direccionara y obligase a los entes y entidades de salud a prestar una adecuada atención”, enfatizó el psicólogo Roberto Carlos Palacio.

El hecho de que exista esta ley no es sinónimo de que se esté cumpliendo a cabalidad; el control político deben ejercerlo los entes territoriales sobre las entidades de salud que reciben recursos para la promoción y prevención de las enfermedades y trastornos mentales.

En este sentido, el Director de la Fundación Agape, considera que a diferencia de otras regiones del país, el Magdalena no se ve con buenas perspectivas, porque la política pública no depende simplemente de la ciudadanía, sino de la gestión de los entes gubernamentales.

“Es importante vigilar las actividades que deben estar realizando las EPS que no están cumpliendo adecuadamente como lo exige la normatividad en Colombia, eso influye en que la problemática que podamos ver a nivel social sea significativa y quedemos simplemente en la parte de intervención y no en la prevención”, explicó el doctor Palacio.

Según el secretario de Salud del Magdalena, Manuel Navarro, el departamento trabaja en el fortalecimiento de los programas de vigilancia epidemiológica con las entidades que le competen la ruta de atención, donde se han desarrollado capacitaciones en las comunidades para la prevención y el fomento de factores que permitan mantener y mejorar la salud mental.

Hasta ahora se conoce sobre la situación de salud mental en el Magdalena, porque antes no existía esta información. “No teníamos una información clara y confiable, que permitiera identificar la problemática, la red de atención se ha fortalecido porque manejamos estadísticas claras y la realidad de cada municipio”, afirmó el funcionario del orden departamental.

Esta declaración permite denotar que el Magdalena tiene un largo camino por recorrer para conocer el estado mental de su población. Hasta el momento se han incrementado las notificaciones referentes a casos relacionados con problemas psicosociales y psiquiátricos.

La Ley de Salud Mental indica, que, en el interior de las comunidades, los entes territoriales deben capacitar a los líderes a través de los comités de salud mental que deben estar conformados, para que hagan intervención en los grupos familiares para prevenir los desequilibrios psíquicos. Pero la realidad señala, que esos grupos no están conformados ni en el Distrito ni en el Departamento.

“Si la atención en salud física es pésima, es preocupante como está la mental. Falta mucho trabajo en el sector público, porque se han acostumbrado a que se presenten episodios psicóticos, pero los resuelven internándolos o medicándolos. Las pastillas ayudan a regular procesos internos neurológicos, pero a nivel cognitivo, lo que ayuda es el diálogo, el acompañamiento, el ponernos en el lugar del otro y saber lo que siente o incluso lo que puede estar pensando”, manifestó el psicólogo Palacio.

Las políticas públicas de salud mental no tienen ningún impacto, solo letra muerta, no se aplican como debe ser, tanto el Concejo de Santa Marta como la Asamblea del Magdalena están en la obligación de hacer control y vigilancia a esta problemática declarada por la OMS como un problema de salud pública. Aunque Colombia ha mejorado en los últimos diez años atrás, pero, la implementación de esas estrategias no se está cumpliendo.

La Resolución 518 de 2015 incluye en las tecnologías en salud a desarrollar por parte de todas las entidades territoriales del país la estrategia de rehabilitación basada en comunidad en salud mental, así como en las zonas de orientación escolar y los centros de escucha, los cuales permiten una penetración de los entornos comunitarios, familiar y educativo para disponer actividades pedagógicas en salud y apoyo psicosocial.

La profesional de la salud, Herminia Carrillo, de Cerro de San Antonio, considera que existen dificultades para atender a los pacientes con problemas psiquiátricos. “No son suficientes las políticas públicas emanadas desde el Ministerio de Salud, porque existen limitaciones en los hospitales para prevenir las enfermedades, porque muchos casos llegan a estados lamentables por malos hábitos. Se debe trabajar por alcanzar mejores indicadores y prestar mejor atención”.

UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA

De acuerdo con lo informado por el Ministerio de Salud, la depresión se ha convertido en un problema de salud pública a nivel nacional e internacional, por la carga de enfermedad que genera (la mayor carga es por la discapacidad que produce). En el 30% de los casos se vuelve crónica, su presencia aumenta la probabilidad de que se desarrollen algunas enfermedades o desenlace otras. El suicidio es la complicación más grave de la depresión mayor. Por esta razón, Colombia realiza un seguimiento permanente al evento en todo el país.

Aunque el Magdalena se encuentra entre los departamentos con menor número de atenciones por depresión, se considera necesario que la entidad territorial haga seguimiento al comportamiento epidemiológico, porque en el país muchas personas no asisten a la consulta y el impacto negativo que la depresión causa en el individuo, su familia y la sociedad, es de suma importancia.

Hay alrededor de 53 enfermedades mentales, sin embargo, la depresión, los trastornos de ansiedad y las adicciones ocupan los primeros lugares. Todas estas patologías son prevenibles si se detectan a tiempo. Por consiguiente, la apuesta de una ayuda humanitaria anímica será efectiva en la medida que sintonice con la persona que pide apoyo; sin obviar que la persona normal, cuando utiliza como debe las energías interiores que están a su disposición, es capaz de vencer cualquier dificultad.

En consecuencia, a lo mejor no es necesario hacer nada, simplemente estar presente o dejarle que se halle la persona misma consigo misma. Lo que es evidente que las circunstancias actuales exigen salir de la penumbra, levantarse, ser consciente de que una mente saludable siempre tiene solución para cualquier problema que se le presente.

Mientras, el Ministerio de Salud informó que la depresión moderada o grave ha tenido en el Magdalena un comportamiento variable (ver gráfico 1). Los casos de depresión moderada son más frecuentes, excepto en 2014 cuando el número de depresión grave se incrementó, para volver a igualarse con las cifras de depresión moderada.

Esta depresión moderada es más frecuente entre los 50 y 54 años (11.5%) seguida por el grupo de 35 a 39 años (10.9%). La depresión grave se presenta con mayor frecuencia en edades de 50 a 54 año (14.6 %) y de 45 a 49 años (14.4%). Por género se encuentra que la depresión moderada es más frecuente en mujeres (77.3 %) que en hombres (22.7%). Algo similar sucede en la depresión grave, la cual se presenta más en mujeres (62%) que en hombres (38%). Este comportamiento del evento en el Magdalena es similar al nacional.

En el distrito de Santa Marta se registró el 80.2% de las personas atendidas por depresión en el Departamento. Debe tenerse en cuenta que como el cálculo del indicador se hace con frecuencias absolutas, es lógico esperar que donde hay mayor población haya mayor número de casos. El municipio de Ciénaga presentó el 9.7% de las personas atendidas con diagnóstico de depresión y el de Fundación el 3.7%.

En 2015 fue realizada nuevamente la Encuesta Nacional de Salud Mental, (ENSM) la cual visitó a 16.147 personas divididas en cuatro grupos poblacionales: los niños de 7 a 11 años, los adolescentes de 12 a 17 años, el grupo de 18 a 44 años y los de 45 años y más.

La encuesta estableció diferencias entre los problemas en salud mental: aquellos síntomas que no constituyen una enfermedad mental diagnosticada, pero que afectan la funcionalidad del individuo y su relación con los demás, que son menos severos y duran menos; los trastornos mentales o trastornos psiquiátricos según la Clasificación Internacional de Enfermedades, CIE 10, y la del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V).

La ENSM 2015 llevó un análisis por regiones en el país: Magdalena está en la región Atlántica donde los resultados más relevantes sobre depresión fueron, que la región Atlántica presentó una prevalencia de 4 a 6 síntomas de depresión en personas de 12 a 17 años, de 11.0% y la prevalencia más baja de síntomas de depresión en personas de 18 a 44 años, con un 2.3% y en personas de 45 años en adelante, con 6.1%.

EL ESTRÉS

Existe un indicador relacionado con situaciones que generan estrés en la población: el porcentaje de personas atendidas por riesgos potenciales para su salud relacionados con circunstancias socioeconómicas y psicosociales. (Gráfico 2).

Las prevalencias del evento son bajas y muestran una variabilidad importante. En 2013 se dio la prevalencia más alta, se encontró que de cada 100 personas atendidas aproximadamente una presentó riesgos potenciales para su salud relacionados con circunstancias socioeconómicas y psicosociales.

En Colombia se mide la tasa de años de vida potencialmente perdidos (años que se dejan de vivir por muerte prematura) por trastornos neuróticos, trastornos relacionados con el estrés y trastornos somatomorfos; de 2005 a 2015, Magdalena ha reportado en cero este indicador.

El estrés fue concebido por el Ministerio del Trabajo a través del Decreto 1477 de 2014 como una enfermedad de carácter laboral. “Los médicos cuando no comprenden la sintomatología física de un paciente, lo asocian con estrés, y no se está tratando adecuadamente”, señala el psicólogo Roberto Carlos Palacio.

El especialista en psicológica laboral explica que el estrés se presenta cuando la persona manifiesta una sintomatología que le impide terminar las labores, no le permite ejercer una actividad cotidiana en su vida, no puede tener una satisfacción sexual con la pareja, porque hay algo que lo aqueja, empieza a afectarse neurológicamente.

LA MENTE DEBE CUIDARSE

Así como se cuida la salud oral o la cardiovascular, los magdalenenses deberían invertir en atender la mente, en visitar al psiquiatra, por una enfermedad o situación estresante, por insomnio, cambio de ánimo, disminución en el rendimiento laboral, académico, por problemas de pareja, de socialización o simplemente por chequeo preventivo.

El problema es el estigma, ese que de manera ignorante se le ha puesto a este tipo de consultas. Algunos hablan de locura, agresividad; otros, de estar fuera de la realidad, pero nada más lejos de eso. En Colombia hace falta educar para prevenir, diagnosticar, tratar y rehabilitar en salud mental.

La Organización Mundial de la Salud, OMS, define la salud mental no solo como la ausencia de trastornos mentales. Se refiere a ella como “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

Los resultados de la Encuesta Nacional de Salud Mental indica que el 30% de los trastornos mentales en Colombia, son fruto de adversidades asociadas con la disfunción familia, como divorcios, violencia, la muerte de algún padre, abuso sexual. De acuerdo con la investigación, si se logran controlar estos factores se reducirían hasta en un 23% los casos de trastornos afectivos; en un 27% los de abuso y dependencia de las drogas; en un 31 % los de ansiedad; en un 42% los de conducta.

SALUD MENTAL LABORAL

El Ministerio del Trabajo lideró una de las encuestas nacionales de condiciones de salud y trabajo, donde se evidenció, que por dos de cada tres trabajadores se encuentran expuestos a factores psicosociales en su jornada laboral, que un 20 % por ciento y un 33 % sintieron altos niveles de estrés.

La encuesta también evidencia que los riesgos ergonómicos y psicosociales son identificados como prioritarios. Un 14 por ciento de los encuestados expresó, que no tiene tiempo para realizar sus tareas y el 43 por ciento se quejó de que debe realizar su trabajo de forma muy rápida o a corto plazo.

La Resolución 2646 de 2008 indica, que todas las empresas públicas y privadas independiente de su tamaño, deben aplicar la batería de riesgo psicosociales, donde se identifica el estado de las relaciones extralaborales, los riesgos intralaborales, sociodemográficos y el nivel de estrés laboral. “El Magdalena está grave en la aplicación de este mecanismo de obligatoriedad”, subrayó el especialista en seguridad y salud en el trabajo, Roberto Carlos Palacio.

Entre las enfermedades mentales laborales están el síndrome de ‘burnout’, el acoso psicológico, manejo del duelo, estrés postraumático o agudo. “La situación del clima laboral no es la mejor en el Magdalena, se viven conflictos entre compañeros, acoso, competencias, no existen actividades de esparcimiento, generándose factores de riesgo psicosocial”, afirma el psicólogo Palacio.

Las empresas están en la obligación de crear espacios de esparcimiento, así lo dispone el Código Laboral y el Ministerio de Trabajo, además pueden exigirles a las EPS y ARL que los dineros aportados sean reinvertidos en sus trabajadores en la prevención de riesgos psicosociales.

 

CONSEJOS PARA TENER BUENA SALUD MENTAL

  • Por cada ocho horas de trabajo o estudio, destinar una hora para el esparcimiento con actividades que impliquen acción, movimiento, de manera que se pueda eliminar el estrés. Salir a caminar, ir al gimnasio, tocar un instrumento, pintar, tomar clases de danza, algunas alternativas.
  • Hacer un corte en la rutina. Antes de ir para la casa, compartir con otras personas de manera que no se genere la rutina de casa – trabajo. Cuando la carga es muy grande y no se puede hacer un descanso diario programar dos horas para la actividad sana.
  • Tener pasatiempos, algo que se haga por placer.
  • Contar con varios confidentes para no cargarse mucho y tener a quien contar sus experiencias. Si no hay uno a la mano apoyarse en un psicólogo o psiquiatra.
  • Adoptar hábitos saludables de sueño nocturno, el diurno no sirve para prevenir enfermedades mentales. Dormir entre seis y ocho horas es lo recomendable.
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