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Crónica

Guy Opdenbosch: un inventor excéntrico

Opinión Caribe

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Dicen que en el cielo estaban necesitando a un hombre de mente brillante y que, además, fuera el ingeniero más empedernido de todos y por eso el lunes 29 de mayo partió de este mundo Guy Opdenbosh Gallejos.

Entre sus principales cualidades se resalta que era un hombre apasionado por su carrera, frentero, amoroso con su familia, inquieto y para muchos de sus allegados, un gran maestro.

Opdenbosh era ingeniero civil, eléctrico y mecánico, egresado de la Universidad de Bruselas. Fue profesor universitario y autor de más de 370 teoremas; diseñador del Transvase del Río Piedras en los años 1988 y 1989. Además, fue docente de las universidades Nacional de Bogotá; del Valle, en Cali; y del Norte en Barranquilla. Fue autor de la ecuación vectorial que simplifica la dinámica de la partícula.Lideró dos investigaciones con Colciencias sobre turbomáquinas y es autor de las Leyes de Filtración en Arena.

Sus amigos lo recuerdan como “una mente brillante, estudioso acérrimo de la ingeniería, muy educado, de un alto nivel cultural, experto en el manejo de la hidráulica, apasionado, docente de las materias básicas de esta carrera como la dinámica. En sus inicios trabajó en la Universidad del Norte, y su sueldo lo endosaba y lo daba a la caridad”.

FUE UN HOMBRE FELIZ

OPINIÓN CARIBE conversó con la señora Ana Margarita Vega Vives, esposa de Guy Opdenbosch Gallegos, con quien convivió durante 15 años. Entre sus cualidades, la viuda destaca que, pese a que era una persona muy reservada, era muy tierno y sobre todo, sensible.

Aseguró que su esposo fue un hombre feliz, porque siempre hizo lo quiso y lo que amaba era la ingeniería, su profesión. Trabajaba desde que se despertaba hasta que se acostaba.

Guy era apasionado por los dulces. El arequipe era su favorito. Por las tardes, se sentaba en su finca a comer salchichón cervecero, con cebolla picada en trozos y dientes de ajo.

Las películas lo impactaban mucho, tan así, que en ocasiones lo hacían llorar. Su plan favorito era ir a la finca, ver los atardeceres con su esposa y apreciar la ternura de las nubes.

“No le gustaban los tumultos,le encantaba escuchar música clásica y barroca, desafortunadamente, ahora fue que abrieron el Teatro ‘Pepe Vives’,así que cuando había conciertos, siempre íbamos”.

Así mismo resalta, que “siempre fue fiel a él mismo, sus carcajadas eran muy sonoras, hasta golpeaba las mesas con las manos mientras reía, decía siempre las verdades a quien fuera y de frente. Cuando estaba hablando en las reuniones y decía cosas que podía dolerle a otros, yo lo golpeaba en la pierna o lo pellizcaba para que le bajara el tono, pero era peor, porque me preguntaba delante de esas personas ¿por qué le pegaba? Él era o un viento suave, tierno, cariñoso, o un huracán. Ese era su temperamento”.

‘EL ÁNGEL AZUL’

Por razones prácticas, Guy Opdenbosch siempre vestía de azul, las camisas, los pantalones, las medias, todo era de ese color. Su argumento era que perdía mucho tiempo combinando la ropa. “Él iba bastante a la casa de mi tía y allá le decíamos el ‘Ángel azul’».

“A mí me enamoró su genialidad y porque éramos tan diferentes. Él estaba divorciado, yo estaba separada y llegué a ayudarlo con la parte financiera, porque en esa época yo hacía consultorías en los municipios y puse en orden varios de ellos, por eso me buscó”.

HACIENDA JIROCASACA

Era el propietario de la Hacienda Jirocasaca donde construyó la unidad generadora de energía eléctrica, la cual era una turbina Belton. Adicionalmente fabricó los secaderos de café, adelantados a su época.

También participó en la construcción de la casa del jardinero, la de huéspedes, entre otros trabajos. Le gustaba mucho ubicar señalizaciones en cada rincón de su casa, en las puertas e incluso en los grifos.

ANÉCDOTAS

Según la viuda, Guy Opdenbosch tenía infinidades de anécdotas, algunas más jocosas que otras, pero sin duda quedarán en la mente de quienes tuvieron la oportunidad de compartirlas con él.

“Era muy terco y a pesar de que estaba recién operado de la columna, se subía para verificar que estuvieran poniendo bien la arena de los pueblos indígenas. Una vez se quería subir en un burro para venirse para el pueblo porque nosotros estábamos en la cabecera cuando estábamos haciendo la planta de tratamiento. Yo estaba con él, porque él no se podía mover mucho, debía cuidarlo para que no hiciera locuras”.

Entre risas, la señora Ana Margarita contó que pocas personas vieron a Opdenbosch disfrazado, sobre todo porque a él no le gustaban los desórdenes. “Eso fue un martes de carnaval, él nunca lo había hecho. Ambos nos disfrazamos de hippie y fue muy chistoso”.

Recordó, además, que “una vez nos invitaron a una fiesta y se fue la energía y habían dejado reggaeton o no sé qué música era. Él estaba muy tranquilo, porque se escuchaba el rumoreo de la gente y cuando regresó, la música sonó muy fuerte que se levantó y gritó ¡Esto es África en todo su esplendor, yo me voy de aquí! Y agarró carretera caminando rapidísimo y él y mi yerno detrás de él en el carro, hasta que lo alcanzamos. Así como defendía sus puntos de vista, también sabía pedir disculpas cuando se equivocaba”.

Sin duda, la repentina partida de Guy Opdenbosch deja un gran vacío entre sus familiares y personas que admiraban su inteligencia y un profundo dolor que solo el tiempo puede sanar.

¡Descanse en paz, maestro!

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