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Amenazas a la democracia

Opinión Caribe

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En tiempos de noticias falsas y ambiente polarizado resulta fundamental identificar las amenazas a la democracia que se activan con las campañas electorales. A continuación, se presentan las más importantes.

Marcela Escandón

El historiador Malcolm Deas dijo, para el caso colombiano, que “la historia nacional se define en las regiones”. Esta afirmación resulta tan cierta como paradójica.

En Colombia, la distribución de la política local es la que determina el balance de fuerzas que logra consolidarse para dominar en el contexto nacional. Pero, no por eso, las decisiones nacionales favorecen a las regiones, de ahí parte del rezago económico de algunas de ellas. Pese a esto, las elecciones regionales son apasionantes y merecen un análisis especial. Vale la pena dedicar tiempo a pensar cuál debe ser el papel del ciudadano para contribuir al bienestar de las comunidades y utilizar el voto de manera inteligente, útil y consciente.

Las siguientes son las amenazas más importantes a la democracia que se activan con las campañas electorales:

PRIMERA AMENAZA: LAS VIOLENCIAS

Aunque es común escuchar que en Colombia la violencia es política y que ha existido desde siempre, lo cierto es que los fines, la intensidad y los propósitos de las acciones violentas, su impacto, actores y alcance no son los mismos. En la vida republicana, las guerras civiles del siglo XIX se llevaron a cabo como parte del repertorio rutinario del accionar en la competencia política y como forma legítima de acceder al poder. Estas guerras las peleaban unos grandes notables con poder económico y político regional, quienes involucraban a los habitantes de su zona de influencia, sin que estos tuvieran margen de maniobra para decidir si iban o no a la guerra.

Posteriormente, ya a mediados el siglo XX, otro tipo de violencia tuvo lugar en el país. Ya no eran las luchas electorales impuestas a la población por parte de caciques regionales, sino que eran actores espontáneos que se basaban en las lealtades partidistas, bastante arraigadas en la población, para definir la necesidad o legitimidad de recurrir a la violencia, aunque esta ya no fuera una herramienta política reconocida. Este tipo de violencia se presentó en el periodo conocido como La Violencia, y se ejemplifica en las historias de venganza familiar que dieron origen a los bandoleros Pedro Brincos, Capitán Venganza, Sangrenegra, entre otros.

Desde la segunda mitad del siglo XX, otros tipos de violencia se crearon y extendieron en distintas regiones del país: las relacionadas con el problema agrario aún sin resolver, las inspiradas en teorías internacionales, las que buscaban resistir a la ampliación de la presencia del Estado, las que se relacionan con actividades económicas ilegales, como las asociadas a la producción y tráfico de drogas; las perpetradas por el mismo Estado como abuso de poder contra la población y sus respectivas reacciones. Algunas de estas violencias han permanecido o se han transformado hasta la actualidad.

Mientras tanto, y a pesar de todos estos ires y venires, el calendario electoral colombiano se cumplía casi de manera ininterrumpida. Con excepción de unos contados episodios de golpes de Estado y dictaduras bastante cortas y blandas -en comparación con el resto de América Latina-, Colombia se enorgullece de ser una de las democracias más antiguas del mundo. Sin embargo, ¿a qué costos? ¿Por qué se han llevado a cabo las elecciones en medio de contextos tan violentos? Esta pregunta tiene una gran relevancia histórica, como se explicaba anteriormente, pero también es importante en la coyuntura electoral actual, cuando, según la Misión de Observación Electoral, MOE, han amenazado a 69 candidatos entre julio y septiembre de 2019.

La tabla No. 1 muestra como en el corto lapso de 2 meses ha ocurrido una preocupante variedad de episodios de violencia en contra de candidatos, incluyendo 7 asesinatos. En la gráfica No.1, además, se contrasta la cantidad de amenazas con hechos violentos concretos (asesinatos y atentados) desde octubre de 2018, para todo tipo de líderes.

Ahora bien, en la tabla No. 2 se presenta la cantidad de personas víctima de la violencia, por tipo de liderazgo y el tipo de hecho violento.

En la siguiente tabla No. 3 se muestra la distribución de esos candidatos que han sufrido diversos tipos de hechos violentos, distribuidos por partido político, coalición o movimiento significativo de ciudadanos.

SEGUNDA AMENAZA: EL FRAUDE

La MOE también publica unos mapas de riesgos en los que señala alertas acerca de posibles riesgos de fraude, compra o trasteo de votos, entre otros factores que pueden distorsionar la voluntad de los ciudadanos en las urnas. El primer mapa que se muestra, si bien es un ejemplo de las elecciones nacionales, ubica la relación entre fraude y violencia, muy pertinente para ser considerada en las actuales campañas regionales.

El fraude, en cualquiera de sus modalidades, es un fenómeno muy grave que debilita la democracia, puesto que favorece a los intereses políticos y económicos más poderosos, quienes pueden aprovechar la corrupción de las instituciones y de los ciudadanos para comprar su permanencia en el poder. Parte de este proceso se ilustra en los diagramas 1, 2 y 3, pues la elección de representantes para que tomen decisiones de interés público, en la práctica, se distancia de la realidad.

TERCERA Y CUARTA AMENAZAS: LA APATÍA Y LA POLARIZACIÓN

En un contexto internacional en el que las redes sociales y el intercambio en tiempo real de información dificultan cada vez más la verificación de la veracidad y la aproximación crítica hacia aquello que se escucha o lee, se hace cada vez más importante asumir la ciudadanía como un asunto de responsabilidad permanente frente al voto y al uso de la información.

El problema se refleja, pero no se agota, en la abstención electoral del 47 % en las elecciones presidenciales de 2018. También se muestra en la apatía ciudadana, en los escándalos de corrupción que algunos pocos medios de comunicación resaltan y que no se reciben ni comprenden en su gravedad y complejidad por parte de la comunidad. Se hace presente en los debates políticos centrados en insultos más que en ideas o argumentos. Se evidencia en las discusiones entre ciudadanos cuando no es posible pensar diferente, expresar opiniones distintas a las de las mayorías.

Esta es una amenaza muy grave, al igual que las anteriores, porque no hay democracia sin ciudadanía activa, sin espacios seguros para la participación. Si el debate público está plagado de apologías a la violencia y la discriminación no es posible el dialogo constructivo para la resolución de problemas sociales. No es posible la delegación de las decisiones políticas en funcionarios que representen ideas y visiones de sociedad. No es posible una verdadera democracia.

A MODO DE CONCLUSIÓN: ‘MANUAL’ PARA UN VOTANTE CADA VEZ MÁS RESPONSABLE

A continuación, cinco acciones sencillas que lo convertirán en un ciudadano crítico y responsable. No se trata de gastar muchas horas de la vida en leer cada programa de gobierno. Se trata de superar la apatía, escuchar, valorar y analizar críticamente toda la información que recibe durante las campañas.

  1. Busque información. Pregunte a sus vecinos, hable con sus amigos, consulte Internet. No se conforme con las frases pegajosas de una campaña.
  2. Rechace la corrupción. No solo debe rechazar el tamal y la teja, porque recibirlos es un delito, sino que debe votar por candidatos que no estén implicados en escándalos de corrupción, que no le deban nada a personas condenadas, entre otros indicadores de que ese personaje podría llegar a hacer lo mismo una vez asuma el poder. Aunque no hayan sido condenados y se deba respetar el derecho a la presunción de inocencia, los ciudadanos tienen también el derecho a desconfiar y utilizar la información que muchas veces circula en las regiones. Es posible identificar estos personajes para no votar por ellos.
  3. No apoye la polarización. Evite dar su apoyo a candidatos incendiarios, que no son responsables frente a lo que dicen, que calumnian o que prefieren atacar las ideas de otros antes que explicar sus propuestas. Los personajes públicos que reproducen prejuicios, descalifican y estigmatizan no solo confunden para que no se pueda saber muy bien a qué se dedicarían al llegar al poder, sino que legitiman comportamientos violentos en otras personas. Esto no se puede permitir.
  4. Rechace la violencia. En todas sus formas. Si le es posible, sin poner en riesgo su vida, denuncie. Por lo contrario, simplemente aproveche que el voto es secreto y no apoye a los cómplices de los violentos.
  5. Vote a conciencia. Revise la experiencia y hojas de vida de cada uno. Pregúntese qué harían estas personas ante una crisis. ¿Los ve resolviendo problemas sociales o sacando excusas? Pregúntese si priorizan los mismos temas que son de su interés: medioambiente, educación, empleo y demás. Use el voto como castigo a quienes en el pasado no han hecho bien su trabajo. Identifique el candidato que más se acerca a su modo de pensar. Solo así estará bien representado.

 

MUY IMPORTANTE

Si aún no sabe por quién votar y quiere ver la lista de candidatos puede consultar:

https://elecciones2019.infovotantes.co/#/consulta/candidatos

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