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Análisis

Mayo, mes triste para el Magdalena

Opinión Caribe

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El domingo 18 de mayo parecía ser en el municipio de Fundación un día normal. Los gallos despertaron a la población desde temprano y las mujeres empezaron sus quehaceres como de costumbre.

Horas más tarde, los niños que vivían en casas de bahareque y otros, en viviendas en obra negra, se despertaron pidiendo su desayuno.

Fundación, como casi todos los municipios del departamento del Magdalena existe variedad de iglesias católicas y protestantes. Una de las que cuenta con más feligreses es la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, ubicada en el barrio Altamira.

Desde temprano, sus líderes espirituales y miembros de la comunidad evangélica comenzaban los preparativos para el culto tradicional.

Una de las misiones de esta iglesia era motivar a la población para que asistiera de forma masiva al templo para enseñarles la palabra de Dios.

Para los niños estaban programadas diferentes actividades lúdicas con el fin de atraerlos y que, a partir de ese día, acudieran sin falta al culto.

Con esa intención varias mujeres recorrían las calles de los barrios Juan XXIII, Yumbo, ‘Faustino Mojica’, Altamira y Vista Hermosa, según lo afirmaron varios familiares de los menores.

Ese día, una mujer convenció a varios padres de familia para que les concediera el permiso de llevarse a sus hijos y regresarlos una vez terminara la actividad.

A las 11:15 de la mañana, aproximadamente, Fundación se convirtió en noticia mundial por el accidente en el que murieron calcinados 33 niños en el interior de un bus, cuando regresaban de una jornada religiosa organizada por la iglesia Pentecostal.

¿PARA QUÉ UTILIZARON UN VEHÍCULO?

De acuerdo con el escrito de acusación, en el marco del proceso penal que se lleva en curso por esta tragedia, el cual reposa en la Fiscalía General de la Nación, al ver el éxito de la escuela dominical, el líder espiritual Manuel Salvador Ibarra Plaza, intentó conseguir otros medios de transporte para brindar comodidad a los niños, por ello, consiguió algunos vehículos, pero eran pequeños y no satisfacían la demanda de los menores. Por tal razón, siguió en la búsqueda de un vehículo más grande.

En esa gestión se contactó con Alfredo de la Cruz Esquea, quien era administrador de la Funeraria Pablo VI de Fundación y propietario del bus, de placa UVS 556, que tenía parqueado en la puerta del establecimiento.

«Estas personas iniciaron conversaciones con respecto a la utilización del bus y llegaron a un acuerdo económico de 80.000 pesos por cada recorrido cada domingo», dice el documento.

LOS RECORRIDOS

Los recorridos comenzaron a partir del 6 de abril de 2014. La persona encargada de manejar en esa ocasión fue el señor Jorge Pérez Solano, la misma que manejó la buseta los días 13 y 20 de abril del mismo año.

El 7 de abril, el vehículo fue manejado por el mismo Alfredo de la Cruz. El 4 de mayo no se prestó el servicio y se reanudó a partir del 11 de mayo conduciendo en esa oportunidad Jaime Gutiérrez.

Los recorridos consistían en recoger a los niños en la casa de los adultos comisionados. Más o menos a las 7:00 de la mañana los llevaban a la iglesia y pasaban por ellos a las 11:00, para regresarlos al sitio inicial. Sin embargo, el bus tenía que hacer varios recorridos debido a que la capacidad máxima era de 24 pasajeros y los niños asistentes eran unos 150, más nueve adultos que eran los encargados de vigilar a los pequeños.

EL DÍA DE LA TRAGEDIA

El día 18 de mayo de 2014, Jaime Gutiérrez Ospino, en compañía de Manuel Salvador Ibarra, se disponía a realizar el recorrido de todos los domingos.

En esa oportunidad, entre las 7:00 y 7:30 de la mañana, llegaron hasta la estación de servicio Brío, ubicada en la salida de Fundación, vía que conduce hacia Valledupar, con el fin de que se le despachara gas a dicho vehículo, porque se les estaba agotando.

Por no tener el respectivo chip, los trabajadores decidieron no despachar. Ante esto, Jaime y Manuel esperaron unos 50 minutos para que llegara otro vehículo, les prestara el chip y de esa forma obtener el gas; sin embargo, no llegó ningún carro.

«Ante la impotencia de Manuel Ibarra, el señor Jaime Gutiérrez le indicó que semanas anteriores observó que Alfredo de la Cruz realizó una maniobra y descubrió que ese carro podía funcionar con gasolina siempre y cuando se le suministre de manera artesanal, es decir, por gravedad o como dicen vulgarmente, utilizando el ‘tetereo’.

Esta técnica consiste en abrir la tapa del motor que se encuentra dentro del bus, en la parte derecha de la silla del conductor, coger una manguera e introducir un extremo en un recipiente con gasolina. El otro extremo se mete en la boca, se succiona y cuando la gasolina va a salir, ese extremo se conecta directamente al carburador, convirtiendo el recipiente en un rudimentario tanque de gasolina, el cual se coloca encima del piano del motor.

Jaime Gutiérrez hizo la salvedad que esa maniobra podía ser peligrosa y provocar un incendio; sin embargo, Manuel Ibarra aprobó la actividad al manifestar, que con el favor de Dios eso no iba a pasar e inmediatamente le entregó 10.000 pesos a Gutiérrez para que comprara la gasolina.

Dentro del bus había una manguerita y una especie de botella o caneca plástica de color azul, la cual fue utilizada por el conductor para ir a la bomba y pedir que se le suministrara el combustible. Una vez hizo la compra, volvió hasta el bus a realizar la maniobra peligrosa y encendió el vehículo al instante, por lo que fueron a recoger a las señoras encargadas de reunir a algunos niños y apoyar en el traslado hasta la iglesia.

SEÑALES QUE PUDIERON EVITAR LA TRAGEDIA

Gracias a la información recopilada por las autoridades mediante relatos de testigos, el bus en el que se transportaban esas personas tuvo unos cuatro inconvenientes en el camino.

El primero se presentó en el barrio Vista Hermosa, donde se quedaron sin gasolina. El conductor al darse cuenta de esto, se dirigió hacia una estación de servicio y compró el combustible para poner en funcionamiento el automotor.

Al regresar con la compra, llevó a cabo la misma maniobra que hizo en la estación Brío, es decir, el ‘tetereo’, solo que esta vez lo hizo con varios adultos con unos 60 niños dentro del bus.

Los adultos le insistieron a Jaime Gutiérrez en que había mucho olor a gasolina y que antes de realizar ese tipo de acciones bajara a los niños del bus, pero el conductor no respondió y siguió con su actividad.

El bus volvió a funcionar tal y como lo hizo la primera vez y realizó el primer recorrido.

En el segundo viaje de la mañana, el bus presentó una nueva falla que fue solucionada de la misma forma. Una vez concluida la actividad de transporte, Jaime dejó la buseta parqueada afuera de la iglesia y se retiró para regresar luego que finalizara el servicio religioso por los niños.

A las 11:00 de la mañana llegó Jaime Gutiérrez a la iglesia, encendió la buseta y se dispuso a devolver a los pequeños y adultos. En el primer recorrido se subieron unos 60 niños con los adultos. En el tercer viaje, el bus sufrió un nuevo incidente por falta de gasolina y fue solucionado de igual forma como las anteriores. Ese viaje también fue culminado con éxito; no obstante, el cuarto viaje que se realizaba a las 11:15 de la mañana, tenía como pasajeros a 59 niños, entre los 2 y 17 años, y a ocho adultos.

En el recorrido, la buseta nuevamente se queda sin gasolina. Esta vez, en la calle 24 número 8- 28, cerca del estadio de sóftbol. Por cuarta ocasión, Jaime Gutiérrez, con dinero entregado por Manuel Ibarra, se dirigió a una estación de gasolina para comprar el combustible y suministrarlo de manera artesanal.

Los adultos, al ver la reiterativa maniobra y que el bus emanaba un fuerte olor a gasolina debido a que cada vez que se realizaba el suministro se regaba dentro del motor, le pidieron al conductor que bajara a los niños antes de esto, pero este respondió que no.

Al terminar de suministrar la gasolina, el conductor encendió el bus y fue en ese preciso momento -cuando le da start-, lo que generó una explosión en el carburador debido a que este es un dispositivo que se encarga de preparar las mezclas de aire-combustible en los motores de gasolina con el fin de que el motor funcione.

TRAMPA MORTAL

El incendio se registró desde la parte delantera hacia atrás, que le causó la muerte a 33 niños, en razón a que el vehículo no tenía salidas de emergencias. Solo dos puertas pequeñas, los vidrios de emergencia sellados y la ventana panorámica trasera en fibra de vidrio, lo que convirtió al bus en una trampa mortal sin salida.

Con base en el escrito de acusación, antes de concretar el negocio del transporte, Alfredo de la Cruz le manifestó verbalmente a Manuel Ibarra que el bus no tenía seguro obligatorio, ni revisión tecnicomecánica; y a pesar de la falta de documentación, el mal estado del vehículo, falta de salida de emergencia, sillas en mal estado y demás requisitos exigidos para transportar niños, el señor Ibarra aceptó contratar el bus.

Según los menores de edad, las semanas siguientes a la tragedia fueron días tristes y aburridos.

Después de estos hechos, la Fiscalía recolectó material probatorio contundente, por lo que el día 19 de mayo de 2014, solicitó la captura de Jaime Gutiérrez Ospino y Manuel Salvador Ibarra Plaza, la cual se hizo efectiva el mismo día llevándolos ante el Juez Sexto Penal Municipal de Control de Garantías de Santa Marta el día 20 de mayo, donde se surtieron las audiencias de legalización de captura, formulación de imputación e imposición de medidas de aseguramiento por el delito de homicidio simple en la modalidad de dolo eventual en concurso homogéneo.

A Jaime Gutiérrez Ospino se le imputaron cargos como autor material de la conducta y a Manuel Ibarra Plaza se le imputó como autor por la posición de garante.

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