Connect with us

Análisis

‘No hay sensibilidad ante el dolor’

Opinión Caribe

Published

on

Como resultado del fatídico hecho en el que un hombre fue asesinado brutalmente por varios hombres, vale la pena citar la frase que también se le atribuye al Libertador Simón Bolívar: “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Dos décadas después de la muerte de Enisberto Peñalver Pérez, quien fue asesinado con piedras, botellas y garrote, a manos de un grupo de tagangueros que no quiso pagar la cuenta en un establecimiento que la víctima atendía, se repite la historia de este hecho aberrante que indignó a la sociedad samaria.

¿Hasta dónde puede llegar el ser humano? ¿Por qué la sociedad contempla este tipo de hechos sin reaccionar? ¿Hasta dónde llega el morbo? Son algunos interrogantes que surgen entre los ciudadanos luego de un crimen execrable.

OPINIÓN CARIBE consultó a Eliú Fajardo Castillo, magíster en Desarrollo Integral de Niños y Adolescentes y docente catedrático del programa de Psicología de la Universidad del Magdalena para abordar este tipo de comportamiento.

El profesional de la psicología aseguró, que, tras este caso, es necesario analizar el comportamiento de los vecinos frente a una conducta violenta y la rehabilitación social.

“Inicialmente se debe estudiar a los protagonistas, quienes son las personas que por ninguna circunstancia se inmiscuyen, son temerosos, pero para grabar los hechos funcionan como un reloj. Esto hace referencia a que nos hemos convertido en una sociedad que no tienen ningún tipo de sensibilidad ante el dolor.

Lo segundo tiene que ver con la rehabilitación social que no existe, es decir, todo el mundo habla de paz, pero nadie se compromete y si se le pregunta, todos quieren ser parte de este proceso, pero no nos concentramos en las personas que han generado conductas violentas. En este caso, todo el mundo sabía de la existencia de personas que estaban armadas y que podían hacerle daño a la comunidad, pero ningún organismo público o privado se propuso trabajar para rehabilitarlas.

Desde la psicología, estas dos situaciones explican en que estamos en una sociedad que ha aprendido a ser violenta a lo largo de la historia y le cuesta mucho ser pacífica, por lo que este tipo de situaciones lleva a la insensibilidad, a la falta de compasión o interés por lo que ocurre con otra persona”.

¿CÓMO ATENDER EL PROBLEMA?

Cuando suceden este tipo de acontecimientos, la sociedad reacciona emitiendo pronunciamientos y cuestionando, obligando a diferentes instituciones del Estado a tomar acciones que – muchas veces- son ‘paños de agua tibia’ ante la falta de soluciones para erradicar el problema.

Uno de los actores que cumple un rol fundamental es la escuela. Para Eliú Fajardo Castillo, desde la academia se pueden aportar cambios, teniendo en cuenta que este escenario es generador de conductas pacíficas y prosociales, es decir, pensadas no solo en el interés personal, sino en el colectivo.

Así mismo, se requiere con urgencia, la construcción de políticas encaminadas a la rehabilitación de aquellas personas que pueden -en algún momento- ser generadoras de violencia. “Estamos en medio de una sociedad en que una persona más sin vida no representa un daño para mí. Hay quienes piensan que después que no sea con él, nada importa, pero adopta actitudes de incitador de violencia. Por ejemplo, cuando una persona sin mediar palabra y sin saber cuáles son las causas del conflicto responde con amenazas, agresiones verbales o físicas, que da muestras de una sociedad que no se ha educado para la paz y que piensa que la única forma para resolver un problema es atacando a su congénere”.

Enfatizó, además, en que los esfuerzos que hay en estos momentos a nivel local sobre políticas para la rehabilitación de personas que consumen sustancias psicoactivas son insuficientes, porque no hay un plan diseñado o no arroja los resultados encaminados a la transformación social.

“Estos jóvenes eran reconocidos en la comunidad como personas agresivas, problemáticas, consumidora de alucinógenos, que en cualquier momento representarían un riesgo para los habitantes de este barrio y sectores aledaños. Para estas situaciones deben existir programas que involucren a todas estas personas generadoras de violencia contra el bienestar común”.

INDIVIDUALISMO, CARACTERÍSTICA DE LA SOCIEDAD MODERNA

William Guerrero, sociólogo consultado por OPINIÓN CARIBE, argumentó su respuesta basado en el filósofo francés y padre de la sociología, Emile Durkheim, quien habla del individualismo como una de las principales características de las sociedades modernas, que vive en un mundo plástico donde todo es desechable y no existe trascendencia. Los ámbitos espirituales y culturales son ignorados; lo único que tiene un valor, es aquello que tiene un precio. El dinero es el valor más grande de todos.

“Es una afirmación que pocos están dispuestos a discutir, pero el ‘individualismo’ se usa para referirse tanto a la creciente privatización y atomización de la vida cotidiana, como al respeto a la dignidad de las personas y al egocentrismo e indiferencia de los miembros de la masa, como al proceso de reconocimiento de los derechos a la diferencia; y como al egoísmo exacerbado frente a voltear la mirada frente a los problemas.

Este comportamiento se refleja en nuestra sociedad, donde reaccionamos solo si se ven afectados nuestros intereses, pero cuando el afectado es otro, somos observadores o peor, volteamos la mirada frente a la problemática. Algunos aducen que por emociones como el miedo, la impotencia, el desconocimiento, pero sea cual sea el motivo, denota un egoísmo y cada día debemos reflexionar sobre ello y transformarlo con actuaciones solidarias y altruistas para cambiar”.

¿HASTA DÓNDE PUEDE LLEGAR EL SER HUMANO?

Los límites de una persona son impredecibles. La teoría del cerebro Triuno analizado desde la psicología, da cuenta que los seres humanos poseen un cerebro primitivo o emocional, esta es la razón por la que cuando alguien se siente en peligro, es capaz de hacer lo que sea, incluso, causarle la muerte a otra persona.

No obstante, Eliú Fajardo sostiene, que “a diferencia de los animales, el ser humano tiene la capacidad de razonar y pensar antes de actuar, y esta solo se ve afectada cuando hay fallas en la educación o por otros elementos”.

Si bien no se tiene acceso al dictamen de Medicina Legal y conocer si los jóvenes estaban bajo los efectos de alucinógenos, si se puede afirmar que son consumidores habituales y que su estado mental estuviese alterado como resultado de ello. Quizás son personas que por su falta de educación emocional su respuesta frente a una situación de agresión no va a tratar de mediar ni conciliar o buscar a las autoridades para que las ayuden a resolver el conflicto, sino que va a responder violentamente”.

Por su parte, William Guerrero manifestó, que la muerte de Rafael Alejandro Viloria, “denota una sensibilidad colectiva, debido a las imágenes dramáticas y relatos de los ciudadanos por la sevicia del crimen. Este hecho pone en evidencia la desintegración de la convivencia ciudadana, desconocimiento y desacatamiento de las normas y de los estamentos públicos, así como la falta de credibilidad hacia las instituciones por no tomar cartas en el asunto en la resolución de cualquier conflicto”.

Por ello, también es importante citar al sociólogo polaco Zygmunt Bauman en su libro ‘La vida líquida’ que hace referencia a “la manera habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas, que se caracterizan por no mantener ningún rumbo determinado, puesto que se halla inscrita en una sociedad que, en cuanto líquida, no mantiene por mucho tiempo una misma forma.

La vida líquida consiste en la imposibilidad de solidificar los esfuerzos de la persona en algo tangible, esto es, el hombre postmoderno verá como su trabajo, sus amistades o su pareja están sometidos a procesos ininterrumpidos de cambio que no puede prever, ni siquiera alcanzar a entender. Pues esto es lo que caracteriza a la vida líquida: el eterno cambio, el cambio como motor del cambio, el cambio porque sí”.

SE NECESITA UN CAMBIO

Para que no se repita por tercera vez esta historia, es necesario que la sociedad se sensibilice frente a estos hechos. Que la muerte de Rafael Alejandro Viloria no sea una simple noticia, sino que sea estudiada como una realidad social.

“Tenemos que actuar como comunidad y la forma en la que se comporta el ciudadano demuestra que es necesario fortalecer los programas o políticas encargadas de prevenir el consumo de sustancias y promover conductas saludables en las comunidades.

De nada sirve construir parques en toda la ciudad, sino existen políticas tendientes a cambiar la forma en la que se entienden las problemáticas sociales, por tanto, no habrá comportamientos saludables que vayan a favor del bien común,

La invitación a la comunidad es a que participemos en la construcción del bien común y estrategias encaminadas al cambio social y la percepción sobre la violencia”, acotó el psicólogo Eliú Fajardo Castillo.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *