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Editorial & Columnas

Reflexiones de un cuarentón

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Por: Jose Eduardo Barreneche Ávila

Hace poco cumplí cuarenta años. La verdad nunca pensé en llegar a esta edad. Me parece mentira. Los cuarenta pensé que era una edad reservada para aquella maestra que nos enamoró a todos y que solo uno de nosotros tuvo la dicha de besarla y hacerle el amor.

Nunca se me olvidó cuando cuatro preadolescentes colegiales irrumpimos en su casa con ganas de vivir la vida y ella nos recibió diciendo tengo cuarenta años, ustedes pueden ser mis hijos. No obstante ésa noche ella se decidió por uno de nosotros. Ese día anhelé tener cuarenta años.

Yo no fui el seleccionado para esa faena. En ése momento pensé que los cuarenta era el momento para escoger y no esperar ser elegido. Nunca asocié esta etapa de la vida con vejez pero si con el suficiente poder para hacer lo que se quiere. Con esa imagen de los cuarenta crecí.

Veinticinco años después de ésa anécdota me percato que los cuarenta tienen una dimensión especial y que ese pensamiento era trivial frente a la importancia de otras cosas. En esta década comienzas a ser consciente que la felicidad existe y que es sublime, única y quieres mantenerla en una forma perpetua.

Por una parte a esta edad te aferras a las manos de tú esposa con la que compartes todas las noches. Quieres mantener la inocencia   de tus hijos y evitar que el reloj marque el último adiós de tus padres. Anhelas compartir con tus seres queridos indefinidamente, tomar un vuelo, viajar y compartir con los que más quieres. En este momento que los afanes de la vida no te afecten. El presente junto a ellos en una silla de avión, es el inicio de unas buenas vacaciones. Tiempo para vivir es lo que pides a la vida.

A esta edad ya han fallecido algunos amigos. Sabemos que la muerte a esta edad no abunda pero llega.

Hace poco coincidí con una persona de la misma generación en un avión. No se habló de fútbol, ni de mujeres u otra afición. Me dijo que quería aferrarse a la edad de los cuarenta años. Él había formado su familia, amaba a su esposa, sus hijos apenas caminaban, sus hermanos eran su gran compañía y sus padres ingresaban a la tercera edad. Me mencionó que lo tenía todo; salud, familia, trabajo y más de lo necesario para subsistir. Me dijo “quiero cristalizar este momento”.

Coincidí con él. Evidentemente, los cuarenta años es una etapa mágica, semi perfecta, en la que ya hemos trabajado lo suficiente para entender que la espiritualidad, la salud y el tiempo son más importantes que todo, que la sonrisa de tus hijos no tiene precio, ellos son tu razón de vivir, el abrazo de tú esposa y su compañía es tú fortaleza, los hermanos son tú guía e inspiración,  los consejos de los padres son el norte y tú tesoro más grande, y los amigos, esos con lo que compartes estos cuarenta años, son una bendición con los que quieres cristalizar estos momentos. Son ellos con los que compartiste tantos momentos gratos. Esos amigos con los que creciste y diste tus primeros pasos, esos que se mantienen en el corazón aunque el tiempo pase.  Esos verdaderos amigos aunque no los frecuentes.

 

Ellos son esos cuarentones con los que quieres compartir estas reflexiones e invitarlos a viajar y viajar en el avión de la vida con la plenitud y conciencia que permite haber trasegado cuatro décadas.

¡Cuarentones, el llamado es a ser felices!

 

josebarreneche@hotmail.com

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