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No improvisemos candidatos

Opinión Caribe

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Por: Cecilia López Montaño

Independientemente de si se tiene o no la misma ideología del presidente Duque, la verdad es que los colombianos estamos sufriendo las consecuencias de tener al mando del país una persona con las siguientes características. Primero, al llegar a esta posición, no tenía idea de como se maneja el poder Ejecutivo, es decir cómo se administran las distintas entidades que realizan las obras y las políticas públicas. Ya conocemos los costos de no tener esa mínima experiencia. Todo se le va en promesas que después no concreta porque no sabe lo largo que es el camino para hacer realidad no solo sus órdenes sino las estrategias gubernamentales. Solo un ejemplo: al inicio de su gobierno va a San Andres y promete lo divino y lo humano, después lo ratifica y nada avanzó según confiesan sus habitantes que alcanzaron a ilusionarse.

Segundo, no conoce las verdaderas limitaciones del país la cuales no se aprenden sino cuando se ha hecho una carrera en el sector público y se ha tenido que enfrentar a huelgas, protestas que obedecen a esas inmensas diferencias regionales y en sectores de población que caracterizan a Colombia. Por ello, cuando hay expresiones de inconformidad, que son el pan nuestro de cada día, no tiene idea de cómo manejarlas y cree que todo se resuelve como si se tratara de un problema de orden público. Lejos de resolver las fuentes de protesta las incentiva a que se desborden.

Tercero, llega sin equipo de manera que no tiene idea de cómo nombrar a sus colaboradores y decide, por ejemplo, que todos o la gran mayoría provengan de su universidad. Un equipo de aprendices sin un maestro que los guie, además. Pero resulta que la única manera de armar un grupo eficiente es cuando se ha tenido la experiencia de conocer cómo trabajan esas personas y si comparten su estilo. Nada de eso ha sucedido y el equipo de gobierno es una orquesta sin director y desafinado porque no tiene partitura.

Cuarto, no ha aprendido de esos errores normales que se cometen a lo largo de una carrera pública. Pero resulta que no los ha cometido porque no ha hecho carrera, es decir, no empezó con cargos menores, y no cometió errores de ese tamaño, y por ello llega al máximo nivel sin tener la menor idea de que cosas se pueden hacer y decir y cuáles no.  Por ello termina haciendo el oso internacional como el que se recuerda de su primer viaje a España y de su encuentro con el Rey.

Quinto, no logra tener claras las prioridades de un país lleno de problemas y en medio de tantas dificultades trata de hacer de todo un poco con el resultado de que no logra realizar aspectos importantes de la vida nacional. Por ello termina escuchando consejos que pueden no ser bien intencionados, o responde a demandas de grupos de interés, o termina haciendo lo que su jefe político le manda sin tener las capacidades de el para convencer a sectores de la sociedad colombiana.

La lista puede ser mucho mas larga, pero solamente esos puntos descalifican a algunos de esos precandidatos que solo son exitosos negociantes porque se han beneficiado de la cercanía del poder. Nunca han tenido que mirar el país con la responsabilidad que adquiere un primer mandatario. No tienen idea de lo que implica cumplir con la Constitución y tampoco perciben los costos de su profunda ignorancia sobre los temas de Estado.  Otros cuatro años esperando que un individuo aprenda que es Colombia y cuáles son sus obligaciones, es algo que los colombianos no nos merecemos. Creo que el país ha sufrido suficiente de manera que sería imperdonable que improvisemos candidatos a la presidencia para el período 2002-2006.

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