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Editorial & Columnas

Forzar el aprendizaje antes de tiempo, causa sufrimiento en el niño

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Por Harold Castañeda Robles

Este es precisamente un artículo que leí hace unos días y que hoy condenso para ustedes del prestigioso neurocientífico español Francisco Mora en el cual nos invita a reflexionar sobre el gran reto de la educación actual: “formar personas íntegras que desarrollen todo su potencial.” Para lograrlo, es necesario comprender cómo funciona y se desarrolla el cerebro humano.

Mora explica que el cerebro de cada niño tiene tiempos específicos de maduración en áreas como la lectoescritura, las habilidades psicomotoras o las funciones ejecutivas. Forzar el aprendizaje antes de que esas áreas estén preparadas genera gran sufrimiento y frustración en los menores.

El experto hace un llamado a implementar los avances de las neurociencias en las aulas a través de la neuroeducación. Se trata de una visión pedagógica que parte de entender la singularidad de cada cerebro para potenciar el desarrollo individual.

La neuroeducación nos recuerda que no existen dos cerebros idénticos. Cada niño tiene fortalezas y debilidades que deben atenderse de forma personalizada. Esto requiere un cambio de paradigma frente a la estandarización que ha imperado en la escuela tradicional.

Por eso nos deja unas claves de la neuroeducación para entenderla mejor.

Es el momento de actuar: Aunque falte camino por recorrer, los avances actuales permiten empezar a transformar la educación sobre bases científicas. Hay que evitar que se perpetúen falsas creencias sobre el aprendizaje.

La emoción es clave: Las emociones están íntimamente ligadas a los procesos cognitivos. Generar contextos motivantes y afectivos mejora significativamente el aprendizaje especialmente en edades tempranas. La educación debe suscitar la curiosidad innata en los estudiantes para captar su atención e interés por aprender.

Atender la singularidad: No se puede seguir pensando en las habilidades de los niños “por las notas obtenidas”. Hay que entender los tiempos madurativos de cada niño e identificar sus talentos.

Revalorizar al maestro: Es urgente dignificar esta profesión y dotar a los docentes de herramientas para potenciar el desarrollo individual de sus alumnos.

Los peligros de forzar el aprendizaje

Forzar el aprendizaje temprano de habilidades para las que el niño no está preparado a nivel cerebral puede tener graves consecuencias, advierte Mora. Actualmente el 23% de los niños presenta dificultades de aprendizaje por estas causas. Esta alarmante cifra evidencia los graves errores del sistema educativo al no considerar los tiempos cerebrales.

Frente a este sombrío panorama, la neuroeducación se presenta como un enfoque esperanzador. Ofrece las herramientas para que los docentes puedan entender la singularidad de sus alumnos e implementar planes educativos personalizados.

Mediante técnicas como la observación, las evaluaciones cognitivas y el mapeo cerebral, los maestros pueden identificar fortalezas y debilidades de cada estudiante. Así, en lugar de etiquetar y excluir, se potencia el talento de los estudiantes mediante estrategias ajustadas neurocognitivamente.

Si bien la neuroeducación aún debe afianzarse, los expertos coinciden en que marcará un antes y un después. Por fin la pedagogía se fundamentará en evidencia científica y no en tradiciones obsoletas.

De otra parte, también es hora de que los políticos y autoridades educativas comprendan que la verdadera transformación comienza por entender el cerebro humano, muchos colegios en Colombia, en su afán por lograr que sus estudiantes obtengan puntajes sobresalientes en las pruebas estandarizadas del Estado, están incurriendo en la errada práctica de forzar el aprendizaje temprano en los niños.

Los docentes se ven presionados para entrenar habilidades académicas desde los primeros años, sin considerar si los alumnos tienen la madurez neurocognitiva para ello. Esta carrera por “enseñar más y antes” genera gran frustración y altos niveles de estrés en los menores.

Además, al centrarse en la preparación para pruebas estandarizadas, los colegios dejan de lado el desarrollo socioemocional y el cultivo de talentos individuales. Se pierde así la oportunidad de formar personas íntegras, críticas y creativas.

Es urgente frenar esta obsesión por los rankings y los puntajes. La calidad educativa no se mide en cifras, sino en la capacidad de potenciar los talentos únicos de cada estudiante. Para ello, es clave entender sus tiempos cerebrales y brindarle las experiencias que realmente necesita según su etapa madurativa.

Sólo cuando la neuroeducación permee las escuelas podremos formar personas autónomas, felices y listas para afrontar los complejos retos del mundo actual. Está en nuestras manos impulsar este urgente cambio.

Como podemos ver, las ideas de Francisco Mora sobre la neuroeducación son tan lúcidas como estimulantes. Nos invitan a replantear drásticamente la forma en que enseñamos a las nuevas generaciones, anteponiendo la comprensión científica del cerebro en desarrollo, por sobre viejos esquemas academicistas que hoy en día, se practican en muchos colegios.

Aunque estas ideas representan un avance prometedor, su adopción en los sistemas educativos enfrentará retos. Muchos directores y autoridades escolares son reacios al cambio y se aferran a métodos tradicionales que aún dominan la cultura académica. Será necesario un esfuerzo de concientización y persuasión, apelando a la evidencia científica y los beneficios para los estudiantes. Un dialogo respetuoso y propositivo con los rectores y administradores de escuelas será clave en pos de una educación centrada en las necesidades de cada cerebro en desarrollo.