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Al oído ciudadano ¡Sócrates nos habla!

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Por: Carlos Arteaga España

Sócrates llevo el tema ético hasta sus últimas consecuencias, Coherente hasta los tuétanos renuncio a cualquier atajo, en cuanto se tratará de encontrar la verdad, la que siempre consideraba una especie de parto.

Me interesa para el caso en cuestión destacar dos diálogos, que en mi sentir condensan en grado sumo el talante socrático: Apología de Sócrates y Critón o del deber.

La vida de un hombre debe someterse a él examen, al escrutinio. La vehemente defensa de Sócrates contra los cargos que le endilgaron no solo es una pieza filosófica de hondo calado, sino sobre todo de una dimensión ética y humana sin par, pues al paso que expone sus argumentos en defensa de su conducta, invita al examen riguroso de su conducta, de suerte que solo una vida vivida al límite de la verdad, aun costa de padecer la injustica, el oprobio y la muerte adquiere sentido. La Apología de Sócrates resalta una máxima olvidada por la dirigencia: La coherencia y la transparencia frente a sus electores. Esa ambivalencia tan propia de la parroquia política ha terminado por erosionar la confianza de la ciudadanía en su clase dirigente, en los partidos políticos, y en no poco caso en las instituciones estatales.

Por otro lado, en el Critón o del deber se exalta de sobremanera el acatamiento a la ley, la responsabilidad, la coherencia, y sobre todo el entendimiento de que quien participa en la construcción de las instituciones publica no sirve de modelo, si renuncia a su sometimiento de conformidad como le vaya en eventual enjuiciamiento. Se ha vuelto una costumbre recurrente de tirios y troyanos expresar que la rama judicial está al servicio de causas politiqueras(generalización) ¡Si cometo un yerro jurídico y soy objeto de un proceso judicial automáticamente construyo la narrativa de que el juez o magistrado que adelanta el tema en cuestión se encuentra obedeciendo directrices de oscuros intereses politiqueros ¡Flaco favor le hacemos a la democracia cuando le vendemos el argumento de que ninguna institución judicial funciona!

La ciudadanía no cree en los partidos políticos, históricos voceros de los ciudadanos que creían ser interpretados por estos en las decisiones y núcleos de poder. Tampoco simpatizan con sus representantes de los cuerpos colegiados del ámbito legislativo o administrativo (Senado, Cámara, Asamblea etc.) expresando comúnmente que son un nido de ratas, hecho que amplifican los medios de comunicación para aumentar el ranking y la sintonía.

Y un síntoma aún más grave es el expresado en relación con la política, la cual se ve como actividad sucia, de gente sin recatos éticos, desprovistos de cualquier virtud. Una insana satanización que ha sido aprovechada por las castas políticas. Con acierto expresaba Artur Kaufman que la democracia puede soportar políticos mediocres, mas no ciudadanos inactivos. El remedio para tal malestar es que las personas se marginan de participar en la cotidianidad de las polis y los asuntos de importancia en el ámbito público, y los escasos que se aventuran a entrar a la política creen erróneamente que con votar cada cuatro años y andar en temas electorales ya cumplen el deber que se expresa en el artículo 95 de la Constitución Nacional “Son deberes de la persona y del ciudadano: 5. Participar en la vida política, cívica y comunitaria del país”.

Retomando el tema, luego de esta breve digresión, el creciente desprestigio frente a la rama judicial orquestado por los bandos en pugna por el poder ha venido socavando el prestigio de quienes solo ayer gozaban de la simpatía y el respeto colectivo ¡Lejos no está el momento, en que ese honor se mancille y la otrora respetada justicia adquiera la misma y escasa consideración que hoy tiene la rama legislativa y no poco la rama ejecutiva!

Sócrates como virtud, Sócrates como modelo de vida sigue vigente. El vigor de unas reflexiones antiquísimas como las que nos ocupa reside en la ética laxa y relativa que venimos presenciando actualmente, donde el más grande perjudicado es el sistema democrático. Nos debería llamar a reflexión, por encima de todo a los ciudadanos, quienes sin rubor nos adherimos a una u otra postura política, muy a pesar de que en el tribunal de nuestra conciencia tenemos claro que muchas de las cosas que aplaudimos son abiertamente reprochables e indefendibles a la luz del derecho, la razón y la justicia.