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Editorial & Columnas

Sindéresis política 

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

Nos transporta la sindéresis, que es discreción, capacidad natural para juzgar rectamente, al contundente decir con Tomás de Aquino, que es la razón natural, misma que considera cognoscitiva, esto es, el hábito innato por medio del cual la persona conoce y regula su naturaleza humana, y en especial, su razón (tanto teórica como práctica) y su voluntad, y está abierta a estas facultades, tanto en su estado nativo como activadas. Se conoce también la sindéresis por medio de otro hábito innato, la sabiduría, y ambos dependen del intelecto agente.

De ahí que desde la reflexión llame la atención, como si más partidos y más candidatos salidos de todas partes, constituyan o signifique más pluralismo, ya que si bien es cierto que hay un número muy importante de votantes que no se identifican con el régimen en el poder, también lo es que no lo hacen con la oposición actual. Incrementar las opciones no quiere decir que el elector tenga mejores alternativas, porque la falta de liderazgos y de propuestas no se soluciona con aumentar el tamaño de las boletas electorales; en todo caso, para enfrentar lo cual, el esfuerzo debe focalizarse en unificar la fuerza opositora, que está más que parcializada y en una clara pugnacidad entre sí.

Hasta ahora, claro está, las negociaciones para conformar pactos de participación conjunta en el próximo proceso electoral están al garete, rotas dicen algunos, aunque no se descarta que puedan retomarse en el futuro. Las distintas agrupaciones políticamente conformadas, en mi parecer requerirían estar debidamente representados por dirigentes que enarbolen y se identifiquen plenamente con sus causas e ideología, aun siendo minoritarios, pero que defiendan sus necesidades y proyecciones en la gestión gubernamental y legislativa y eso no es lo que viendo estamos.

Surgen grupos, movimientos, partidos, en mi sentir, pura conveniencia, que no como una ampliación del espectro democrático ni de representación genuina; algunos de ellos entes reciclados y otros que pretenden convertirse en satélites de otros para prosperar cual rémoras derivando de los beneficios que a aquellos corresponden. No caen en la cuenta muchos de ellos que de lo que se trata es sacar al país de la hecatombe absurda en que se encuentra y que más divisiones engendran el problema que más partidos provocan la fragmentación suicida de todo el bloque opositor, y terminen los actuales imponiéndose nuevamente.

La disyuntiva conceptual radica en que una oposición dividida no es competencia; ya que más allá de su incapacidad de conectar con la gente, de renovarse para ofrecer un discurso coherente, está su vulnerabilidad en materia de organización y operación electoral, lo que nos muestra una evidente falta de visión de los dirigentes de la oposición, más preocupados en sus intereses personales y mantenerse en el privilegio, lo que irremediablemente pulveriza toda coherencia y toda sindéresis.