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Territorio & Poder

El Magdalena profundo: el reto de la pobreza

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Santa Marta registró en 2025 la mayor reducción de pobreza monetaria entre las 23 capitales analizadas por el DANE: pasó de 37,9 % a 28,6 %, y unas 46.000 personas dejaron estadísticamente esa condición. El Magdalena también mejoró, al bajar de 51,7 % a 46,5 %, pero casi la mitad de su población continúa bajo la línea de pobreza. Las brechas rurales, laborales y de género muestran que el avance todavía es desigual y que el verdadero desafío está en llevar esa mejoría al Magdalena profundo.

 

Por: Arnol Sarmiento

En 2025, la pobreza retrocedió con fuerza en Santa Marta y también disminuyó en el Magdalena. La buena noticia está en las cifras. La advertencia aparece cuando la mirada sale de la capital: el departamento continúa entre los de mayor pobreza del país, y las diferencias entre cabeceras y zonas rurales, así como entre hombres y mujeres frente al mercado laboral, revelan que la recuperación todavía no alcanza a todos por igual.

Hace un año, Opinión Caribe advertía sobre una fotografía preocupante. Magdalena había pasado de 50,3 % de pobreza monetaria en 2023 a 51,7 % en 2024. Los resultados de 2025 cambiaron esa dirección y abrieron una pregunta distinta: ¿se está produciendo un cambio estructural o se trata de una mejoría que todavía necesita consolidarse?

Santa Marta dio el salto

El movimiento más fuerte ocurrió en Santa Marta. La pobreza monetaria cayó de 37,9 % en 2024 a 28,6 % en 2025, una disminución de 9,3 puntos porcentuales, la mayor entre las 23 ciudades capitales analizadas por el DANE. La población estimada en pobreza pasó de aproximadamente 190.000 a 144.000 personas, unas 46.000 menos en un solo año.

La pobreza extrema también retrocedió: pasó de 13,1 % a 7,6 %, mientras el número estimado de personas en esa condición disminuyó de 66.000 a 38.000. Paralelamente, el ingreso medio per cápita mensual aumentó de $929.924 a $1.101.484, un crecimiento nominal de 18,4 %, y el coeficiente de Gini bajó de 0,481 a 0,455, señal de una menor concentración del ingreso.

El propio DANE muestra que el componente asociado al crecimiento de los ingresos tuvo el mayor peso en la reducción de la pobreza de la ciudad. Pero que 46.000 personas hayan dejado de ser clasificadas estadísticamente como pobres no significa que todas hayan alcanzado estabilidad económica o ingresado automáticamente a la clase media. Significa que sus ingresos superaron el umbral utilizado para establecer la pobreza monetaria.

Magdalena mejora, pero sigue entre los más pobres

El departamento siguió la misma dirección, aunque con una reducción menor. La pobreza monetaria del Magdalena pasó de 51,7 % en 2024 a 46,5 % en 2025, una caída de 5,2 puntos porcentuales. El resultado fue estadísticamente significativo. El DANE publicó las cifras departamentales el 12 de agosto de 2026.

La población bajo la línea de pobreza pasó de aproximadamente 770.000 a 699.000 personas, es decir, unas 71.000 menos. Aun así, el indicador significa que casi uno de cada dos habitantes del Magdalena continúa en situación de pobreza monetaria.

Y el departamento permanece en la parte alta del mapa nacional de pobreza. En 2025, Chocó registró 65,3 % y La Guajira, 60,2 %; el reporte oficial del DANE ubica nuevamente al Magdalena dentro del grupo de territorios con las mayores incidencias del país.

El contraste con Santa Marta es amplio: 28,6 % en la capital frente a 46,5 % en el agregado departamental, una distancia de 17,9 puntos porcentuales. Esa diferencia no quiere decir que el resto de los municipios tenga automáticamente una pobreza de 46,5 %, porque la cifra departamental también incluye a Santa Marta. Lo que sí demuestra es que la situación general del Magdalena continúa siendo considerablemente más crítica que la de su capital.

El Magdalena profundo: la brecha aparece fuera de las cabeceras

La pobreza multidimensional permite observar otra cara del problema porque no se limita al ingreso. Mide privaciones relacionadas con educación, trabajo, salud, niñez y juventud, vivienda y acceso a servicios públicos.

En Magdalena, este indicador pasó de 19,2 % en 2024 a 17,6 % en 2025. La disminución fue de 1,6 puntos porcentuales, aunque el DANE no la identificó como estadísticamente significativa.

La brecha territorial es más reveladora. En las cabeceras municipales, la pobreza multidimensional se ubicó en 13,6 %; en los centros poblados y rural disperso, llegó a 25,8 %. Son 12,2 puntos porcentuales de diferencia.

Ahí aparece con mayor claridad el Magdalena profundo: municipios, corregimientos y zonas rurales donde la pobreza no depende únicamente del dinero que entra a los hogares. Allí también pesan las condiciones educativas, el acceso al agua y al saneamiento, la vivienda, la conectividad, el empleo y las oportunidades productivas.

La mejora registrada en Santa Marta es real, pero no puede convertirse en una fotografía automática de todo el departamento.

Más ocupación, pero el avance no llega igual a todos

El comportamiento del mercado laboral ayuda a entender parte del contexto. En Magdalena, la tasa de ocupación aumentó de 52,9 % en 2024 a 54,5 % en 2025, mientras la tasa global de participación pasó de 58,6 % a 60,2 %. El desempleo disminuyó ligeramente, de 9,7 % a 9,5 %.

Los datos permiten afirmar que durante el mismo año en que cayó la pobreza monetaria también aumentaron la ocupación y la participación laboral. No permiten, sin embargo, concluir que ese movimiento haya sido por sí solo la causa de la reducción de la pobreza.

Además, la recuperación presenta una marcada brecha de género. En 2025, la tasa de desempleo de los hombres en Magdalena fue de 6,3 %, mientras que entre las mujeres alcanzó 14,9 %. La diferencia fue de 8,5 puntos porcentuales, la sexta mayor entre los 23 departamentos incluidos en el informe del DANE.

La cifra introduce una advertencia: los indicadores generales mejoran, pero las oportunidades no se están distribuyendo de la misma manera entre toda la población.

Cámara de Comercio: “Todavía no podemos hablar de una transformación estructural”

Carlos Jaramillo Ríos, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena, considera que los resultados representan una señal positiva para la ciudad porque reflejan una mejora en los ingresos de los hogares.

“El reporte del DANE muestra una noticia positiva para Santa Marta, porque evidencia que más hogares han logrado mejorar sus ingresos. Este resultado responde al dinamismo de los diferentes sectores que impulsan la economía de la ciudad, al igual que a las políticas que se han desarrollado a partir de la articulación entre instituciones”, señaló en entrevista con Opinión Caribe.

Jaramillo conoce ese proceso desde dos posiciones. Fue secretario de Desarrollo Económico de Santa Marta entre 2023 y 2025 y actualmente preside la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena. Según explicó, desde esa entidad continúa el acompañamiento a la formalización, el fortalecimiento y el crecimiento de las empresas, especialmente de las microempresas, que representan cerca del 97 % del tejido empresarial del Magdalena.

Pero el dirigente gremial advierte que un año positivo todavía no basta para declarar superados los problemas estructurales.

Todavía no podemos hablar de una transformación estructural consolidada. Persisten la informalidad, el desempleo, los altos costos de la energía y las dificultades en seguridad, agua, saneamiento y conectividad. Estos factores limitan la productividad y pueden hacer que el avance sea frágil”, indicó.

Para Jaramillo, el reto consiste en sostener la mejoría mediante mayor inversión, empresas más productivas, educación conectada con las necesidades del mercado y de la industria del territorio y, sobre todo, empleo formal y estable para las familias samarias y magdalenenses.

El verdadero examen empieza ahora

Los resultados de 2025 representan un cambio importante frente al deterioro observado un año antes. Santa Marta protagonizó una reducción excepcional de la pobreza y Magdalena consiguió revertir parcialmente su tendencia. Pero las mismas cifras impiden declarar resuelto el problema.

Casi la mitad de los habitantes del departamento permanece bajo la línea de pobreza monetaria, la pobreza multidimensional en centros poblados y rural disperso es casi el doble de la observada en las cabeceras, y las mujeres siguen enfrentando una tasa de desempleo muy superior a la de los hombres.

Por eso, la pregunta ya no es únicamente cuántas personas dejaron estadísticamente la pobreza durante 2025. El verdadero examen será establecer cuántas logran mantenerse fuera de ella, si el incremento de los ingresos se convierte en empleo estable y productividad y, especialmente, si la mejoría alcanza a los municipios, corregimientos y zonas rurales.

La pobreza bajó. Ahora falta demostrar que el avance de Santa Marta puede convertirse en una mejora sostenible y que también puede llegar al Magdalena que vive lejos de la capital.