Connect with us

Edición Especial

Génesis del movimiento laboral en Colombia

Opinión Caribe

Published

on

El docente e historiador Rafael F. Guerra señala en su libro ‘perfil geofísico de Macondo’, que, en Colombia, a partir de 1920 aparecieron en Colombia las huelgas, en especial la que hubo de enfrentar la United Fruit Company con posteridad a esa fecha: 1924, 1928, 1934. La razón general de la protesta fue la renuencia de la United de establecer relación directa de trabajo con sus obreros. Prefería pagar precio unitario a un contratista -sistema que aún emplean muchas empresas en Colombia- quien se encargaba del enganche de trabajadores bajo su responsabilidad, con un salario variable, según la oferta de mano en cada ocasión.

[Leer introducción del especial: “Magdalena, enclave bananero”]

Así se mantenía inestabilidad del salario y quedaba el asalariado merced del contratista, sin garantía de seguridad -patrón insolvente y contrato efímero.

Una suspensión de actividades ocurridas en 1918 fue conjurada con facilidad, sin muertos ni heridos, igual que en 1924. La renombrada fue la huelga de 1928, cuyos 88 aniversarios acaban de conmemorarse. Esa huelga fue de innegable trascendencia, por los efectos políticos, derivados de la expectativa que despertó en la opinión nacional habituada a la inmunidad de la United frente a los reclamos y conflictos laborales.

[Leer nota:«¡Huelga, huelga, huelga!»]

Habían aparecido en el país partidos políticos nuevos, y era reciente el triunfo de la Revolución Rusa de 1917, que daba especial significación a las expresiones proletarias. Se vivía, además, una etapa de inflación monetaria, secuela de la política de ‘prosperidad a debe’, así es llamada más tarde, consecuencia parcial de los dólares por la indemnización de Panamá y de empréstitos externos para obras públicas, que se venían obteniendo de tiempo atrás.

Los obreros pedían alza de salarios, seguros colectivos, contratación directa por parte de la United, y otras cosas muy elementales, en un tiempo que se puede llamar, la prehistoria de las luchas laborales en Colombia.

Lo cierto es que los obreros bananeros del 28, no tuvieron todavía clara conciencia de la huelga como instrumento de presión clasista. Eran campesinos recién desempacados, estrenando salario y modos de vida diferentes, tal vez superiores a los que habían dejado en sus comarcas de origen, de ambiente rudimentario, eglógico.

Los líderes políticos revolucionarios, que estrenaron ideología y léxico agitante en esa oportunidad, se expresaban en una lengua distante de los intereses y de la comprensión del auditorio. La mayoría de los intereses se sumó al movimiento por sentido gregario, en nombre de una solidaridad gremial instintiva, pero que apenas afloraba a sus conciencias. Solidaridad que, por primera vez, fue incorporada a los estatus de las agremiaciones que, hasta entonces, tuvo sentido de cofradía, de hermandades, de fraternidades medievales, sin aliento propiamente revolucionario. La Sociedad Unión, única con tradición y prestigio, tenía sede en Santa Marta y, acaso una que otra filial ocasional en sitio distinto del departamento.

Los obreros pedían alza de salarios, seguros colectivos y no hacer compras exclusivamente en los comisariatos.

Los dirigentes nativos del movimiento obrero eran desprevenidos e ingenuos. Los trece sindicatos que se afirma, intervinieron en la huelga, debieron constituirse al ritmo acelerado de los acontecimientos, porque no tenían acciones acreditadas en tiempo anterior. Es conocido el hecho de activistas del Partido Socialista, recién fundado, como Raúl Eduardo Mahecha y Alberto Castrillón, que trabajaron en la Zona desde marzo de 1928. Tal vez la erupción gremialista de última hora se debió al influjo de ellos en el período de pre-huelga.

En el famoso movimiento de 1928, asistido e inspirado por activistas afiliados al recién nacido Socialismo Revoluc

En el Parque de Guacamayal se gestó el primer sindicato bananero.

ionario, tuvieron los obreros de esta región su primer encuentro con la ideología proletaria moderna. El obrero bananero tomó la huelga inicialmente con ánimo bohemio, sin temores trágicos. Su interés era equilibrar el valor de su salario con un costo de vida creciente, por la inflación monetaria, que ponía fuera de su alcance cosas que pudo adquirir sin dificultad, hasta el día anterior. Este obrero era despilfarrador, manirroto, botarate.

La United con su tardanza en la atención de las peticiones, confiaba en su prepotencia de siempre, la fatiga del ocio desacostumbrado por los trabajadores bananeros, donde pese a todo, se trabaja sin tregua, fueron cambiando la fisonomía del conflicto hasta tornarlo violento, con expresiones agresivas alternas de empresa y trabajadores, más verbales que físicas, sin que el Estado cumpliera a tiempo su función interventora.

La huelga, iniciada el 12 de noviembre, llegaba a un mes sin solución, caso insólito por aquella época. Cuando el ejército apareció en escena fue alojado en locales de la United en muchos sitios, y atendido por la empresa en muchas de sus necesidades.

En el Magdalena el Estado no existía, estaba suplantado desde mucho tiempo atrás por la United Fruit Company. Por ello, los acontecimientos se desarrollaron en forma sorpresiva para todo el mundo, conmoviendo a toda la Nación y produciendo el cambio de partido en la dirección del Estado.

El 6 de diciembre ocurrieron dos momentos sangrientos a medianoche, en la estación del Ferrocarril en Ciénaga, bien llamada Capital Bananera de Colombia, descargas de metralla y fusilería del ejército contra la multitud de obreros que estaban allí, por convocatoria de sus dirigentes con fines claramente comprensibles.

La acción militar fue respuesta a la renuencia de los obreros a dispersarse en cumplimiento de un Decreto de Orden Público, dictado horas antes por el General Cortés Vargas, jefe Civil y Militar de la región bananera.

El mismo día, durante varias horas, choque armado entre 12 policías atrincherados en la oficina de Ingenieros de la United, en Sevilla, contra 800 obreros, según el parte oficial, parapetados en vagones del ferrocarril, escurridos desde Ciénaga en desbandada, como consecuencia del tiroteo de la noche anterior. Aquí murió un teniente de la Policía, José Quintero y un dirigente obrero, Erasmo Coronel. Se contabilizaron ocho muertos más, según las actas oficiales conocidas. Otros choques en otros lugares fueron fortuitos, acerca de los cuales no hay datos autorizados.

En la plaza de Ciénaga amanecieron nueve cadáveres, que la imaginación popular quiso referir a los nueve puntos del pliego peticiones, en que los huelguistas fundamentaron su movimiento desde Aracataca, el 6 de octubre del año trágico. Un muerto por cada por cada punto, dijeron los supersticiosos.

La estadística trágica, que oscila entre 3.000 en la cuenta de los extremistas y 30 en la de los reaccionarios recalcitrantes que no se ha podido desentrañar, ni con mediana aproximación, porque todo cálculo, distante de los extremos, a más desatar agria controversia, pone a quien lo intente en la escarpia difamatoria.

Cadáveres con pesas al cuello lanzados al fondo del mar a bordo del ‘Pichincha’, muertos trasladados en camiones militares y sepultados en fosa común, en los alrededores de Aguacoa; trenes de carga, atiborrados de difuntos, que se pierden por los vericuetos misteriosos de Macondo.

Este episodio doliente en grado sumo por la sangre colombiana derramada a manos del propio Ejército, quedó como muchas cosas ocurridas en el ambiente huracanado de esa época, en el contexto brumoso de la leyenda.

A partir de la United, entonces, se crearon algunos de los primeros sindicatos del país como la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena en 1926 que se consideraba una organización más sólida que las anteriores. También surgió el Sindicato de Trabajadores de la Compañía Frutera de Sevilla y, por su parte, United Fruit ayudó a crear Sindebras, primer sindicato de Urabá de trabajadores en puerto. Su creación se debió a la estrategia de la multinacional de no tener empleados directos con quienes tuviera que negociar peticiones. Con todo, a principios del siglo XX, las peticiones de los trabajadores de las bananeras incluían cosas tan simples como una semana laboral de seis días, prestaciones de salud e indemnizaciones por accidentes de trabajo que luego fueron parte de cualquier contrato laboral.

Estas organizaciones fueron precursoras y a pesar de que, para muchos, el movimiento laboral de Magdalena había sido una derrota, los logros de los trabajadores de las bananeras no fueron vanos. Hoy, Sintrainagro es el sindicato bananero más grande del mundo con 16.000 trabajadores, en su mayoría, de Urabá. Y como afirma Marcelo Bucheli en Banana and Business, «(Alfonso López Pumarejo) extendió los logros de los sindicatos bananeros en los años 30 a todos los trabajadores del agro». Por su parte, Judith White, escritora canadiense, en últimas, se había desarrollado una conciencia de clase necesaria. Los empresarios y hacendados colombianos que sembraban y exportaban banano se comportaban de manera muy similar a la de la multinacional. En ciertos casos, no solo pagaban menos por el jornal, sino que contenían las mismas condiciones draconianas en los contratos de suministro.

LAS LUCHAS SINDICALES

En la década de los años veinte del siglo pasado la clase obrera colombiana libró múltiples batallas en defensa de sus derechos y reivindicaciones, tanto frente al sector privado como al público, pero lo fundamental fueron luchas antiimperialistas contra la voracidad de las agencias monopólicas gringas, que fuera de saquear los recursos naturales, impusieron con la complacencia apátrida de los gobiernos de turno un régimen esclavista contra los trabajadores.

De estas luchas se destacan las siguientes: la huelga de los trabajadores de la Tropical Oíl Company en 1924; la huelga de los trabajadores del Ferrocarril del Pacífico en 1926. En 1927, bajo la dirección de Raúl Eduardo Mahecha, Castrillón, Russo, María Cano e Ignacio Torres Giraldo, se dio otra batalla de los trabajadores de la Tropical Oíl Company, en Barrancabermeja, en la que fueron asesinados media decena de huelguistas. En noviembre de 1928 estalló la huelga de los trabajadores de la Zona Bananera del Magdalena, contra la United Fruit Company de Boston, por negarse la empresa gringa a dar solución a un pliego de nueve puntos que demandaba aumento salarial y otras reivindicaciones básicas.

PLIEGO DE PETICIONES

Un año después del huracán en Sevilla los obreros bananeros elaboraron un pliego de peticiones compuesto de nueve demandas. El 6 de octubre de 1928 una asamblea de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena, en Ciénaga, aprobó unánimemente el pliego.

El documento final presentado a la United fue aprobado por la asamblea general de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena, USTM, el 6 de octubre. Aunque Mahecha firmó el pliego de peticiones y que había sido redactado por él y Castrillón, ninguna de las demandas parecía revolucionaria. Por lo contrario, el documento en su totalidad, estaba lleno de referencias a la Constitución y legislación colombianas vigentes, y los huelguistas insistían en que querían que United Fruit cumpliera con las leyes colombianas. El pliego constaba de nueve puntos:

  • 1. Seguro colectivo (que defendían citando la Ley 37 (1921) y la Ley 32 (1922).
  • 2. Indemnización por accidentes laborales (según la Ley 57 (1915)).
  • 3. Viviendas higiénicas y un día de descanso semanal (Ley 46 (1918), Ley 15 (1925) y Ley 76 (1926)).
  • 4. Un aumento del 50 % para los trabajadores con los salarios más bajos.
  • 5. Terminación de los comisariatos de la compañía.
  • 6. Eliminación del uso de vales en lugar de dinero.
  • 7. Pagos semanales en lugar de quincenales.
  • 8. Reemplazo de los subcontratistas por contratos directos con la compañía.
  • 9. Creación de un número suficiente de hospitales y campamentos con la higiene apropiada.

Ante el pliego de peticiones presentado por la organización de los trabajadores, la empresa se negó sistemáticamente a negociar, por lo cual los obreros, el 11 noviembre declararon la huelga. La empresa envió esquiroles a las plantaciones, amparados por piquetes del ejército y la policía. El 5 de diciembre, el comité ejecutivo de la Unión Obrera citó a los huelguistas a una concentración en Ciénaga, donde se anunció la llegada del gobernador, funcionario que nunca apareció. Los obreros comenzaron a preparar para el día 6 de diciembre una marcha hacia Santa Marta, la capital.

1 Comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *