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Columnistas

Oriente eterno para un gran hombre

Opinión Caribe

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Por: Rubén Darío Ceballos

La noticia sobre la muerte del Querido Hermano Carlos Manuel Polo Jiménez, tuvo visos de tragedia. Al enterarnos, de inmediato una expresión de dolor se dibujó en los semblantes de quienes lo conocimos. Gran hombre, hijo, hermano, esposo, padre, abuelo, amigo sincero, Hermano Masón, compañero, profesional, servidor público idóneo, deportista, empresario. Nos deja como legado los más sólidos valores humanos y su generoso espíritu. Fue tal expresión, una actitud de sentimiento reflejada en los rostros de todos con amargura y sinceridad.

No vamos a exaltar aquí sus virtudes y merecimientos. Se exaltan solas y por sí mismas, producto de sus bondades. Es y será su ejemplo digno de emularse en las más de sus diversas facetas de que se compone su vida personal, profesional, empresarial y pública. De ahí que con toda devoción y respeto exprese que lo recordemos como una persona dedicada siempre a servir con todas las potencias de su alma nobilísima y superlativa.

Quiero ser intérprete de quienes lo conocimos, que sin excepción encontramos en su amable corazón un océano de bondad, un consuelo a nuestras penas, un consejo prudente y caritativo y casi siempre el bálsamo de su amabilidad y sabiduría que con acierto brindaba. Bastante la inteligencia con que Dios lo dotó, con ese acopio de conocimientos tan maravillosos que poseía en las diversas ramas del saber humano, exaltado como el mejor Bachiller de su promoción del Colegio San Luis Beltrán, destacado Ingeniero Civil, Presidente de la Asociación de esa Profesión en el Magdalena por su capacidad de liderazgo. Certero. Asertivo. Santa Marta, el Magdalena y Colombia no podrán olvidarlo nunca. A todos sirvió con afán de hacer el bien. Los habitantes de Santa Marta y el Magdalena somos testigos de su integridad, de ahí que cada vez fuera aumentando en mi espíritu ese respeto profundo, esa admiración tan grande al amigo, al Hermano Masón y al profesional, adhesión inquebrantable que para su persona siempre tuve.

Quienes gozamos de su amistad, sentíamos una verdadera delectación espiritual al oírlo comentar, con su palabra atinada y sabia, no sólo problemas de actualidad, sino sobre cualquier punto de historia, cultura, religión, política, en una palabra, respecto de cualquier tema por profundo que fuera. Pensador e inquieto por conocer la razón de las cosas. Modelo en la práctica de las virtudes espirituales. Bendecido con las gracias que el Gran Arquitecto del Universo tiene para con sus hijos; por ello, en estos trances amargos que estamos pasando su familia y allegados, solo nos queda el consuelo en Dios, que es la dulce panacea que anhelamos al traspasar los lindes de la eternidad.

Perteneció al Partido Liberal y le sirvió a esa causa con lealtad a los principios doctrinarios, el cual lo honró con cargos de confianza, entre estos, la Alcaldía de Santa Marta, la cual ejerció con gran acierto, ratificándose en todo momento como un apasionado defensor de esta tierra y un constante propulsor de su progreso, de lo cual hay improntas que pregonan su acendrado afecto. Su palabra reposada, serena y altiva, y sus escritos, columnas, resonarán en todas las ocasiones y tendrán como lema el adelanto y la prosperidad Distrital, Municipal, Departamental y Nacional. Carlos Manuel, te has adelantado a llegar al puerto donde no se regresa. Descansa en paz, porque fuiste fiel a tu linaje de hombre libre y de buenas costumbres, con esa bondad que solo conocen las almas grandes y los caracteres mejor templados. A toda tu familia, a tu esposa Rosita, hijos Manuel, Carlos, Beatriz, hermanos, nietos, sobrinos, mis más sentidas condolencias ante tan profundo dolor e irreparable pérdida.

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