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Análisis

Suelos enfermos por sobreexplotación

Opinión Caribe

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El pasado 17 de junio, Colombia celebró el Día Nacional de los Suelos establecido en la Resolución 170 de 2009 y que tiene como objetivo resaltar la importancia que tienen los ecosistemas al adaptarse. La intención es aumentar la atención hacía los suelos dentro del marco de la adaptación al cambio climático y la seguridad alimentaria.

Pero este día no fue tan célebre para el país, porque el director general del Instituto ‘Agustín Codazzi’, Juan Antonio Nieto Escalante, prendió las alarmas por la excesiva sobrecarga pecuaria a la que han sido sometidos los suelos del país.

20 departamentos se encuentran en el foco del Instituto como territorios susceptibles a presentar derrumbes, deslizamientos o alguna remoción de masa, por causa de la sobrecarga en cuanto a cultivos y ganadería. Es decir, el 18.7% del país, con un poco más de 21.3 millones de hectáreas están en ese escalafón de alarma inminente ante una catástrofe natural.

El Magdalena aparece en el puesto 17 con el 23.6% de sobrecarga, por delante de departamentos como Atlántico con 23.5 % y La Guajira con 12.7%, pero mucho más alejado de otros departamentos de esta misma región como Sucre con 39.5%; Cesar con 32.7%; Bolívar con 31.4%; y Córdoba con 27.6% de sobreutilización de los suelos.

El porcentaje de área sobrecargada para el departamento del Magdalena es de 23.6% con un total de 546 mil hectáreas, de los cuales el 67% de sus 30 municipios tienen casi el 20% de su área con este problema.

Los municipios con más crisis son: Ciénaga, Fundación, Santa Marta y Aracataca, los cuales deben estar bajo la retina de las autoridades, porque sus territorios cuentan con zonas pendientes y montañosas, haciendo las precipitaciones un factor inminente de afectación.

Pero no se quedan atrás los municipios ribereños propensos a inundaciones como Fundación, Aracataca, Ariguaní y los que se encuentran en el brazo de Mompox y la Ciénaga de Santa Marta.

PRINCIPALES CAUSAS

La sobreutilización de los suelos causada por la sobrecarga excesiva y desmesurada de las actividades agrícolas y pecuarias son la razón primordial por la cual nuestros suelos se encuentran enfermos.

“La mayoría de las zonas montañosas de estos departamentos alberga ganado y cultivos, usos que no deberían implementarse. Este panorama ha generado que los suelos se compacten y pierdan su capacidad de resiliencia, lo que incrementa la probabilidad de que se presenten movimientos en masa”, advirtió Nieto Escalante.

El exceso de las actividades pecuarias conlleva el deterioro de la capa vegetal, haciendo que el suelo quede completamente desprotegido, produciendo que el terreno aumente su inestabilidad.

El directivo expresó, que “al no contar con una cobertura vegetal que los proteja, se desencadenan movimientos en masa y derrumbes. Ante un largo periodo de lluvia como el que actualmente vive el país, las zonas con suelos sobreutilizados y con pendientes inclinadas, presentan una vulnerabilidad mucho mayor”.

El Magdalena no solo se ha visto afectado por los constantes derrumbes, sobre todo en las zonas aledañas a la Sierra Nevada de Santa Marta, sino también los municipios ribereños que, al ser deforestados, la posibilidad de desbordamiento se incrementa, porque la creciente no encuentra la barrera natural que impida las inundaciones de las poblaciones.

LA GANADERÍA, EXCESO DE PRODUCCIÓN

En el informe publicado por el Igac, también presentó el ranking de los departamentos aptos para ejecutar la ganadería tanto intensiva, semi intensiva y extensiva, pero de igual manera todos aquellos que presentan una mayor carga de hectáreas en esta actividad.

De acuerdo con el mapa de Zonificación agroecológica del Igac, el país es diverso y a su vez privilegiado en cuanto a suelos, ya que más de 114 millones de hectáreas que tiene el territorio nacional aptos para este ejercicio, es posible producir y conservar.

Este Instituto demostró a través de un artículo titulado, ganadería ‘Al rojo vivo’ como únicamente para el pastoreo intensivo, semi intensivo o extensivo está destinado el 2.4% de las tierras, esto quiere decir,2.7 millones de hectáreas, catalogadas netamente ganaderas. Sin embargo, en los 70 años que tiene el Igac estudiando los suelos de Colombia, ha podido determinar que la cifra real se encuentra bastante alejada de los 2.7 millones de hectáreas aptas para este fin.

Son en total 34.8 millones de hectáreas que en estos momentos cuentan con algún tipo de desarrollo ganadero, que sería el 36.6% del país, demostrando un panorama alarmante para la conservación de los suelos.

Referente a esto, el director Nieto manifestó, que “sin ser alarmistas, junto con la erosión y la deforestación, la ganadería es una de las principales enfermedades para el suelo. El constante pisoteo del ganado causa serios problemas de compactación en los terrenos, los cuales tardarán cientos de años en ser recuperados”.

En el libro titulado ‘Manejo de suelos colombianos’, del instituto ‘Agustín Codazzi’ y facilitado para este artículo a OPINIÓN CARIBE, el sector ganadero constituye un aspecto importante tanto en la región Caribe como en el país, ocupa el tercer lugar en Latinoamérica después de Brasil y Argentina. Este sector aporta el 1.7% del Producto Interno Bruto, PIB, de Colombia, el 53% del PIB pecuario y el 10% del agropecuario. Es decir, la ganadería equivale a 3.3 veces el sector bananero y a 9 veces el sector palmicultor, pero este aporte al PIB produce un efecto contraproducente, ya que incrementa la capacidad monetaria, pero desgasta y va dejando cada vez más pobres en cuanto a la vida de los suelos, que al fin de cuentas son los que permitirán seguir produciendo a futuro.

Existen 10 departamentos que tienen la mayor cantidad de terrenos disponibles para ejecutar la ganadería, entre los que se destacan los Llanos Orientales, es decir, los departamentos de Casanare y Arauca, seguidos por Bolívar, Cesar y Magdalena, pertenecientes a la región Caribe.

En el caso del Magdalena, este solo departamento tiene una capacidad de desarrollar la ganadería de 164 mil hectáreas, demostrando de esta forma, que el departamento no solo se ubica entre los más productivos con el ganado, sino, además, como uno de los que tiene las mejores tierras para explotarlo.

Pero esta realidad de los departamentos con mayor capacidad en sus suelos para el desarrollo de la ganadería no es nada proporcional con los departamentos que desarrollan la actividad con más ímpetu. En primer lugar, aparece Antioquia con 1.4 millones de hectáreas, seguidos por los departamentos de Córdoba, Meta y Magdalena, estos tres con un poco más de mil hectáreas.

Así lo confirmó el Director del Igac,“al comparar ambos listados se hace evidente el uso inadecuado que se le ha dado al suelo por causa de la ganadería. Ningún departamento del país tiene más de un millón de hectáreas con capacidad para soportar la actividad pecuaria neta, panorama que se da en Antioquia, Córdoba, Meta y Magdalena”, afirmó Nieto Escalante.

Lo grave es que en estos momentos no solo las planicies de los Llanos Orientales están sobrecargados por la ganadería, sino que hasta zonas de altas montañas han sido invadidos por rebaños que a medida que pasan los años deterioran notablemente el ciclo normal de los ecosistemas.

En el caso de los páramos, el pisoteo del ganado afecta el proceso de filtración de aguas de los suelos y, por ende, la producción del preciado líquido en manantiales y yacimientos de agua.

“Restringe la profundización de las raíces y el volumen de absorber agua y nutrientes, sin contar que disminuye los poros grandes del suelo, lo que limita el drenaje y afecta el intercambio gaseoso”, apuntó el Director del Igac.

Sumado a lo anterior, el informe manifiesta que la compactación afecta la actividad de los organismos presentes en el suelo, disminuye la descomposición de la materia orgánica, el aporte de nutrientes, la formación estructural, la permeabilidad y la infiltración de agua.

“Esto genera un aumento de la escorrentía y un peligro más alto de erosión”, señaló Nieto Escalante.

LAS URGENTES SOLUCIONES

Para minimizar el efecto que producen las lluvias ante estos suelos débiles, es necesario unir esfuerzos enfocados primordialmente en las zonas montañosas que a pesar de que cuentan con suelos afectados, no existe control por parte de las autoridades frente a la actividad agropecuaria en las zonas de alta pendiente.

Por tal razón, el Igac recomendó aplicar unas cuantas prácticas de manejo de suelo que pueda ayudar en el proceso de mitigación para probables derrumbes y deslizamientos.

Por un lado, es necesario Incrementar los sistemas forestales, agrosilvícolas y silvopastoriles en las zonas montañosas. Por otra parte, controlar la escorrentía mediante zanjas de ladera, realizar cultivos en contorno y utilizar franjas con vegetación densa, con el fin de disminuir la velocidad del agua y que se fomente su infiltración.

Otra de los mecanismos a implementar es la de proteger los suelos con cobertura vegetal de residuos de los cultivos, lo que logra menguar la acción destructora de la lluvia.

Y para evitar la compactación de los suelos, la cual es causada especialmente por la explotación ganadera o por el uso indiscriminado de maquinaria agrícola, no es recomendable el uso de labranza en sentido de la pendiente.

Esta debe realizarse de manera conservacionista (labranza reducida, mínima o de siembra directa) en pendientes menores al 30%.

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