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Análisis

Del bongo solo quedan recuerdos

Opinión Caribe

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La falta de vías de comunicación entre los Departamentos de la región Caribe antes de la II Guerra Mundial, dio paso a la imaginación de nativos del corregimiento de Taganga, Santa Marta, para la creación de una de las embarcaciones más emblemáticas de la época.

Los imponentes bongos fueron el resultado del trabajo arduo de pescadores que decidían talar robustos árboles para sacarles el mejor provecho, puliendo cada pieza hasta convertirla en un medio de transporte.

Sin controles de autoridades marítimas, y confiados en la habilidad de quien timoneaba, centenares de personas utilizaron este medio de transporte durante décadas, dando origen a un relativo progreso que tuvo la bahía de Taganga.

Esa misma embarcación le sirvió de inspiración al Nobel de Literatura colombiano, Gabriel García Márquez, quien lo menciona en algunos apartes de su obra ‘El general en su laberinto’.

Oliverio Del Villar, historiador samario, contó a OPINIÓN CARIBE que en los bosques aledaños a la capital del Magdalena, habían unos árboles llamados Caracolí o Ceiba blanca o roja, los cuales eran cortados y arrastrados hasta la orilla donde construían unas trojas y luego lo socavaban con fuego y cuando llegaba a cierto punto, con una hachuela convexa le iban dando forma.

Mientras, Alfonso Noguera Aarón, médico de la Universidad de Cartagena, especializado en Docencia Universitaria e Investigación Científica de la ‘Sergio Arboleda’ médico familiar y cultor, aún recuerda que los bongos eran de tablaspegadas con juntura recias. Algunos medían tres metros de alto por cuatro metros de ancho, además de una longitud entre los 10 y 15 metros, claro que había embarcaciones mucho más grandes.

Su principal característica eran sus colores rojos con bordes amarillos. Desde la orilla, las personas podían observar las maniobras del conductor de la embarcación durante el trayecto de los bongos.

En la parte delantera le ponían gran cantidad de piedras grandes, que para la época eran llamadas ‘lastres’ para que tuvieran mayor estabilidad.

En los costados tenían ubicadas unas varas largas hechas de mangle, que se utilizaban en ciertas zonas para medir la profundidad y/o para apoyarse y avanzar. En algunas ocasiones, en la punta de estas varas tenían unos arpones grandes con una argolla forrada de fique resistente con la que atrapaban tortugas, mantarraya”.

AÑOS 50 y 60

En los años cincuenta y sesenta, estas embarcaciones tenían un motor de automóvil a gasolina. “A los bongos más grandes les adaptaban motores de camión, cuya caja se la instalaban tal cual, con la única diferencia que solo le ponían un cambio, teniendo en cuenta que en el mar no se puede aplicar la velocidad porque la fricción del agua atora la hélice. Por tanto solo tenían la primera y el rever”.

Como los motores estaban diseñados para vehículos y no para embarcaciones marítimas, con el paso del tiempo terminaban dañándose por lo que eran renovados de manera constante por los pescadores.

A finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, empezaron a llegar los motores Diesel marinos, elaborados específicamente para aguantar la salinidad del agua; con cajas de cambios adecuadas para el mar.

“Recuerdo, que alguna vez viajé de Taganga a Arrecifes en los años 70- 71; salimos a las 2:00 de la madrugada y como a las 8:00 llegamos, después de una marejada tremenda”.

EL RECORRIDO

Taganga siempre ha vivido de la pesca y fue la mata de los bongos en la capital del Magdalena. Sin embargo, había muchas embarcaciones de este tipo en La Guajira, procedentes de Dibulla y Riohacha.

Algunos aseguraban, que estas embarcaciones llegaban hasta Aruba y Curazao. A pesar de ello, los tagangueros cuentan, que los desafiantes bongos cubrían su ruta hasta Palomino, Dibulla, El Pájaro, Riohacha y Manaure.

“La carretera Troncal del Caribe solo se abrió a finales de los 70, por lo que los samarios podían llegar hasta el corregimiento de Taganga y devolverse”.

En sus recorridos cotidianos traían sal, plátanos, carnes, cocos e incluso hasta agua potable. Compras, víveres, mercancías y medicamentos también eran transportados en los bongos.

SE INCREMENTÓ EL CONTRABANDO

En la época de los cincuenta, se empezó a gestar el contrabando de mercancías y ropa, debido a que desde Dibulla salían embarcaciones hasta Aruba.

“Los bongos se construyeron para cubrir una necesidad de comunicación, porque no había carretera de Santa Marta a La Guajira, y los tagangueros han sido unos fenicios del mar y detrás de ello, se empezó a contrabandear”.

Se estacionaban en el sector de Bahía Concha y allí descargaban whiskey y otras mercancías que venían de Aruba y Curazao. “El famoso contrabando de Panamá se dio posteriormente. Cuando los barquichuelos no tenían una connotación del bongo, sino que se utilizaba un barquito”.

Como estas embarcaciones manejaban el comercio entre La Guajira y Santa Marta, eran utilizadas para el contrabando de café que salía por las playas. “Eran tan grandes estas embarcaciones que le cabían entre 100 y 120 sacos de café”.

ALGUNAS RECONOCIDAS

Entre los bongos más reconocidos se encuentra el ‘María Isabel’, propiedad de la familia Tejeda Mattos. “Era uno de los bongos más grandes, medía unos 15 metros, el cual viajaba tres veces por semana a Arrecifes”.

También estaba ‘Barrabás’ o conocido cariñosamente como ‘El bonguito’, de Julián Mattos. ‘El rey del mar’, que según, Alfonso Noguera, era de la familia Campo. El ‘Pargo Rojo’, de la familia Mejía, procedente de Dibulla; y el ‘No hay con quien’, de propiedad de ‘Checho’ Tejeda.

EL PASO A LAS BARCAZAS

Después de la II Guerra Mundial, la familia Dávila trajo a Santa Marta las primeras barcazas, las cuales fueron utilizadas para la misma actividad que hacían con los bongos, por lo que poco a poco los hicieron desaparecer.

“A principios del año 1952 – 1955, don Franklin Dávila trajo las primeras barcazas, que tenían dos motores Diesel enormes. Salían del muelle de cabotaje, que queda aledaño al parqueadero de El Camellón de la bahía y de ahí salía una cada tres días a la semana”. En las barcazas transportaban caballos, chivos, gallinas, reses, además de personas.

Luego de los bongos aparecieron los cayucos, más adelante, las canoas y botes,seguido de las lanchas que eran de tablas, ajustadas con tornillos.

SIN BONGO, PERO CON PIRAGUA

Pese a ser tan importantes, los bongos desaparecieron de las playas samarias y con el pasar de los años, ni en la mente de los jóvenes habrá un registro de la función esencial que cumplieron.

Así como a un australiano multimillonario decidió construir una réplica del Titanic para que navegara por el mundo, Santa Marta está en deuda de hacerle un monumento a esta embarcación ancestral.

En Riohacha se pueden observar algunos bongos deteriorados por el paso de los años, estacionados donde termina la playa. En Santa Marta, mientras, solo queda el monumento a La Piragua de José Benito Barros.

 

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