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Editorial & Columnas

Con visión de largo plazo

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

Se impone, si queremos avances tanto reales como significativos y duraderos, una visión a largo plazo, determinada por la esencia misma de lo que significa, así como por la velocidad con la que está cambiando el mundo, hecho cierto que obliga visualizar lo que podría ocurrir mañana, ya que sólo de esta manera es dable prevenir riesgos, anticipar obstáculos, reducir los impactos posibles de las adversidades y prepararnos para aprovechar las oportunidades que se presenten.

El devenir del mundo de hoy no da pie, como tampoco permite imprevisión, improvisación, casualidad ni azar; más su determina que corramos a estar inmersos en procesos permanente de positivos cambios y transformaciones que no deben ni pueden detenerse; especialmente, u de ello debemos hacer conciencia, nuestro destino dependerá de lo que hoy hagamos o dejemos de hacer como pueblo.

Solamente con una perspectiva de largo plazo podremos alcanzar nuestros anhelos de bienestar y progreso, en lo que ayuda satisfactoriamente la prospectiva como la herramienta poderosa que es para anticipar tanto el futuro posible como el futuro probable y, sobre todo, para influir en él. Nos da la prospectiva la oportunidad feliz de la libertad para forjar el porvenir que ambicionamos, la la posibilidad de plasmar nuestros ideales y hacerlos realidad, lo que acompañarse debe de la estrategia, sin la cual todo ejercicio y visión prospectivo iría al traste.

Santa Marta, el Magdalena, la Región Caribe y el país, han de ser nuestro proyecto común, nuestra misión colectiva. La generación de coterráneos de hoy tenemos el deber de construir una visión común para todos nuestros territorios que queremos para los próximos decenios, a efecto de encarrilarnos y encaminarnos resueltamente, con demostrada decisión al logro de ese loable objetivo.

Concierne decidir cómo queremos ver a nuestros terruños en lo político, económico, social, cultural y ambiental. Cómo imaginamos su economía, cómo queremos verlos inscritos en el mundo de lo que queda del siglo presente en todos los aspectos de la vida diaria y ponernos en la ruta correcta para lograrlo.

En esto es fundamental a todas luces que las decisiones, reformas y políticas públicas con las cuales hacer posible lo deseable, tengan ese sentido de trascendencia que va más allá de lo inmediato, debiendo ser nuestra consigna actuar para el presente y asegurar, al mismo tiempo, que la acción pública contribuya a construir nuestros territorios del mañana.

Esto tiene que ser compromiso y responsabilidad irrenunciable. Actuar con denuedo. Tener presente siempre que mirar el porvenir implica una planeación seria y acorde con la realidad que vivimos hoy en nuestros espacios geográficos, así como el diseño de estrategias que nos lleven a consolidarlos con las oportunidades que queremos para todos. El reto impostergable es edificar, construir graníticamente desde el ya, desde el ahora el porvenir que imaginamos, siendo indispensable en consecuencia, tomar sujetando con fuerza las riendas de nuestro propio destino, en la seguridad que más pronto que después haremos realidad lo presupuestado en beneficio uy aprovechamiento colectivo.