Editorial & Columnas
Saber seleccionar
Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez
Vive hoy el mundo una fuerte crisis democrática. Naciones retrocediendo y cayendo en fuertes autoritarismos, no obstante haberse pensado que inmersos en democracia seríamos mayormente felices y prósperos. Pero no, seguimos, es la impresión en el ambiente, que estamos secuestrados por políticos rapaces e insensibles, lo que obliga a todos los que queremos vivir en libertad y prosperidad, trabajar fuerte y colectivamente.
No es sólo la democracia una forma de gobierno, sino también una manera de organizarse y convivir en sociedad. Quienes son elegidos, al tener acceso a cargos públicos tienen un efecto directo y duradero en nuestras vidas públicas y privadas, resuelven quién recibe salud, cuándo abren las escuelas, qué lugares tienen más policías, quién tiene acceso a justicia, cómo se gastan sus impuestos, cómo debe ser manejado el patrimonio nacional, entre otras decisiones. Situaciones cotidianas requeridas de representantes electos decidiendo, cumpliendo y resolviendo por uno y por el resto de la sociedad. Pero cuando nos damos cuenta de que nuestros representantes, en vez de cumplir su mandato, más bien privatizan la salud, transan con la educación, corrompen policías, controlan jueces, malversan nuestros impuestos y venden el territorio sin resquemor, entonces el problema no es la democracia, sino de las personas que se hacen llamar líderes políticos y con nosotros mismos al no saber escogerlos.
Las elecciones son importantes elementos y oportunidades de cambio. En un Estado de Derecho es vía legal para tratar de resolver asuntos vitales, como también oportunidad para castigar aquellos que incumplen o defraudan. Sin embargo, cada elección, así se palpa, reafirma lo mismo, no mejoramos en nuestras vidas, no mejoramos y los problemas se ahondan, se profundizan y llevan a perder interés, y en consecuencia dejamos de participar, no nos sentimos escuchados y optamos por ir a las redes sociales a insultar o simplemente desentendernos, migrar o no darnos por enterados de nada cuanto a nuestro alrededor sucede y acontece.
Asigna todo lo cual, proponernos trabajar con suficiente ahínco para construir un nuevo pacto social donde quienes siempre han dominado pierdan el poder a través del esfuerzo de la acción colectiva y junto con un nuevo tipo de liderazgo afectado por los muchos y hasta excesivos privilegios del viejo orden autoritario que impuso sus reglas; de ahí la importancia, vital por demás, que tengamos elecciones libres, justas y transparentes, una democracia más popular, inclusiva y redistributiva y desvanecer ese mito que todo está perdido, que la política no tiene compostura, que el conflicto supera la razón, y, que la desinformación es lo que mueve masas.
Obligados estamos a revisar historia, aspectos sociales, institucionales, culturales y económicos para buscar propuestas de cambio. Acudir a datos, informarnos, leer y oír entrevistas y material audiovisual para enterarnos de manera objetiva, con ética, para así contar comprensiblemente con las herramientas mejores, no solo para participar en elecciones de manera informada, sino contribuir con nuestro buen juicio a ser merecedores de una sociedad más justa, con menos corrupción, dolor y miseria.
